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 En las nubes

Carlos Ravelo Galindo, afirma: Su Santidad Juan Pablo II a los sacerdotes  les dijo en 1979  que ellos no son “dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios de un poder temporal”, sino “guías espirituales”.

Lo que actualmente, muchos, han olvidado.

Y, hoy, nuestro amigo el Papa Jesuita Francisco les recordó a los Nuncios  Pontificios, embajadores de la Santa Sede, reunidos en El Vaticano  algunas indicaciones:

“No criticar al Papa a sus espalda”.  “Evitar el lujo”. “No caer en cotilleos”, son ente otras advertencias lo que contiene el decálogo  que hizo entrega a  96 Nuncios Apostólicos. 5 observadores permanentes, representantes internacionales. Y a 46 jubilados.

Concretamente les pide realizar mejor su misión.

Veamos a que nos referimos.

Sucedió hace 40 años, 1979: la Iglesia estaba en campaña. Como ahora, de diversos matices, y que mejor que el colega José Antonio Aspiros Villagómez nos lo cuente a partir del 3 de enero de 2019.

Tres meses y diez días después de su ascenso al trono de San Pedro, Juan Pablo II realizó por tierras mexicanas su primer viaje al extranjero y, con él, inició una campaña internacional para disminuir la pérdida de influencia de la Iglesia Católica en el mundo.

A una década de la II Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), a la que había asistido Pablo VI en Medellín, Colombia, el nuevo Pontífice de origen polaco estaba dispuesto también a contrarrestar las tendencias progresistas de sus antecesores.

Fue Juan XXIII, el Papa bueno, hoy San Juan XXIII, quien favoreció una renovación de la Iglesia en ocasión del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-65), acontecimiento que, junto con la CELAM II, propició en América Latina el desarrollo de la “Teología de la liberación” o “Iglesia de los pobres”, entre cuyos principales exponentes figuraban los populares Obispos Helder Cámara, de Recife, Brasil, y Sergio Méndez Arceo, de Cuernavaca, México.

Por eso durante su estancia en México, del 26 al 31 de enero de 1979, Juan Pablo II, hoy San Juan Pablo Segundo,  se refirió insistentemente al tema.

A los sacerdotes les dijo que las conclusiones de la CELAM II “no siempre han sido interpretadas correctamente” y que ellos no son “dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios de un poder temporal”, sino “guías espirituales”.

A los Obispos del continente les recordó en Puebla, al inaugurar la CELAM III, que “la Iglesia no necesita recurrir a sistemas e ideologías para amar, defender y colaborar en la liberación del hombre”.

Y los previno contra “relecturas” del Evangelio que hicieran aparecer a Cristo “como un agente de cambio social comprometido políticamente… e incluso como implicado en la lucha de clases pregonada por el marxismo”.

El Santo Padre aclaró en México que “la Iglesia tiene un amor preferencial pero no exclusivo por los pobres” y “defiende de sí, el legítimo derecho a la propiedad privada, pero enseña con no menor claridad que sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social…”.

Este viaje pontificio a México tuvo lugar cuando eran impensables las relaciones con El Vaticano, a causa de la separación Iglesia-Estado desde las Leyes de Reforma promulgadas en el siglo XIX.

El entonces secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, declaró que la llegada de “tan ilustre visitante” no era motivo para replantear un cambio en la situación diplomática existente.

Sin embargo, nada impidió que el presidente José López Portillo y su esposa Carmen Romano, recibieran al Papa en el aeropuerto de la ciudad de México, en una ceremonia informal y con un breve intercambio de saludos.

Por la noche, ambos personajes se reunieron en la casa presidencial de Los Pinos, frente a un busto del Benemérito de las Américas, Benito Juárez.

Millones de mexicanos llenaron calles, plazas, atrios, estadios, carreteras y caminos de las ciudades y poblaciones que visitó el Pontífice en el Distrito Federal y los Estados de Puebla, Oaxaca, Jalisco y Nuevo León, en tanto los partidos políticos dividieron opiniones sobre un acontecimiento que, varias semanas atrás, nadie imaginaba que habría de suceder.

“El Papa obrero”, el Papa que escuchó incansablemente la canción Amigo de Roberto Carlos, quedó ampliamente satisfecho de los resultados. Y apenas estaba sembrando.

México, Siempre Fiel, su frase.

También en 1979.

En la lista de quienes dieron la nota luctuosa, figuraron el cardiólogo y ex rector de la UNAM Ignacio Chávez, el “filósofo del 68” Herbert Marcuse, el político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre y el ex presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz.

craveloygalindo@gmail.com