El derecho de opinar

Jorge Suárez-Vélez

Me sorprende el poco respeto en México para quien emprende. Hay empatía hacia el pequeño emprendedor, pero se asume que todo gran empresario llegó a serlo gracias a contratos públicos, abuso, explotación o compadrazgo. Detrás de toda gran empresa hay un pequeño emprendedor que logró éxito. Por cada uno que logra posicionar un producto o servicio en el mercado, cientos fracasan y asumen un costo de oportunidad, perdiendo tiempo y dinero. En forma injusta y absurda, en vez de ver a las empresas como lo que son, entidades que generan riqueza y empleo, las ven como entes que explotan al trabajador, desde una óptica de plusvalía marxista tan miope como obsoleta.

En México no impera la ley, las reglas no son claras y la ley no se aplica parejo. Eso obscurece toda actividad privada o pública, y la empresarial no está exenta. En México, ser empresario no sólo exige sobreponerse a competidores, disrupción tecnológica y mercados inciertos (hoy más que nunca), cualquiera que haya emprendido ha sufrido en carne propia un ambiente hostil donde el comercio ambulante tiene más derechos que el formal y se está expuesto a inseguridad de todo tipo, desde personal hasta robos en trenes o carreteras. Los pequeños empresarios sufren pagos de piso, abuso de inspectores o secuestros; los grandes desde la extorsión de sindicatos hasta el uso del SAT para apretar a quien se quiere.

¿Se han enriquecido empresarios abusando o por cercanía con el gobierno? Sin duda. Pero son muchas más las empresas honestas, patriotas y comprometidas, además hay una nueva generación de empresarios particularmente comprometidos con forjar Estado de derecho, con fortalecer a la sociedad civil y con una filantropía seria y eficiente.

Si uno aprendiera sobre la situación económica de México en este sexenio en redes sociales, pensaría que ocurre una hecatombe. A pesar de la inversión pública más baja en 80 años y de que Pemex nos ha restado entre uno y dos puntos de crecimiento anual, hemos logrado crecer todos los años; a pesar de Trump, de la caída en los precios del petróleo y de la de nuestra producción petrolera. La estabilidad se debe a empresarios que arriesgan su capital en México. Recordemos que una economía como la italiana, que vive un terremoto político, no ha logrado regresar al tamaño que tuvo antes de la crisis de 2008, España presenta desempleo brutal, la economía griega es sustancialmente más pequeña. ¿La deuda pública de México ha crecido 13% del PIB este sexenio? La china 115% en una década.

Alarma la condena, o censura, a empresarios que expresan su opinión sobre la elección que viene. Asesores de Morena acusaron que "inducen" el voto y asumen una actitud "paternalista" y de "tutelaje". Qué curioso que los amlistas digan que invitar a que se piense el voto equivale a pedir que no se vote por Morena (algo sabrán). Más que eso, es responsable decir que bajaría la inversión privada si AMLO en el gobierno cumpliera lo que promete: aumentar gasto (e incluso el déficit primario), echar atrás reformas, promover sustitución de importaciones y autosuficiencia alimentaria, ya sin hablar de la divisiva y racista narrativa que ha adoptado contra los empresarios, "pirrurris", "fifís" y "puxhos". Los trabajadores tienen derecho de votar por quien les venga en gana y ningún empresario ha amenazado o tomado medidas coercitivas, como sí lo hacen sindicatos y organizaciones populares.

México ha crecido gracias a las empresas privadas. Si queremos crecer más, necesitamos más empresas. Ofrezcámosles respeto y certidumbre. La formalidad genera crecimiento y mejores sueldos. Morena propone más informalidad, más pensiones y premio a jóvenes que no estudian ni trabajan.

Manifiesto mi respeto a esos empresarios que trabajan diario para que sus empresas crezcan, que arriesgan y luchan por generar las utilidades que les permiten recompensar justamente a accionistas y empleados, e invertir en su futuro. Se han ganado a pulso el derecho a opinar sobre un país que, en buena medida, han construido.