Los militares y el 68 mexicano

Por: Sócrates A. Campos Lemus

Que conste…son reflexiones!

La experiencia en la historia y a nivel mundial es de que, los militares, están instruidos y entrenados para guerrear y para matar, no para ejercer la diplomacia ni la política, pocos ejemplos tenemos de militares civilistas y podríamos decir que entre ellos, en México, solamente el General Lázaro Cárdenas, el General Calles y Obregón y con toda seguridad, nos podríamos quedar en ellos, por esa razón, a pesar de que en la regencia de la Capital se gobernaba por conducto de un militar y licenciado, le pesó mucho más lo de General y que lo licenciado, a Corona del Rosal, le movió más la parte guerrera que la parte política, y por esa razón, no pudo llegar a la Presidencia, eran otros tiempos, donde el militarismo se había acabado y los militares regresaban al cuartel y a sus labores propias en el entrenamiento de los grupos de operación para garantizar la soberanía nacional y las instituciones, comenzado con un total respeto a la institución presidencial.

Por tal motivo, debemos entender que, a pesar de que el embajador norteamericano ofrecía, el 2 de octubre de 1968, al general Marcelino García Barragán, su “apoyo” para que diera el golpe militar, este militar que después entrega por medio de su nieto sus memorias a Julio Scherer, que se publican bajo el título de PARTE DE GUERRA, muestra, no solamente su respeto a la institución presidencial, sino su visión y respeto al civilismo del país al no aceptar tan brutal propuesta que daría paso a que la estrategia norteamericana del golpismo se consumara en México, que había sostenido hasta ese momento una política de no intervención y respeto  la soberanía nacional.

Por esa razón  cuando después de tener controlados a los estudiantes y que éstos aceptaran las negociaciones en la casa del Rector Javier Barros Sierra, con Jorge de la Vega Domínguez y Andrés Caso Lombardo, como representantes del Presidente, donde se acordaba que se ponía fin al movimiento de protesta estudiantil y que regresábamos a clases, de que se comenzaba a dar la oportunidad por medio del Consejo Nacional de Huelga y su Asamblea General que se fueran nombrado a los representantes que discutirían con los enviados presidenciales cada uno de los seis puntos del pliego petitorio, y que se nos permitía realizar la reunión en Tlatelolco con el fin de que avisáramos a las bases estudiantiles los acuerdos.

Por esa razón todos los representantes, no líderes, llegamos confiados a esa reunión, y cuando vimos a los soldados no les dimos importancia, porque creímos que solamente estarían ahí para que no saliéramos en marcha a las instalaciones de Santo Tomás que aún estaban ocupadas por los miembros del ejército, y ahí, se consumó la gran traición, cuando los miembros de la DFS y del Estado Mayor Presidencial, actuaron disparando en contra de los soldados y de la multitud, todo, dicen ellos, para detener a los miembros más importantes de la representación estudiantil que como éramos conocidos y no andábamos encapuchados y no estábamos en un movimiento clandestino ni guerrillero, nos mostrábamos con la cara descubierta y sin armas… y ahí, empezó la gran tragedia.

jóvenes no entendíamos que habíamos llegado con la resistencia política y la protesta a un punto límite, donde el gobierno de la época no entendía ya razones ni aceptaba negociaciones, y es por ello que la gran traición se da desde los altos mando del gobierno tal como lo destaca el general García Barragán en sus memorias.

No entendimos que los políticos y el gobierno de esa época no negociaban sino que imponían, y al llevarlos a la negociación, ellos creían que perdían el control y que dejaban abiertas las puertas para que en mayores protestas, el gobierno de una dictadura perfecta, se pusiera en riesgo y tuviera que aceptar condiciones, la realidad es que los SEIS PUNTOS del Pliego Petitorio, no ponían en riesgo la estabilidad del Sistema ni a sus miembros, PERO ERAN UN PASO EN EL CUAL SE PODÍAN ESTABLECER LOS NIVELES PARA INTENTAR UNA NUEVA DEMOCRACIA, por la que no luchábamos y por la que no intentábamos poner en riesgo al poder y a sus instituciones. El pensar que el estudiantil era un movimiento infiltrado por los comunistas era una locura ya que los miembros del Partido Comunista eran muy ligados a los altos mando del poder y conocían perfectamente las relaciones con los políticos, y no tenían más fuerza que un Tehuacán destapado de diez días.

Para los miembros del poder no era sencillo aceptar que un grupo de mocosos revoltosos, llegarán a ese punto y no entendían o lo sabían y llevaron las cosas de la represión al extremo de que todo era impuesto por la represión, y por ello, en vez de buscar puentes de negociación, apretaban la represión sobre todo contra el IPN, la Normal y las Preparatorias, y no es como sostiene alguno de los “dirigentes” de que existían en esas instituciones grupos de choque que alentaban el tema desde el seno de las escuelas. No podía entender, porque él no llegaba a esas escuelas que eran agredidas por militares y policías.

Por ello decimos y sostenemos que los militares en el poder no saben hacer otra cosa que guerrear o provocar situaciones de violencia. Están preparados para eso. Por esta misma razón, los altos mandos, deben ser civilistas y amantes de la libertad y la soberanía y no simpatizantes del golpismo y la violencia.

Hoy, por desgracia, en vez de civiles en la policía tenemos mandos militares y quieren actuar como golpistas e imponer la política, no supeditarse a la misma. Solo basta ver lo que sucede… no se sabe quién  gobierna, si los militares al mando de las policías o los civiles..