2019-Propósito

Por: Rosa  María Campos

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La buena vida

“Conservar la tierra, el agua y  atmósfera puras, igual que  tu alma, mente  y corazón”: Zarathustra.

“Tierra, imagen mía, aunque  pareces tan impasible, amplia esférica, sospecho ahora que eso no es todo. Sospecho ahora que hay en ti algo, susceptible de estallar que no me  atrevo a expresarlo con  palabras, ni aun en estos Cantos”: Walt Whitman.

Existe un antiquísimo  sistema filosófico que puede abrirnos la puerta a una forma  más respetuosa, amorosa  de  relacionarnos  con la Madre Tierra. Su nombre es: Zoroastrianismo, Mazdeísmo,  Parsismo, o Culto al Fuego, cuya finalidad es que nos acerquemos  y  comuniquemos  con el Sol  como Padre, esencia espiritual del universo y aprendamos  a  escuchar la voz de la Madre Tierra, para hacernos  uno con la totalidad de la creación.

De ahí el mensaje; “conservar la tierra, el agua y la atmósfera pura, igual que el alma, mente  y corazón”.

Zoroastrianismo o “Culto al Fuego”, es un ejemplo inspirador  para aprender cómo cada uno de nosotros puede  acercase a la Madre Naturaleza y formar parte del despertar del planeta. 

Zoroastro o Zarathustra,  el profeta fundador de esta filosofía como sus seguidores de ayer y de hoy, reverencian  al  Sol, igual que los egipcios a Horus, su símbolo más venerado:  “porque el astro rey todo lo purifica sin contaminarse y es la mayor inteligencia espiritual conocedora de todos los secretos celestes”.

Zarathustra:

Descendiente de  una familia real, Zarathustra nació 26,700 años A.J. en la antigua Persia. Su vida se desarrolló  en total compenetración  de esa cultura prehistórica  de un Irán del Mediterráneo y el Mar Negro de  veranos leves, cálidos, e inviernos  crudos y terribles.

Se  cuenta  que por aquel entonces Zarathustra descubrió la manera inteligente  de comunicarse  con el espíritu de sol y  de  la madre tierra,  junto con  sus   plantas,   animales, rocas, ríos, y  que  con infinita  paciencia enseñaba  a sus devotos  en  el acatamiento y  respeto  que deberían fomentar y acrecentar   por  la Madre  Tierra.

El profeta también  instruía a sus seguidores  sobre en el gran  amor de Gea por  los labradores, sus hijos predilectos   a quienes además de gratificar con sus cosechas les  trasmite sus  poderosos secretos, mismos   que  se convierten  en bendiciones  para su familia.

Zarathustra predicaba que la llamada muerte es el  océano de la vida,  en el  que recaen, una por una, las gotas  de agua más densas, para  que  luego el sol  las  haga subir en una  nube  sobre el mar y  dancen en el cielo con sus trajes de vapor

Un zoroastriano o parsis no sepultan  a sus muertos, los conduce a una Torre del Silencio donde el sol, los animales y la lluvia  se encargan de purificar el cadáver.

Además, los  parsis dejan  en su testamento  una suma de dinero  destinada a que  parientes y amigos  organicen una fiesta  en su honor  después su muerte.

Un zoroastriano  quién se regocija con la muerte, porque su alma quedará liberada de las transitorias  limitaciones  de la materia, no se identifica  con lo corruptible, ni  se ata a nada que ya  pasó, porque  está convencido de que  con  nuestros pensamientos y sentimientos  esculpimos, a cada instante, una obra secreta y trascendental  que se  manifestará  cuando morimos. Esta creación es nuestra propia conciencia inmortal  que  más allá de la existencia  física y transitoria exclamará: "Soy tu obra. Tu verdadero yo, tú me esculpiste”