El poema existe en un tiempo siempre presente: Artemisa Téllez

Autora de libros como Casa sin fin. Bullicio de la memoria (Verso Destierro, 2018), Cangrejo (Voces en Tinta, 2017) y Cuerpo de mi soledad (Aquelarre, 2010), Artemisa Téllez es una poeta que nació en la Ciudad de México en 1979, y cuyo trabajo de escritura ha sido constante durante la última década. Maestra en Letras Mexicanas por la UNAM, en la poesía de Artemisa hay un choque de metáforas contrastantes cuyo resultado es impredecible. Platicamos con ella sobre su más reciente libro, Larga herida (et.al, 2018).

—Noto en Larga herida un ir y venir entre la reflexión intimista y el pensamiento sobre las multitudes. ¿Cómo realizas este trayecto y por qué?

—Larga herida es principalmente un poemario acerca de los estragos que el tiempo provoca en las personas, las cosas y las relaciones; pero también en la cultura y en la sociedad. No busca describir la experiencia, sino las sensaciones que nos provoca el aislamiento conjunto que es la sociedad de los medios, la fatal incomunicación en la era de las telecomunicaciones. 

—En tu poemario, las metáforas del silencio o la nada contrastan con aquéllas sobre la estridencia del ruido, ¿pensaste así este choque violento de metáforas?

Sí, fue algo intencionado, sobre todo en los poemas que pertenecen al apartado que titulé “Frío”. Al ser poemas de ruptura, desencuentro y desamor son, por así decirlo, una especie de criaturas extremó filas que sobreviven a todo lo más brutal, pero no pueden con lo simple, lo cotidiano. 

Al escribir estos poemas, ¿cómo piensas el tiempo?, ¿son recuerdos en pasado o es el presente constante, la actualidad?

El poema existe en un tiempo siempre presente que, en muchos casos, forma parte de la historia del autor. Larga herida me pone de frente con situaciones dolorosas de mi vida, pero sobre todo con la recursividad del dolor y del tiempo en sí.

Sobre el ritmo de los poemas, ¿cómo construiste este ritmo que suena a vaivén?, ¿en qué pensabas o en qué o quién te inspiraste?

Tres de mis más recientes poemarios son producto de varias técnicas de escritura automática. Una de ellas es hacerlo mientras se escucha música o poesía a un volumen muy alto, el resultado es sorprendente porque en muchos casos el contenido del texto es desconocido hasta para mí misma. Generalmente el producto no es “limpio”, hay que trabajar mucho sobre él para obtener el poema, pero la musicalidad, que es la base, ya existe. 

—¿Qué diferencia este libro (además de lo digital) de tus poemarios anteriores?

¡Todo! Creo que lo difícil sería encontrar la similitud de este libro con los que había publicado anteriormente. De 2012 a 2016 estuve trabajando en mi técnica, leyendo y escuchando muchísima poesía, experimentando con métodos nuevos, intercambiando textos con colegas de Argentina, Colombia, Costa Rica y el resultado fueron cuatro libros: Cangrejo (2017), Larga herida (2018), Mujeres de Cromagnon (aún sin fecha de publicación) y Casa sin fin, que está por presentarse en estos días. Quiero creer que estos nuevos libros reflejan otro momento y grado de madurez de mi trabajo poético.

—¿Qué es la poesía para ti?, y, ¿qué lees de la poesía actual?

La poesía es mi rezo y mi grito de guerra, mi arrullo y mi beso de los buenos días; la única forma efectiva que tengo para comunicar lo que siento y pienso como ser humano. El llanto perpetuo de la niña de tres años que vive dentro de mí. Sin la poesía -la mía y de lxs demás poetas- yo existiría, pero no soportaría vivir.

Leo poesía de todas las épocas, pero mis favoritas vivas son:  Maricruz Patiño, Rafeef Ziadah, Rosina Conde, Bell Hooks, Anne Waldman, Carmen Julia Holguín, Sara Uribe, Karla Sterloff, Cristina Peri Rossi, Bárbara Oaxaca, Adriana Tafoya, Arminé Arjona, Gloria María Bustamante, Pati Smith, Rita Dove. ¡Hay tantas tan maravillosas!

AGENCIAS, CANDELERO, 08-07-18.