Juventudes Acumuladas

Por: Rosa María Campos

taca.campos@g mail.com

Vencedores del tiempo         

Nacemos, pasamos  por   la niñez, adolescencia, juventud, edad  madura y vejez. Sin embargo cuando entramos en la edad madura  nos sentimos anticipadamente viejos y no podemos soportar  esa “enfermedad” llamada vejez. 

Los científicos  descubrieron  que tal  “enfermedad” proviene del desgaste celular,  e inventaron  que  para  rejuvenecer eran  efectivas   las glándulas de  chimpancés inyectadas, luego que eran mejores las de cerdo y otros animales etc.  Los  tratamientos  reanimaban al paciente  más por sugestión que por efecto real y no  lograron trascender.

Con el tiempo siquiatras y sicólogos entraron al escenario del rejuvenecimiento con la convicción de que el envejecimiento se podía detener con la ayuda de la  mente. Hoy un cuento para mejorar nuestra mente.

LA CURA

Luego de que el abuelo por varias horas se había  referido a sus baños, ejercicios, regímenes alimenticios etc., para hacerse una cura de su todas sus males, su amigo, otro anciano, que paciente  escuchaba le contestó  al quejoso  con una sonrisa de oreja a oreja:

“_Pues yo desde hace más de seis meses me  hago una cura mental  y me va muy bien”.

-¿En serio? …no te lo creo

 _”Verás…. ahora que somos viejos nos da por criticar,  y no encontrar  nada bueno ni bello en los demás  y menos en uno mismo. Cuando nos pasa esto hay que hacerse la cura”.

¿De qué clase de cura me estás hablando?

“_Te diré, comienza así: cada vez que te acuerdes, alza los hombros en dos tiempos. Primero estiras los músculos y luego los relajas. Con este ejercicio tan sencillo la savia de la vida  discurre como un manantial  abierto. Inténtalo y  ya verás cómo  el apetito regresa, y la vida  empieza a oler  bien”.

¡Esa no es una cura mental!

“_ Es parte, pero bueno  amigo a’í te voy con algunas sugerencias que no fallan:

Confía en tus propias energías, no dependas de otros. No esperes a que te ayuden. Tampoco  te irrites, ni envidies, ni te apures. No te hagas desgraciado comparando tu suerte con la de otros viejos  más afortunados que tú, por el contrario, saca el mejor partido  de las oportunidades que tengas.

Convive  con la gente buena. Nada más saludable que tener  intimidad con almas puras y nobles. Lee los mejores libros. Aprende a ser feliz solo.

Si algo hiciste mal, reconócelo, y has la reparación. No tengas deudas morales.

No busques más premio para la bondad que la bondad misma. Recuerda que el cielo y el infierno son instituciones absolutamente inmorales, si sólo se consideran como premio y castigo. Reza, con las oraciones que te salgan del alma y medita en lo siguiente:

Es tan corta la vida  que tengo  que  perdonar rápido, besar lento, amar de verdad, y  nunca dejar de sonreír, por más extraño que sea el motivo.

Puede ser que la vida no sea la fiesta que esperaba pero en tanto esté aquí, disfrutaré  de lo que tengo….después ya será tarde.”