Narco y violencia en el Istmo

Por: Sócrates A. Campos Lemus

Que conste…son reflexiones…!

(Nuestro más sentido pésame a la compañera Soledad Jarquín Edgar por la muerte de su hija, María Soledad Cruz Jarquín, asesinada en Juchitán, Oaxaca, por sicarios, elevando nuestra demanda para que se frene la violencia y se haga justicia).

Son tiempos violentos los que vivimos en este final de sexenio y en plena jornada electoral, se han asesinado a 110 políticos de diferentes partidos  por  las vendettas políticas o las acciones intimidatorias del crimen organizado.

Hace ya varios años hemos escrito que la región del Istmo de Tehuantepec es el paso más importante para el contrabando de las drogas, armas, gentes, precursores químicos, dinero, mercancía robada y de contrabando que llega desde la zona de Centroamérica, donde los países de la región están sumidos en una guerra sorda en contra de los grupos políticos o de maleantes organizados en las Maras y las pandillas  asolan a la población.

Al terminar la guerra civil y desmantelarse las guerrillas de Guatemala, Salvador, Honduras y Nicaragua, los mandos  paramilitares y de los guerrilleros, establecieron grandes concentraciones de armas y de drogas, y con ellas garantizan su seguridad y sus recursos de sobrevivencia.

Por eso, recordamos cuando estallaban los centros de acopio en Nicaragua o Guatemala donde estaban concentradas los armamentos y las drogas, así que pronto se fueron desplazando a la zona de Chiapas, donde surgieron los grupos guerrilleros que posteriormente se unificaron en el movimiento zapatista, y por esa razón, también, se vendieron armas a Guerrero, Chipas, Puebla, Veracruz, Quintana Roo, Tabasco, Oaxaca, Estado de México y se comenzaron a desplazar por la región grandes cantidades de drogas para ser cruzadas a los Estados Unidos siguiendo las rutas del Golfo, Centro y Pacífico, pero también se fueron quedando armas, drogas y dinero en las regiones de paso, y por ello, el Istmo de Tehuantepec, se convierte en un paso obligado y se va generando como una zona de gran violencia que, después de la destrucción ocasionada por los sismos, deja en la miseria y en la desocupación a miles de habitantes de la región,  por fortuna, la respuesta inmediata y firme para el auxilio de la región operada por Alejandro Murat y apoyada en todo por el Presidente Peña Nieto, evitó que la región se convirtiera en una zona de mayor pobreza, marginación, desastre y que generara un gran resentimiento que se podría canalizar para ser organizada por grupos en la mayor violencia, pero así, con todo esto, el crimen organizado que no ha sido ni investigado ni combatido en la zona, sigue operando con una gran violencia para desestabilizar la región que está, ahora, a punto de explotar y de incendiarse.

Con el agravante de que operan grupos de colombianos que traen experiencia de grupos paramilitares o de guerrilleros en esa región politizada donde las demandas políticas, de inmediato, se traducen en económicas y del saqueo y uso de recursos y el manejo y manipulación de los grupos reclamantes, cuando todos sabemos que solo ganan los dirigentes a los que se siguen apapachando con grandes cantidades de dinero.

Y si ahora no lo consiguen en el gobierno, lo buscan en las alianzas con el crimen organizado y si es difícil operar en zonas donde esos grupos están, cuentan con una base social de apoyo, con mayor experiencia social y política en las luchas callejeras y las protestas sociales organizadas, por lo que las condiciones se prestarán para mayor violencia.

En los años ochenta surgieron grupos civiles que sorprendieron con sus demandas en sociales y así la COCEI y la COCEO organizadas como grupos de campesinos y habitantes marginados y pobres de la región fueron creciendo, de tal suerte que pronto se convirtieron en una fuerza popular que ganó el primer Ayuntamiento de oposición: el de Juchitán, que despertó una gran simpatía en todo el país y en el extranjero. Por desgracia, muchos de sus dirigentes terminaron domesticados y lacayos de los grupos de poder porque cambiaron dinero por poder, y pronto, las luchas, degeneraron en el oportunismo del que no han podido recuperarse y, en ese vacío de poder, entran poco a poco los grupos de la delincuencia organizada que llegan desde Chiapas, Veracruz y Centroamérica para asentarse en la región, convirtiendo la zona en un gran campo de guerra que, ante la ineficiencia de la policía y por el miedo que tienen los políticos de entrar en las zonas de conflicto político, porque no saben responder a los reclamos de la población, se dejan actuar y se genera el desastre que hoy se vive en todo el Istmo a pesar de los grandes esfuerzos que hace Alejandro Murat para llevar soluciones y respuestas que se merecen y reclaman los istmeños, pero la violencia silencia los reclamos y opera en la realidad política en muchos municipios controlando a los moto taxistas, los transportes y muchos puestos en los Ayuntamientos que manejan y operan los recursos públicos  en favor de esos grupos criminales que operan bajo los faldones de las luchas sociales.

Por ello, las operaciones no pueden ser de represión, porque en esas condiciones se pueden voltear los operativos y mostrarse no como una solución a la inseguridad sino como la fuente en que se opera y genera la inseguridad, por medio de la represión , porque en tiempos electorales, los grupos de la oposición operan con este criterio, y esto, provoca mayor desestabilización, sobre todo, cuando todos saben que los delincuentes andan como “pedro por su casa” y. los cuerpos de inteligencia no operan, andan en la lela o vendiendo la plaza.