Ni muerto, ni viejo

Por: Rosa María Campos

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“La Alianza Para La Investigación Del Envejecimiento”  dio a conocer  lo siguiente: “de cada  cinco  adultos mayores,  tres  de ellos deseaban cumplir más  100 años y   nueve de cada diez, trabajaban con su cuerpo y mente, para  lograr una  longevidad digna”.

Otros  investigadores de   la Universidad Tufts de Boston recomiendan a los abuelos  decididos a superar   el límite de los 120 años  practicar  meditación, yoga, taichí.

Mientras algunos gerontólogos  opinan que envejecer es una  “enfermedad” e inventan tratamientos rejuvenecedores con glándulas de  chimpancés, cerdos y otros animales, los  siquiatras, sicólogos entran a estos escenarios convencidos de que solo a través de la mente se puede detener el envejecimiento.

Los orientalistas, a su vez, inician a los adultos mayores en la práctica de las disciplinas físicas orientales y la meditación, recomendándoles la comida vegetariana o vegana  y que visiten las tiendas naturistas donde venden hierbas, cremas, aceites, esencias y tratados para encontrar “el elixir de la eterna juventud”. 

Encontrar el  tan famoso elixir es un  tema viejo. Su historia se remonta a los alquimistas, quienes se ufanaban de  haber encontrado la fuente de la juventud   a través  de  la piedra filosofal. Que no era  piedra,  sino un procedimiento  que consistía en destilar  el agua  cientos de veces hasta convertirla en agua pesada, para luego aplicarle  fórmulas orgánicas, que llamaban mágicas.

Ellos no lograron los resultados deseados pero ocasionaron la quiebra económica o la muerte de los aventureros que dedicaron su vida a buscar el secreto para mantenerse jóvenes.

Sobre el mismo tema se decía existía un  paraíso de la eterna juventud en el Tíbet,  rodeado de las blancas montañas del Himalaya. Este lugar, jamás localizado, inspiró  al autor de la novela “Horizontes Perdidos” para escribir sobre la apariencia juvenil de  los habitantes de Shangrila.  

Misteriosas leyendas, pueden alejarnos nuestra única realidad: envejeceremos y morimos. Entonces, mejor poner atención a los consejos prácticos, efectivos y al alcance de cualquier bolsillo de los sanadores y médicos tradicionales del Lejano Oriente.

 En todo Oriente,  el respeto y veneración a los ancianos es signo de buena educación, restaurantes, hospitales, tiendas de comestibles muestran  letreros con la siguiente leyenda: “En este establecimiento a los ancianos no se les engaña”.

En uno de estos lugares compré un cuadernillo inspirado en  una  conferencia  del doctor Leu  Mu Wang, especialista en medicina china  y farmacología tradicional, en cuya primera página se lee : “El tiempo del retiro  no sólo depende del cielo: con  mantenimiento gozaremos de una larga vida” y continua el doctor Mu Wang, dando a conocer a  Li Ching-Yuen, longevo que muriera en  1993  a los 256 años, dejando  viuda a su vigésima esposa.

Este longevo que lucía como atractivo cincuentón, hasta el momento de morir, escribió: “El envejecimiento prematuro es solapado por   el rencor y la melancolía,   tan dañinos como el enojo.

“Cavaremos nuestra tumba con afectos excesivos, igual que si vivimos corriendo de un lado a otro y nos evadimos con cualquier tipo de droga.

La necedad obedece a un desequilibrio en la energía del corazón. La cobardía y el miedo reflejan falta de energía en los pulmones o riñones. Remedio: evitar emociones excesivas.

No basta dejar café, alcohol, tabaco, necesitamos procurarle  buen trato a cada uno de nuestros órganos, glándulas, músculos, sistema nervioso y agradecerles sus funciones, sin  olvidar  que los pensamientos afectan la energía vital y que una mente depurada anima la  glándula del Timo a generar una secreción similar a la miel, que  constituye la mejor  medicina preventiva”.

Por último, su a más efectiva recomendación para lograr una longevidad sana con apariencia juvenil: “respetar, amar y solidarizarse con todos los seres vivos que nos rodean, para generar AMOR, el mejor de los elixires de la eterna juventud”.