Adopte un anciano ésta Navidad y Año Nuevo

Por: Rosa María Campos

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Anciano querido es como un invierno con flores”.                 

La buena vida

Ancianos de todo el mundo en Navidad  y Año Nuevo  esperan ansiosos, en asilos o sus  residencias, la llamada o visita de sus familiares. Por desgracia, su gente no responde; está  ocupada o no tiene ganas de visitarlos y los abuelos pasan las fiestas decepcionados, tristes, amargados. Es más, algunos se dan por vencidos y mueren: (Enero y Febrero, desviejadero).

Este parece ser el caso de la anciana  de la historia que les contaré.

En el asilo donde la  habían  instalado sus hijos, que nunca la visitaban, las enfermeras  seguras de que la anciana latosa estaba tan senil que solo esperaba a la muerte, se ensañaban con ella o la ignoraban; sin embargo la nonagenaria en ocasiones murmuraba algo para sus adentros y tomaba el viejo lápiz que se mantenía sobre su buró y escribía en unas hojas arrugadas de papel.

Cuando murió, precisamente en una Navidad, el personal del asilo, al asear su dormitorio,   encontró una carta, de la cual les transcribiré algunas líneas.

Escribió la anciana:

“¿Qué ven enfermeras?.... ¿Qué ven?.... ¿Qué piensan  cuando me ven?....Que soy una vieja latosa. Con hábitos extraños y mirada distante, a quién  la comida le cae por la comisura de los labios y nunca responde.

Ustedes creen que siempre pierdo algo. ¿Un calcetín o un zapato? Que, oponiendo resistencia o sin oponerla, deja que ustedes hagan lo que quieran con mi deteriorado cuerpo.

¿Es eso lo que piensan? ¿Es eso lo que ven?....Pues entonces abran los ojos, enfermeras, ustedes no me ven.

Yo soy una niña de 10 años, con padre y madre, hermanos y hermanas, que me quieren. Una chica de 16 con alas en los pies, que sueña con encontrar pronto el amor. Una novia con 20, a la que el corazón le brinca. Que recuerda los votos que prometió cumplir. Que con 25 ya tiene sus propios niños, a los que educa y da un hogar seguro. Una mujer de 30, cuyos hijos crecen rápido, unidos los unos a los otros con lazos que han de durar.

Con 40, mis jóvenes hijos han crecido y se han ido. Pero mi marido está conmigo para que no entristezca. Con 50 vuelven a jugar bebés en mi regazo. Volvemos a conocer a niños, mi amor y yo. 70 años y días oscuros sobre mí, mi marido ha muerto. Miro al futuro y me estremezco. Mis hijos tienen sus propios hijos. Y pienso en los años y en el amor que conocí.

Yo soy ahora una vieja. La naturaleza es terrible. Me río de mi edad como una idiota, mientras mi cuerpo se viene abajo. Gracia y fuerza se despiden. Ahora solo queda una piedra, donde latía un corazón. Pero en esta vieja aún vive una mujer joven.

Me acuerdo de las alegrías, me acuerdo de las penas. Y vivo y amo, todos los días. Pienso en los años, tan pocos y que se fueron tan rápido. Acepto el hecho de que nada puede quedar.

Así que abran  los ojos, mírenme. Nada de vieja latosa, mírenme  más de cerca. ¡Véanme a MÍ!”

Esta historia  nos hace  reflexionar  en la necesidad de atención y cariño que necesitan  los viejos y lo importante  que  resulta para ellos, en especial en estas fechas, las consideraciones de su familia; por ello mi propuesta de adoptar a un anciano solitario esta  Navidad  y Fin  de Año,  para  convertir  su invierno en primavera.

 Encuéntrese donde se encuentre,  vamos en  búsqueda de nuestro anciano solitario. Ahora que si se topan conmigo mucho se los agradeceré pero ya  me adoptaron. ¡FELIZ NAVIDAD Y MARAVILLOSO AÑO NUEVO!