oh-i-Noor, el diamante que todos reclaman a la reina Isabel II

El diamante Koh-i-Noor o Montaña de Luz, parte de las joyas de la corona británica, es uno de los más célebres de la historia y no es de extrañar que varios países asiáticos y hasta los mismísimos talibanes reclamen la piedra a la reina Isabel II.

En su reciente libro Koh-i-Noor, escrito junto a la periodista india Anita Anand, el historiador escocés William Dalrymple tumba muchas partes de la vida asumida de este emblemático diamante, al tiempo que revelas otras hasta ahora desconocidas.

El Koh-i-noor fue entregado a los británicos en suelo de lo que es hoy Pakistán.

Pero, ¿cómo hizo todos estos descubrimientos?. "Por accidente", confesó el historiador.

"Creo que fue la mañana más exitosa de toda mi carrera. Volví a la hora de comer con una pila de fuentes persas, entre ellas un montón de capítulos sobre el Koh-i-Noor, que nadie conocía", relató Dalrymple.

La historia asumida dice que la Montaña de la Luz fue encontrada en una mina de la India y guardada en un templo del sur del país.

Más adelante fue, se dice, robado por una dinastía y entregado cíclicamente a la siguiente hasta que el gobernante iraní Nader Shah se lo quitó, en 1739, al emperador mogol Muhammad Shah con un disimulado intercambio de turbantes.

Uno de los mayores diamantes pulidos del mundo, la Montaña de la Luz, no tiene pinta, sin embargo, de ir a regresar nunca a la India a pesar de las peticiones que se suceden desde hace décadas.

Durante una visita a la India en 2010, el entonces primer ministro británico, David Cameron, afirmó que el Koh-i-Noor no se iba a mover de Londres.

Si lo devolviesen, afirmó aquel año, llegarían reclamaciones de otros países y "el Museo Británico se vaciaría".

Esta es precisamente la carta que jugó el letrado Jawaid Iqbal Jafree, quien el año pasado recurrió a los tribunales tras enviar casi 800 cartas a Isabel II en los últimos 50 años.

Una joya que, además de Pakistán y la India, reclamaron hasta los talibanes durante el régimen insurgente entre 1996-2001, en una petición que, muy probablemente, gustó a Isabel II todavía menos que las anteriores.

AGENCIAS, CANDELERO, 26-09-17.