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Por: Jorge Herrera Valenzuela

jherrerav@live.com.mx

Ráfaga

La vida diariamente nos arrolla con problemas de toda índole y el cúmulo de los mismos propicia un rezago que no deberíamos permitir.

Nos estamos distrayendo con la inviable rifa de un avión que ni siquiera es propiedad de México, cuando tenemos a niños y jóvenes que disponiendo de armas siguen causando tragedias.

Hace ocho días en este mismo espacio comenté el caso registrado en un colegio de la ciudad de Torreón, del cual no deseo repetir la reseña.

Recibí las opiniones de quienes visitan esta página digital, coincidiendo sus autores en la urgencia que hay para integrar un plan, un programa, una serie de acciones viables coordinando entre el gobierno –en sus tres niveles—y los padres de familia, éstos através de las sociedades que existen en los planteles oficiales y privados.

Por decreto presidencial en 1977 fue establecido el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia que todos conocemos como DIF y que entre sus funciones prioritarias está la de atender los problemas “de las niñas, los niños y los jóvenes”. No es solamente en materia asistencial médica, sino también cuanto a su formación dentro del hogar, otorgando la orientación necesaria a los padres para mantener los mejores vínculos familiares.

Me escribió don Gustavo Pineda Sepúlveda, avecindado en Torreón que “el niño no es un asesino, es víctima de la vida”. Quiero interpretar esa frase, en el sentido de que el pequeño que accionó dos pistolas dentro del plantel, mató a una profesora, hirió a un profesor y a varios niños, es producto de la desintegración de su familia. La madre falleció hace tiempo, el padre acaba de salir de prisión y los abuelos que “lo cuidaban” no llevaban una vida honesta, según las investigaciones oficiales dadas a conocer.

Es ahí, donde encaja la función de los DIFs, el estatal y el municipal y la participación de los padres de familia agrupados en el Colegio Cervantes. Tarea difícil y que debe realizarse con el consentimiento de ambas partes, ahí la participación de las trabajadoras sociales, de los psicólogos y de los psiquiatras, es fundamental para evitar más tragedias, para orientar a los padres, a las madres solteras e inclusive a los abuelos; recuérdese que también hay padres solteros.

Después del acontecimiento en tierras coahuilenses, la escritora Esther Vázquez Ramos nos dijo que en este mismo mes, en Tlaxcala, un estudiante apuñaló a su maestra de matemáticas, porque lo reprobó; en Chiapas hubo dos casos, uno de ellos una niña fue encontrada colgando y aparentemente fue suicidio; en Guanajuato un alumno jugaba con una pistola, se escapó el tiro e hirió a otro estudiante.

No creo necesario citar más casos, pero si insistir en que debe actuarse ya, como afirma el comentarista Eduardo Iturbide “hay que trabajar mucho con los especialistas en la materia” y el licenciado Rafael Septién que debe terminarse con “la triste realidad actual”.

El licenciado Francisco Labastida Ochoa, uno de los políticos políticos sobrevivientes, considera que la descomposición familiar es la causante de la conducta enferma de niños, como el de Torreón. El distinguido sinaloense se lo plantea como pregunta y coincidimos con él, como también el periodista colimense Roberto M. Guzmán Benítez, en que ese el punto crítico de todo este tipo de problemas. Por su parte el licenciado Rodolfo Silva Durán estima que deben ser retirados todos los puestos de frutas, dulces y helados ubicados junto a las puertas de las escuelas, pues ahí operan los narcomenudistas.

Es por ello que comento: María del Rocío García Pérez, actual directora nacional del DIF, tiene un reto natural y que está señalado en el decreto presidencial de 1977, el DIF “…es una institución al servicio de las niñas, los niños y los jóvenes…”.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿En Palacio Nacional se estará elaborando algún programa que resuelva los problemas intrafamiliares?