Andrés Manuel: “Honestidad” de la calle, corrupción en la casa

Nico Mollinedo recibió 5 tarjetas American Express del mismo empresario que benefició a José Ramón López Beltrán, hijo mayor de AMLO.

El pasado lunes 7 de mayo, PejeLeaks.org reveló que el empresario Mauricio Soto Caballero otorgó una tarjeta American Express adicional a José Ramón López Beltrán, hijo mayor de Andrés Manuel López Obrador, a cambio de una concesión millonaria, para colocar publicidad en autobuses de la Red de Transporte de Pasajeros durante la gestión de López Obrador al frente del GDF. Sin embargo, ese era solo el inicio de un intercambio de favores entre Soto Caballero y Andrés Manuel López Obrador.

En esta segunda parte, PejeLeaks documenta que Nicolás Mollinedo, el famoso ex chofer de Andrés Manuel, recibió cinco tarjetas American Express para sus gastos personales. PejeLeaks tuvo acceso a estados de cuenta de una de las tarjetas proporcionadas a Nico. En ellos, se puede constatar que, entre marzo de 2007 y diciembre de 2008, Nico Mollinedo gastó más de 700 mil pesos a cuenta del contratista del gobierno de López Obrador. Entre las compras de Mollinedo hay gastos en tiendas como Mont Blanc, Lladro, Palacio de Hierro, Nike y Rolex; restaurantes como Puerto Madero, Hooters y Angus Bar; y centros nocturnos en Cancún como Coco Bongo, Nectar Bar y Daddy’O.

 
“¿Para qué necesitaba Nico cinco tarjetas American Express? ¿Por qué el ex contratista del gobierno de López Obrador incluye dentro de sus tarjetas adicionales al hijo de AMLO y a su coordinador de logística?”

El Jefe de Gobierno de unos cuantos

El 5 de diciembre del año 2000, Andrés Manuel López Obrador subió a la tribuna de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para tomar protesta como jefe de gobierno de la capital del país. En ese momento, López Obrador era un personaje secundario de la política mexicana, pero quería comenzar a posicionarse como un político relevante. Por eso, en su toma de protesta lanzó un discurso con el cual diferenciarse y llamar la atención.

Según él, el Distrito Federal había vivido una edad oscura que estaba a punto de terminar, pues su gobierno sería un gobierno de esperanza. El pueblo sería su juez; sus modelos serían José María Morelos, Benito Juárez y Lázaro Cárdenas; los ricos dejarían de recibir privilegios y los pobres dejarían de ser olvidados. “No aceptamos el truco de llamar populismo a lo poco que se destina a los pobres y calificar de rescate o fomento a lo mucho que se entrega a los privilegiados”, dijo López Obrador al asumir su cargo, desatando una lluvia de aplausos.

Pero el López Obrador de los hechos, no del discurso, estuvo lejos de parecerse a Morelos, Juárez y Cárdenas. El Centro Histórico le fue entregado al mexicano más privilegiado de todos, Carlos Slim; varios funcionarios de su gobierno cometieron actos de corrupción y hasta hoy siguen libres; y, como descubrió PejeLeaks a través de una nueva investigación, al amparo de López Obrador creció un pequeño grupo de privilegiados que se enriquecieron traficando influencias, sobornando y amañando contratos públicos. Para que este grupo existiera solo fue necesario hacer un truco de magia política: confundir al pueblo con la familia y los amigos, y trabajar para beneficiarlos. López Obrador se preocupó por un “pueblo” de apellidos Mollinedo, López y Soto.

En el reportaje anterior, PejeLeaks documentó la manera en que el hijo mayor de López Obrador, José Ramón López Beltrán, se benefició económicamente de un contrato de aproximadamente $140 millones de pesos que el gobierno del Distrito Federal le dio a Arte y Creatividad Digital. A finales de 2002, esta empresa recibió una concesión del gobierno de López Obrador para colocar material publicitario en los autobuses de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) a cambio de que el presidente de la compañía, Mauricio Soto Caballero, le pagara a José Ramón López Beltrán sus gastos personales.

Esos pagos se hicieron por medio de una tarjeta de crédito “adicional”. Las tarjetas adicionales son extensiones de un crédito bancario. El usuario de una tarjeta de crédito le pide al banco que le dé varias tarjetas extra, las cuales puede repartir entre sus familiares y empleados. Al final, el usuario original paga los gastos de todas las tarjetas. Eso fue lo que sucedió entre Mauricio Soto y José Ramón López Beltrán. El empresario tenía una tarjeta American Express con número 3766 6967560 5008; después de que Arte y Creatividad Digital recibió el contrato del gobierno del Distrito Federal, Mauricio Soto le pidió a American Express otra tarjeta, cuyo número era el 3766 6967560 1056, y se la entregó a José Ramón López para que se comprara lo que quisiera.

El hijo de López Obrador hizo gastos totalmente personales y se fue de vacaciones a varios destinos turísticos lujosos del mundo. El dinero que cubrió esos lujos no salió del bolsillo de Mauricio Soto, sino del bolsillo del contribuyente, ya que los viajes del hijo de López Obrador se pagaron con dinero del contrato concedido a Arte y Creatividad Digital. José Ramón López Beltrán usó su tarjeta hasta julio de 2005, el mismo mes en que Andrés Manuel López Obrador renunció al cargo de jefe de gobierno del Distrito Federal para postularse como candidato a la presidencia de la República.

Sin embargo, esto fue solo la punta del iceberg. Como se demostrará a continuación, al interior del gobierno del Distrito Federal existía un grupo que se daba una vida de lujos y despilfarro a costa de la RTP y de sus millones de usuarios, quienes padecían los problemas habituales del transporte público mientras los allegados de López Obrador cenaban en restaurantes de lujo y se compraban ropa y accesorios de las marcas más exclusivas. Todo esto sucedió ante los ojos de Andrés Manuel López Obrador, quien no solo no impidió ni castigó estos actos, sino que recompensó a los responsables con cargos en las campañas presidenciales de 2006 y 2012.

Una obra de corrupción en tres actos

El actor principal de esta historia de corrupción es nuevamente Nicolás Mollinedo Bastar “Nico”, el famoso chofer de López Obrador. La empresa Arte y Creatividad Digital recibió el contrato directamente del primo hermano de Nico, Rafael Marín Mollinedo; luego, Mauricio Soto, el director de la empresa, le dio cientos de miles de pesos a Nico a través de tarjetas American Express para que se permitiera los lujos que quisiera; mientras Arte y Creatividad Digital colocaba anuncios en los autobuses de pasajeros, Nico y Mauricio Soto Caballero fundaron una compañía de transporte cuyas inconsistencias permiten suponer que fue creada para extraer dinero de la RTP; finalmente, el “bienestar” se derramó hasta los bolsillos del hijo mayor de López Obrador, José Ramón López Beltrán, quien, como se ha dicho, recibió su propia tarjeta American Express, y Andrés Manuel aplaudió todos estos actos de “honestidad valiente” incorporando a Nico y Mauricio Soto Caballero en sus equipos de campaña de 2006 y 2012.

Antes de revisar a detalle esta historia, es necesario recordar quién es Nico y quiénes son los Mollinedo. Nico era el coordinador de la Unidad de Apoyo Logístico de la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Entre sus tareas estaban mantener al día la agenda de López Obrador, organizarle eventos, cuidar sus conferencias de prensa y, sobre todo, transportarlo. Más que un funcionario, Nico era, en sus propias palabras, el “acompañante”, el “hombre de confianza” de Andrés Manuel López Obrador, un chofer especial, y lo era porque a los Mollinedo y a los López los unía una vieja amistad.

En los años 70, López Obrador fue delegado del Instituto Nacional Indigenista en La Chontalpa, Tabasco, estado natal tanto de Andrés Manuel como de los Mollinedo. Durante esa etapa, el hoy candidato presidencial de MORENA conoció a Nicolás Mollinedo Aguilar y a Evangelina Bastar Casanova, padres de Nico. Así pues, para el año 2000, cuando comenzó su gestión al frente del gobierno del Distrito Federal, López Obrador y la familia Mollinedo tenían casi 30 años de conocerse.

Gracias a esta relación, Nico pasó de ser un funcionario de nivel medio en gobiernos locales (hasta los noventa, trabajó como funcionario en instituciones públicas de poca relevancia) a estar cerca de uno de los políticos más influyentes de México. Pero más que la política, lo que a Nico le interesaba eran los negocios. Con la protección y apoyo de López Obrador, Nico se volvió extraordinariamente rico pese a tener un modesto sueldo de funcionario público. Se compró casas y autos millonarios, fundó empresas, envió a sus hijos a estudiar a colegios de élite en Estados Unidos y les pagó viajes por todo el mundo. Estas pruebas de la corrupción de Nico y de López Obrador fueron documentadas por PejeLeaks en un reportaje publicado en abril.

El caso de la publicidad en los autobuses de la RTP es un nuevo capítulo en el amplio historial de corrupción de Nicolás Mollinedo, aunque uno más importante por involucrar directamente a Andrés Manuel López Obrador y a su hijo, José Ramón. Al comenzar su gobierno en el Distrito Federal, López Obrador nombró a Rafael Marín Mollinedo, primo hermano de Nico, director de la RTP. El solo nombramiento de Marín puede ser considerado una irregularidad, pues este personaje llegó a ocupar su cargo no por méritos profesionales sino simplemente porque su familia era amiga de López Obrador.

Así pues, el primer acto de esta historia es un contrato envuelto en la opacidad. Al comenzar su gobierno, López Obrador nombró director de la RTP a un hombre cuyo único mérito era ser primo de Nico, el chofer de López Obrador; poco tiempo después, a finales de 2002, ese hombre, Rafael Marín Mollinedo, le da un contrato a Arte y Creatividad Digital, empresa dirigida por el empresario Mauricio Soto Caballero, como se dijo anteriormente.

Segundo acto: a cambio de ese contrato, Mauricio Soto Caballero le da una tarjeta American Express a José Ramón López Beltrán para cubrir todos sus gastos, prueba de que López Obrador tuvo que ver con este esquema de “moches” y tráfico de influencias. Pero también le dio cinco tarjetas a Nico, lo que equivalía a darle un cheque en blanco, pues las tarjetas American Expess no tienen límite de crédito. La familia siempre se ayuda: Rafael Marín Mollinedo da contratos para que su primo -que probablemente haya sido el responsable de que López Obrador lo incluyera en su gabinete- se enriquezca.

En efecto, según documentos compartidos a PejeLeaks por un exempleado de Mauricio Soto Caballero, entre junio de 2003 y noviembre de 2008, Nicolás Mollinedo recibió del empresario cinco tarjetas adicionales American Express. Estas tarjetas tenían los números 376669675601049, 376663954031028, 376663954032026, 376663954033024 y 376663954034022. Llama especialmente la atención la primera de ellas, con terminación 1049. Esta tarjeta le fue entregada a Nico en junio de 2003 y fue utilizada hasta julio de 2005. Es decir, su periodo de actividad es idéntico al de la tarjeta de José Ramón López Beltrán. Ambas fueron entregadas unos meses después de que Arte y Creatividad Digital recibiera su contrato y canceladas cuando López Obrador se postuló por primera vez a la presidencia.

Con sus tarjetas, Nico se dio una vida de lujos, lo que quizá Andrés Manuel López Obrador entendiera como un progreso, pues alguien del “pueblo” al fin era millonario, aunque fuera a base de corrupción. De acuerdo con estados de cuenta en poder de PejeLeaks, entre marzo de 2007 y diciembre de 2008, Nico gastó más de 700 mil pesos en tiendas a las que muy pocos mexicanos tienen acceso: Mont Blanc, fabricante de plumas, joyería y relojes exclusivos; Lladró, productora española de figuras de cristal y porcelana finos; Palacio de Hierro, una de las tiendas departamentales más lujosas de México; Rolex, la empresa suiza que elabora los relojes más costosos, y Nike, el líder mundial en ropa y calzado deportivos.

Nico no solo se compró objetos para presumir, sino que también se pagó experiencias exclusivas. En los estados de cuenta hay registro de que Nico frecuentaba los restaurantes Puerto Madero, Hooters y Angus Bar y de que disfrutaba de una costosa vida nocturna en el Coco Bongo, el Néctar Bar y el Daddy’O de Cancún.

Nada de esto parece ejemplificar la “austeridad republicana” que tanto promete Andrés Manuel López Obrador, y definitivamente no tiene nada que ver con la honradez que distinguió a Benito Juárez y su gobierno liberal, pues los “republicanos” lujos de Nico fueron pagados con dinero público proveniente de contratos concedidos por el gobierno del Distrito Federal.

 

Pero Nico no se contentaba con tan “poco”. Su ambición desmedida es el tercer acto de esta historia. De acuerdo con el folio mercantil 310093, en junio de 2003, es decir, el mismo mes que él y José Ramón López Beltrán recibieron sus tarjetas American Express, Nico, Mauricio Soto Caballero y César Antonio Rafael Vera Sánchez crearon la empresa Transportes México Sureste, la cual llama de inmediato la atención porque hay indicios que pudo haber sido creada para amañar contratos de la RTP.

Los elementos principales para suponer malos manejos son Antonio Vera y el objeto social de la empresa. Antonio Vera fue hasta 2012 funcionario de la RTP. Por otro lado, como puede leerse en el folio mencionado, Transportes México Sureste fue creada con el único fin de explotar rutas de transporte público del Distrito Federal. Así pues, una empresa que pretendía explotar las rutas de autobuses fue creada por el primo del director de esas rutas, por un empresario que ya tenía contratos con esas rutas y por un funcionario que trabajaba en la administración de las mismas.

Un elemento adicional es el domicilio fiscal de la empresa. Según el portal de Trámites y Servicios del Servicio de Administración Tributaria, la sede de Transportes México Sureste se localiza en la calle Avenida 559, en la segunda de sección de San Juan de Aragón, Ciudad de México. Sin embargo, este lugar es una casa como cualquier otra dentro de un barrio popular. PejeLeaks acudió al domicilio y entrevistó a vecinos, quienes aseguraron que la casa nunca ha sido la sede de ninguna empresa y que quien vive en ella es una familia que no tiene ninguna relación con Nico, Mauricio Soto ni Antonio Vera.

Han pasado casi 15 años desde la creación de Transportes México Sureste, pero los entrevistados afirmaron que la casa ya existía y que de entonces a la fecha lo único que ha cambiado es la planta alta, pues en 2003 estaba en obra negra y con el tiempo se le han hecho diferentes arreglos. Actualmente, esa planta está casi concluida y tiene los muros pintados. Lo único que le falta es la cancelería. Dado su estado, los dueños de la casa utilizan la planta alta como tendedero.

En otras palabras, es posible que, en los hechos, Transportes México Sureste ni siquiera existiera, y que fuera una simple fachada creada por Nico y sus socios para fines hasta el momento desconocidos. PejeLeaks no encontró documentos que indiquen que Transportes México Sureste haya obtenido contratos públicos, pero esa posibilidad no puede descartarse, ya que el gobierno de López Obrador en el Distrito Federal se distinguió por su falta de transparencia. Como se dijo en el reportaje anterior, la prensa informó de un contrato de $140 millones de pesos entre Arte y Creatividad Digital y el gobierno del Distrito Federal, pero no hay ningún documento que avale la celebración oficial de ese contrato, a pesar de que se ha solicitado información a varias dependencias públicas de la capital.

El gran truco

Andrés Manuel López Obrador no puede decir que ignoraba estas corruptelas, pues como se dijo y se demostró, su hijo, José Ramón López Beltrán, también fue parte de ellas. La tarjeta American Express que Mauricio Soto le dio a José Ramón es la prueba de que el tráfico de influencias, los “moches” y los contratos amañados en la RTP contaban con la aprobación y conocimiento de López Obrador.

Sin embargo, los responsables de estas irregularidades no recibieron castigos, sino recompensas. Nico fue el coordinador de logística de López Obrador en las campañas presidenciales de 2006 y 2012, y encargado de la logística de la oficina del tabasqueño mientras no había contiendas electorales. En 2015, Nico se unió a la campaña de Ricardo Monreal, uno de los principales colaboradores de López Obrador, a jefe delegacional de Cuauhtémoc en la Ciudad de México, y después fue nombrado director de Recolección y Tratamiento de Residuos de la delegación por el mismo Monreal.

Por su parte, Mauricio Soto fue nombrado secretario particular de López Obrador en la campaña presidencial de 2006, donde interactuó con Marcelo Ebrard, otro de los hombres de confianza de López Obrador. Ebrard fue electo el nuevo jefe de gobierno del Distrito Federal y en cuanto asumió su cargo, Mauricio Soto volvió a recibir contratos millonarios de la RTP, esta vez con la compañía Apoyo Logístico de Empresas, que también dirigía.

MORENA dio cobijo a la familia y a los amigos de la familia. Aunque su padre lo niegue, José Ramón López Beltrán es una de las personas más poderosas dentro de MORENA. Sus corruptelas no bastaron para que López Obrador lo castigara; por el contrario, lo nombró coordinador de MORENA en el Estado de México, donde José Ramón tuvo funciones de gran relevancia en la campaña en la que Delfina Gómez contendió con Alfredo del Mazo.

Rafael Marín, el primo de Nico, quien, como se dijo, dirigía la RTP en el gobierno de López Obrador y fue quien le concedió directamente el contrato a Arte y Creatividad Digital, también es un personaje corrupto. En 2005 tuvo que abandonar el gobierno capitalino bajo acusaciones de haber desviado dinero hacia el municipio de Macuspana, Tabasco, en ese entonces gobernado por uno de los hermanos de Andrés Manuel, José Ramiro López Obrador. Sin embargo, o quizá gracias a eso, Andrés Manuel mantiene a Rafael Marín en un lugar privilegiado, pues actualmente es presidente del Comité Ejecutivo Estatal de MORENA en Quintana Roo.

López Obrador nunca se olvidó del pueblo ni se dejó engañar por el truco que califica de populista cualquier ayuda a los pobres. No lo iba a hacer jamás, porque el “pueblo” eran su hijo y sus amigos. Ellos sin duda pueden decir que López Obrador trabaja para los “desfavorecidos”, pues se volvieron ricos, un club de nuevos privilegiados. El truco de López Obrador fue mucho más creativo y eficiente.

El candidato de la corrupción

El episodio de corrupción protagonizado por Nico, Mauricio Soto y José Ramón López Beltrán no fue el único. En Cancún, Quintana Roo, Rafael Marín, el primo de Nico, recibió a través de la empresa Tabana Banana varios contratos millonarios del presidente municipal, Gregorio “Greg” Sánchez, para abastecer de alimentos al penal de Cancún. Estos contratos, que le daban ganancias a Rafael Marín por cerca de 17 millones de pesos anuales, fueron posibles gracias a simulaciones, nepotismo y licitaciones amañadas. Greg Sánchez era un político muy cercano a Andrés Manuel López Obrador y en cuanto ganó la presidencia municipal de Cancún incorporó a familiares de Nico a su gabinete, algo muy similar a lo que hizo López Obrador en el Distrito Federal.

Por si fuera poco, López Obrador intentó ocultar una de sus propiedades (un departamento en el sur de la Ciudad de México) a través de Tabana Banana, como puede corroborarse en el folio real 274718 y como PejeLeaks documentó en uno de sus reportajes. Este dato viene a reforzar aún más la relación de López Obrador con el caso de las tarjetas American Express de su hijo mayor y de Nico, pues, según se dijo, Tabana Banana es una empresa de Rafael Marín, a quien Andrés Manuel puso al frente de la RTP.

Finalmente, López Obrador también pidió otro moche para su hijo a cambio de publicidad. PejeLeaks demostró que José Ramón López Beltrán vive en una casa que es propiedad de Guillermina Álvarez, socia de Carmen Lira, propietaria de La Jornada y directiva del mismo periódico. Por si fuera poco, se documentó que La Jornada, que acostumbra publicar editoriales y coberturas muy favorables al hoy candidato presidencial de MORENA, fue el diario que más recursos recibió del gobierno de López Obrador en el Distrito Federal por medio de contratación de publicidad.

Estos casos son pruebas de un mismo hecho: López Obrador es tan corrupto como cualquier político. Fomenta y tolera la corrupción, y si le beneficia a él o a su hijo, incluso la recompensa. Millones de mexicanos están creyendo su discurso de honestidad, pues la retórica es lo único en lo que López Obrador destaca. Sin embargo, ante estas pruebas, es necesario que los mexicanos reflexionen y se den cuenta de que los hechos y no los discursos son los que hablan en contra del candidato de MORENA. Si el nepotismo, el tráfico de influencias, los sobornos y la concesión irregular de contratos públicos eran una constante en su gobierno en el Distrito Federal y en su círculo de amigos y colaboradores, no hay nada que haga pensar que no sucederá lo mismo si López Obrador gana la elección de 2018.