Para los abuelos

Por: Rosa María Campos

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Queridos abuelos:

No frunzan el ceño, no levanten la ceja, no se depriman si los hijos, nietos e incluso sus amistades no se desbordan en apapachos, buenos tratos y consideraciones para con ustedes.

Nada de tristeza cuando los nietos prefieran jugar en su Tablet o atender su celular e ignoran la sopa deliciosa que les preparó la abuela, igual que el guisado espectacular o los postres.

Si abuelos, ustedes como yo estamos condenados a vivir estas decepciones a menudo, mientras tengamos expectativas de como nuestra “prole” debería portarse con nosotros. Así que por el contrario abuelos, mejor optemos por dejar a los hijos y nietos ser tal y como son, no por ello van a dejar de querernos.

Bueno, esta es una opinión personal.

También, cuando furiosos solemos arrancarnos los pocos o muchos pelos que tenemos    porque pensamos que DIOS no escucha nuestras plegarias: ¡Calma! y hagamos a un lado las creencias de que DIOS está obligado a complacernos en todo. DIOS siempre quiere lo mejor para nosotros, jamás ofende o daña.

Al nacer somos auténticos, pero con el tiempo nuestra verdadera naturaleza se va deformando gracias a las enseñanzas que recibimos de padres, escuelas y la misma    sociedad, que en su conjunto nos mete un disquete en la cabeza de cómo deben ser las cosas. Mismo disquete, que al correr de los años, nos impulsa a tratar de manipular a nuestros seres queridos a quienes bombardeamos con los “debes”. 

Pero regresemos a la indiferencia o desamor, que en ocasiones sentimos de nuestros amados familiares. La realidad, o como ellos dirían: “ la neta del planeta”, es que ellos no son nuestros, nadie nos pertenece, y nuestros críos tienen el derecho de guiar su vida como les plazca, para aprender de sus errores.

En mi caso, con los millones de años que tengo, apenas he dejado de sufrir cuando mis nietos prefieren su celular o computadora que charlar conmigo. “Así es la vida abuela –me digo-  purita enseñanza”.