Matanza y Guerra sucia

Por: Sócrates A. Campos Lemus

Que conste…son reflexiones…!

Durante años hemos comentado de que la CIA y los esbirros de la  incrustados en la Presidencia, el Estado Mayor Presidencial, la secretaría de Gobernación, El Departamento del Distrito Federal y especialmente grupos de “intelectuales” que construyeron las historias para deformar y ocultar a los verdaderos responsables de la matanza el dos de octubre de 1968, mantenían ligas con algunos grupos que ya estaban anteriormente negociando en lo “oscurito” con Alfonso Corona del Rosal y con Luis Echeverría, ambos instrumentos importes en el manejo y origen del movimiento del 68, que estalla ante las provocaciones generadas por los grupos operados desde el Departamento del Distrito Federal y por medio de grupos de jóvenes policías que aparentaban ser estudiantes y a los que se les entrenaba para esos actos y se les pagaba bien por esas acciones dentro de una estrategia generada en la Guerra Fría, para provocar movimientos y guerras preventivas que sirvieran para justificar las represiones a los grupos sociales y a los dirigentes políticos que no coincidían con los planes norteamericanos ni los nacionales en la gran represión que posteriormente vivimos después de la matanza, celada y traición del 2 de Octubre de 1968, dentro del esquema de la “sucesión presidencial adelantada” que incluyó el intento de “golpe militar, ofrecido por el embajador norteamericano al Secretario de la Defensa Nacional”, así, ahora, queremos comentar en  el armado del rompecabezas, el libro de Jacinto Rodríguez Munguía “La conspiración del 68. Los intelectuales y poder. Así se fraguó la matanza”.

Jacinto, ha” sido profesor visitante en la Universidad de Texas en Austin y en la Universidad de Harvard. Actualmente coordina la cátedra Miguel Ángel Granados Chapa de la UAM Cuajimalpa”, Además de lograr desenterrar documentos importantes que muestran sus dicho y coinciden con lo que hemos comentado desde hace cincuenta años y que generaron de parte de algunos involucrados las acciones para denostarme y pretender “asesinarme civilmente”, hay que indagar sobre los escritos realizados por el filósofo, Emilio Uranga quién es el verdadero inspirador y tejedor de este asunto, con las notas aparecidas en el Diario La Prensa, en la columna, Granero Político que firmaba bajo el seudónimo de Sembrador y, seguramente, también, hacer las comparaciones de aquel famoso libro publicado y repartido gratuitamente antes del final del movimiento, “El Móndrigo” y otros que se publicaron posteriormente para distraer la atención y ocultar a los verdaderos responsables de la traición, celada y matanza del dos de Octubre de 1968.

Así, Jacinto Rodríguez Munguía, escribe: “En mi libro La conspiración del 68. Los intelectuales y el poder: así se fraguó la matanza”, explico cómo y por qué el movimiento estudiantil terminó en una masacre. El comienzo no fue casual ni el desenlace, imprevisto: fueron parte de un plan en el que coincidieron los intereses de Echeverría, del filósofo Uranga y del Comandante Jesús Castañeda Gutiérrez, miembro del Estado Mayor Presidencial. Ellos condujeron la historia y le dieron forma a su ejecución” y relata que encontró una carta de Mario Moya Palencia donde le explica  a Echeverría que ya está operando “El Proyecto de Granero Político” y, explica después: “El domingo 21 de julio de 1968, un día antes de la pelea callejera con la que se inicia el movimiento estudiantil, se comenzó a publicar en el periódico La Prensa una columna “El Granero Político”. La Prensa era un diario de gran popularidad en México; en 1968 vendía 185,000 ejemplares y cada uno era leído por al menos cuatro personas”.

Cuenta: “La columna consistía en ensayos escritos a partir de datos que provenían de aparatos de espionaje, como la Dirección Federal de Seguridad y los archivos de la Secretaría de Gobernación. En mano de Uranga, esta información se convertía en arma de propaganda política”.

Posteriormente dice: “Mientras las balas caían sobre los estudiantes en Tlatelolco, apostado desde una esquina de la plaza de las Tres Culturas, Uranga verificaba el fin del movimiento estudiantil. Pero no fue el único que estuvo ahí el 2 de octubre. El filósofo coincidió en la plaza con el comandante Jesús Castañeda Gutiérrez, dos años después nombrado jefe del EMP por Echeverría…Que estuvo comandando una unidad de doscientos miembros del EMP”.

“Sofocar el movimiento estudiantil de 1968 resultó ser un ensayo de lo que en los años siguientes, ya en el poder, fue la gran obra de la represión de Echeverría: la llamada Guerra Sucia contra guerrilleros internos. Aunque durante el sexenio de Echeverría México fue un refugio para los exilados sudamericanos que huían de las dictaduras militares, en nuestro país desaparecieron más de quinientas personas, de acuerdo a la Comisión Nacional de Derecho Humano”…. Y de acuerdo a los planes de control de los norteamericanos generaron una zona libre con México para que no se dieran movimientos “comunistas”, y hay mucho más. Por eso, esperen la aparición del nuevo libro escrito con José García Sánchez: “1968. LAS VOCES DEL SILENCIO POLITÉCNICO” .