Compartir

Por: Cecilio García Cruz

Jesús Te Ampare

Para Azorín, escritor español que cultivó todos los géneros literarios (1873-1967), la primera condición de un hombre de estado es la fortaleza. Ha de ser sano y fuerte para no decaer en momentos críticos.

Pero también debe tener la virtud de la eubolia. Esto es, en ser discreto de lengua, cauto, reservado. Solo decir, lo que conviene decir.

Si le instaren informadores y periodistas no tenga una negativa hosca o simplemente fría, correcta; sepa disimular y endulzar la negativa con una efusión, un gesto de bondad y cariño, una amable chanza.

Gana más, al cabo para la fama quien calla, quien no dice sino lo preciso, que quien deja que corran y se espacien sus profusas palabras.

Las palabras son como profecías, cuando permean adquieren un gran poder.

Hay hombres de estado que tienen la costumbre de emitir mensajes subliminales, sin considerar el efecto que sus palabras tendrán en sus interlocutores. A veces suelen ser hirientes y hasta despectivos. Incluso sus familiares se distancian de ellos.

Un claro ejemplo es el que manifiesta Arturo López Obrador, hermano de Andrés Manuel: “Dice que ya no tiene hermanos, ya se le olvidó que nosotros lo apoyamos cuando no tenía ni para la gasolina. Es mucho su egoísmo. Su filosofía es la del YOYO: yo primero, así es Andrés Manuel. No puede andar por el mundo echando culpas y diciendo es que hubo fraude, eso es lo que siempre dice; cuando le conviene se acomoda y cuando le conviene también se deslinda. Ha sido cuestionado por su actitud tirana, por su actitud egoísta; es un doble discurso. No es Dios para creer que tiene la verdad absoluta”.

Son políticos que tropiezan por no saber refrenar la lengua, porque sueltan lo primero que se les ocurre. La muerte y la vida están en poder de la lengua y el que la ama comerá de sus frutos. Proverbio 18:21.

 Un Jefe de Estado de pensamiento profundo no tiene derecho a irritarse, a confundirse ni a tomar decisiones livianas. Debe ser afectuoso, analítico y de mente clara.

Pero los servidores públicos de hoy no respetan estas recomendaciones. Hacen lo opuesto para aparentar quedar como víctimas.

Difundir declaraciones imprecisas, fuera de la realidad, constituye una irresponsabilidad que raya en el cinismo bárbaro.

Es el caso de Irma Eréndira Sandoval, titular de la Función Pública (encargada de combatir la corrupción), quien no transparentó sus propiedades inmobiliarias en su declaración patrimonial, hechos que el periodista Loret de Mola (con los pelos de la burra en la mano), exhibió en su espacio informativo.

Hoy es un escándalo más de corrupción de quien debe ser ejemplo de honorabilidad. Exonerarse así mismo, es una actitud de insensatez política.

Como atinadamente lo sentencia el prominente periodista Víctor Sánchez Baños: “la izquierda, desde la oposición exige honestidad y en el poder, es corrupta”.

Son otros tiempos; los de la Cuatroté. Esos que quieren perpetuarse en el poder. Esos que consideran que llegaron para quedarse. Esos que se sienten intocables; esos que tienen un diez por ciento de experiencia y un noventa por ciento de honestidad.

Si el presidente López Obrador quiere demostrar que es un Jefe de Estado con credibilidad y se disciplina para consolidar su proyecto político, debe poner orden en el “gallinero” para someter a sus “animalitos domésticos”  aprendices de políticas públicas.

ceciliogarciacruz@hotmail.com