Las Ofrendas para los Muertos

Por: Rosa María Campos

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(La buena vida)

PARA EMPEZAR:

"Un pueblo sin tradición, sin pasado, sin raíces, es un pueblo sin futuro".

Nuestros “tatas” prehispánicos no consideraban a la muerte como tal; para ellos, quién moría, pasaba a otra dimensión de vida, se  transformaba en agua, aire, tierra y fuego.  Quién moría comenzaba a vivir de nuevo.

¿Es verdad que se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

Aunque sea jade se quiebra

Aunque sea oro se rompe,

Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,

No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

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LA OFRENDA.

El altar, así como las comidas que muestra, bebidas, veladoras, flores, incienso o copal, cada uno de los objetos y flores  que ahí aparecen, tienen un significado especial por ser  el resultado de un sincretismo entre las creencias prehispánicas y de los conquistadores europeos.

Por ejemplo:

El altar siempre se presenta sobre una mesa cubierta con un mantel blanco, sobre el cual se yergue un portal, adornado con flores, para recordarnos la entrada de los difuntos al  mundo de los muertos.

Sobre el mismo se encienden veladoras para cada uno de los  familiares fallecidos. Junto  a las velas” se presentan ramilletes de flores de temporada, como lo es el “Moco de Pavo",  cuyas flores significan la sangre de Cristo y la Resurrección.

Se adorna el altar con papel picado color  morado, por el luto cristiano y color naranja por el luto azteca. El papel picado en diseños geométricos negros continúa con  la tradición  prehispánica: el Tlilan, lugar de la negrura y el Mictlán, el sitio de los muertos.

En algunos altares se presenta una cruz grande de ceniza para que el ánima expire culpas pendientes y otra más pequeña, para que las ánimas del purgatorio continúen su viaje hasta la presencia del Creador. La costumbre de los cuatro cirios en cruz es  por los puntos cardinales que guiarán a los muertos para  encontrar su camino.

Las tres calaveras pequeñas que suelen aparecer en la ofrenda son para  la Santísima Trinidad. La grande es para el Padre Eterno.

El agua del altar tiene que ser fresca y muy limpia para que los difuntos  se mojen  los labios resecos por el largo viaje realizado  desde el más allá.

El licor para que recuerden los  ratos felices en su vida terrenal. El  incienso o el copal tienen la función de  limpiar con su aroma el lugar donde se ofrece la ofrenda y atajar  problemas.

De la comida, lo que más les gusta a los difuntos es el olor. También se deleitan con los sabores.

En algunas  ofrendas se encuentra un machete o una vara de rosal para ahuyentar a los malos espíritus que traten de  impedir que nuestros muertos se  acerquen a disfrutar de sus obsequios.

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PARA FINALIZAR

"La muerte es como la nube, la muerte es como la flor, es como la mariposa, es solamente volar, morir es solamente un gran sueño". Todos los días despertamos, así es la muerte dormir y despertar."