Cielo, Paraíso, Nirvana

Por: Rosa María Campos                                                                     

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(LA BUENA VIDA)

Sus colegas lo declaraban  clínicamente  muerto mientras  el neurocirujano Eben Alexander viajaba por  el cielo,  paraíso o nirvana, o como usted quiera llamarle.

Su extraordinaria  experiencia fue la   portada, meses después, de la revista Newsweek, con el título: “El Cielo es Real”.

Transcribo y sintetizo parte de  las experiencias  del doctor Alexander.

HABLA EN PRIMERA PERSONA EL NEUROCIRUJANO.

 “Hijo de neurocirujano, me convertí en escéptico neurocirujano, hasta el otoño del 2008  que entré en coma profunda a causa de una meningitis bacteriana. Después de 7 días  en estado comatoso se  me consideró clínicamente muerto en tanto que yo experimentaba algo tan extraordinario  que hoy  emocionado voy a contarles:

_”Me desperté un día otoñal sintiendo que tronaba mi cabeza. Inconsciente llegué al Hospital General de Lynchburg en Virginia, donde trabajaba. En cuestión de horas, mi corteza entera -la parte del cerebro que controla el pensamiento y la emoción- se había apagado. Mis colegas,  mis amigos, determinaron que las bacterias comían mi cerebro.

Cuando entré en la sala de emergencias mis colegas consideraron suspender el tratamiento para que muriera en paz, mientras tanto yo volaba, volaba, hasta  que  aterricé en  una  dimensión inimaginable, donde comprobé que la muerte no es el final,   sino un capítulo de vasto y positivo viaje.

Nubes grandes,  esponjosas, color rosa-blanco me rodeaban  junto con  nítidos seres alados que trazaban arcos  y dejaban largos caminos de serpentinas transparentes que contrataban con un  cielo negro-azul.  ¿Pájaros?.... ¿Ángeles?....ninguna de estas palabras haría  justicia a esos  luminosos seres.

Un canto glorioso descendió desde lo alto, ¿cantarían los seres alados? El canto era como esa lluvia que sentimos en la piel, pero que no moja. Nada veía, ni  escuchaba en esta dimensión sin volverme  parte de ella. Todo  era como un bello diseño de  alfombra persa.

Apareció, entonces,  una mujer joven de  pómulos altos y ojos profundos. Gruesas  trenzas enmarcaban su hermosísimo rostro. Junto a  ella seguí   volando  con alas de  mariposa,  mientras miles de ellas enormes  y preciosas se  zambullían   en un bosque para regresar a  estar junto a nosotros. Todo era vida, color.

La vestimenta simple  de la mujer, de  color  azul índigo. Su forma de ver indescriptible; tanto así  que me dije: Su  mirada  vale mi vida entera. Esa  mirada  no era romántica, era diferente a  todos los  tipos de amor,  que conocemos.

Ella por telepatía   me dijo: "Eres  amado,  apreciado por  siempre;  nada tienes  que temer. Te mostraremos muchas cosas, antes  de que regreses”.

¿Regresar a dónde?

Un viento delicioso empezó a  soplar, como él que nos  refresca los días más perfectos de verano. Todo era  vibración; Yo feliz  me  formulaba  preguntas al SER DIVINO que sentía  trabajaba detrás de  lo que me  rodeaba: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí?

A cada  pregunta, las respuestas llegaban, entraban  en mí  envueltas  en una explosión de luz, color, amor,  belleza. Las  recibía y al instante comprendía,  sin esfuerzo,  conceptos que me habría llevado años comprender en mi vida terrenal.

Seguí volando y me encontré en  reconfortante  vacío oscuro,  y  a la vez rebosante de luz, que le llegaba  de un orbe brillante que  sentía cerca de mí. Era como renacer  en  el propio universo  a través de gigante  útero cósmico, guiado por   la bella  mujer  instalada sobre  las  alas  de una mariposa.

Una explicación:

La física moderna asegura  que el universo es una unidad  indivisible. En él no hay   separación, no hay diferencia,  el universo está entretejido con todo.

Antes de mi experiencia estas ideas eran abstracciones, hoy para mí  son realidades. Me quedó  clarísimo que   el universo no sólo está definido por la unidad,  también lo está por el amor, que es sorpresa,  alegría.  Así lo experimenté en mi estado de coma.

Hasta  la fecha,   imparto  cátedras en el  Harvard Medical School y otras universidades y continúo de neurocirujano en instituciones médicas de prestigio,  dónde mis colegas   continúan  aferrados  a que la corteza del cerebro genera la conciencia y  que vivimos en un universo desprovisto de cualquier tipo de emoción. Ellos como yo hace 20 años,   piensan que es la ciencia, no la fe,  el camino de  la verdad;  no se percatan de  que  la ciencia y espiritualidad, en igual medida, valorarán: ¡la VERDAD!

Esta nueva imagen de la realidad tomará  tiempo para configurarse: es  compleja y misteriosa. Mientras tanto yo neurocirujano les aseguro que  DIOS  nos cuida mucho más profunda y apasionadamente que cualquier padre,  alguna vez,  haya amado a su hijo.”