Chaman, Premio Nacional de Artes y Tradiciones

Por: Sócrates A. Campos Lemus

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Que conste…los olvidados…!

Las gentes se confunden porque hablan babosadas y toman lo que escuchan como verdades o simplemente las repiten sin saber si son ciertas o no. Se estresan porque no saben meditar ni orar cuando lo requieren, andan como loquitos por el mundo caminando rápido no sea que le tomen por “bolsones”, haciendo como que hacen no sea que se vea mal el que tengan paz y cobijo. Andan hablando por el celular en los caminos o tecleando por todos lados aparentando que están ocupados o que son importantes. En fin, hacen cosas para los demás pero no se hacen cosas para su beneficio ni para su paz espiritual. Andan viendo y comentando lo que hacen los demás sin pensar que ese mismo fenómeno lo hacen, viéndole a él, y todo está enredado, y en casos como Oaxaca, hasta el quesillo está enredado y confundido y angustiado en todos los órdenes de la vida.

Cuánta paz y serenidad veíamos en la chamana de María Sabina y sus cantos y  danzas y señales y cariños y cuánta alegría tenía en su corazón cuando veía que alguien que acudía a ella era sanado o encontraba su equilibrio y no necesitaba de palabras en español, sino en los cantos y las ingestas de hongos alucinantes con un control de ella desde que  los recogía por las laderas de los montes y las acomodaba en parejas para que los que necesitan equilibrio o curación los tomaran… y muchos decían que era una bruja y que solamente enviciaba a los que llegaban en la búsqueda de espiritualidad y paz, y no, era una chamana que conocía de las cosas del cuerpo y las cosas del alma.

Cómo gozamos en mi generación los libros de Carlos Castañeda y fuimos descubriendo que no era la búsqueda de medicamentos sino la búsqueda de la felicidad y el equilibrio y la serenidad interior lo que nos pondría en mejores condiciones para seguir en la vida. Cómo recuerdo a don Juan, el chamán de Sonora, que salía por varios lados del país y de pronto aparecía y guiaba al escritor de tal suerte que en pocos años era un personaje al que se buscaba en sus publicaciones para entender la realidad, la verdadera realidad y el equilibrio del poder, del verdadero poder sobre uno y no contra los demás.

Así, en la zona Huichola, Cora y Tepehuana, fuimos testigos de “milagros” y de cambios en el cuerpo y en el alma de muchos seres. No se necesitaba tomar al mezcalito ni al peyote en las lunas o en los días festivos, sino que el mismo humor se difundía en cuanto algún chamán ocupaba un sitio en el mitote y se generaba la música y se repartían los pedazos de peyote o las curas de hierbas y plantas y los cantos y los rezos y los prolongados silencios escuchando al silencio y al viento en la montaña o en el desierto, y caminar como en posición de venado, para que en la planta de las manos, con la vista al frente, viendo y no viendo, sino sintiendo, encontrar el peyote para la ceremonia y veía uno el silencio y el canto y la luz y los colores que no se explican ni las ideas que van y vienen de un lado al otro con colores y llamaradas de tonos y cantos tristes y alegres y bailes sencillos y cortos y cansancio y paz y serenidad de pronto…

Y ahora, nos enteramos que un chamán SERI, de Sonora, de entre el desierto y el mar, frente a la isla de Tiburón, Francisco Barnett, don Chapo, sabedor del alma y de las dolencias del cuerpo, que no conoce el castellano y canta y baila y receta plantas y cura el alma y el cuerpo, es reconocido por el gobierno de México, como si al final se despertaran algunos ciegos políticos, con el PREMIO NACIONAL DE CIENCIAS, ARTES Y LITERATURA 2017 en el rubro de ARTES Y TRADICIONES

Don Francisco Barnett es hijo de otro chamán Seri que se creó solitario entre el desierto y el mar y vivió más de cien años, y hoy, cuando  tiene 79 años, viviendo y curando y dando felicidad allá en Punta Chueca, Hermosillo, sabe de mantener el conocimiento de plantas medicinales, de cantos para el alma y alimentos para el cuerpo, y cuando canta habla con el idioma de los espíritus que andan al lado de todos y permiten su paz o su llanto…

Se dice que le otorgaron el premio porque ahora se necesita un país y un mundo lleno de espiritualidad, tal como lo explica Carlos Ogarrio, profesor de la Universidad de Sonora que es un estudioso de la cultura y las tradiciones de los  chamanes.

El profesor Agarrio explica que: “Nos hace falta la sensibilidad hacia lo vivo, hacia el planeta. Dejar de ver todo como recursos para explotar, sino como seres vivos, esa es la enseñanza de Don Chapo”…

“A Chapo lo conocí en 1992 cuando vino a Hermosillo para participar en una ceremonia con un jefe de la tribu Dakota, en la cual algunas personas participan en una ceremonia durante cuatro días, sin tomar alimentos ni agua, mientras los chamanes esperan abajo con sus cantos y danzas rituales, pendientes de que todo esté bien. Ese es el trabajo espiritual que hace don Chapo”, tal como lo va narrando Mónica Mateos-Vega, en La Jornada, del día 18 de diciembre.

“Un chamán posee el conocimiento de la naturaleza, la cual nos provee de todo, por ejemplo, de las plantas medicinales que él conoce muy bien. Pero también cura a través del canto, pues conoce la naturaleza humana. Él dice que la sanación debe ser emocional para restaurar y equilibrar el cuerpo, y hacer que las personas recuperen la serenidad y la felicidad” y que bien que le dan ese reconocimiento, y esto nos indica que hay en la burocracia algunas almas que andan en pena o en la búsqueda del verdadero camino a la felicidad, quienes dan el reconocimiento, y qué lástima que sea al final de un sexenio tan complicado que deja un mal sabor de boca y un profundo malestar en el alma. ¿Será que la corrupción es curable en los políticos? pues sabe….. habría que enviarlos con don Chapo… para que los atendiera si es que él siente que tienen arreglo”.