Halloween

Por: Rosa María Campos

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La Muerte No Respeta a Nadie

Los  orígenes del Halloween se remontan  a 2,500 años cuando finalizaba el verano y terminaba el año Celta, precisamente  el día 31 de octubre de nuestro calendario. En esta fecha los celtas conducían a su ganado de las praderas a los establos, para  protegerlos del invierno.

Para los Celtas, el 31 de Octubre,  los espíritus salían  de los cementerios y se apoderaban  de los cuerpos de los vivos para resucitar en ellos.

Por ello, los celtas vivos, ensuciaban  sus  casas y las decoraban  con huesos, calaveras y otras cosas  desagradables, para que los muertos se asustaran y se pasaran de largo.

De ahí viene la tradición de poner  motivos siniestros  en las casas, en víspera de todos los santos y también de  los disfraces.

Tiempo después, los celtas empezaron a disfrazarse de diablos, brujos o fantasmas,  para irse, el 31 de Octubre, a pasear  en grupo con los espíritus y hacer con ellos algunos tratos, para  evitar que  les  hicieran alguna maldad o travesura. "Truco o trato" o "Dulce o truco"

Los Celtas, que habitaron en las islas Británicas, Escandinavia y el oeste de Europa,  formaban una comunidad que estaba controla por una sociedad secreta de sacerdotes llamada los "Druidas”.

“LA MUERTE NEGRA”

El  Halloween también  recuerda a la Europa  flagelada por la plaga bubónica o  “Muerte Negra" que exterminó a la mitad de su población, y  trajo consigo  un gran temor a la muerte, razón por lo que  decidieron  multiplicar las "misas" para los fieles difuntos y  organizar representaciones artísticas que recordaban la mortalidad de los humanos.

Sin embargo algunos europeos, como los mexicanos, tomaron la muerte con sentido del humor y empezaron a adornar las paredes de los cementerios con imágenes del diablo guiando a  Papas, reyes, damas, caballeros, monjes, campesinos, leprosos, etc. 

Esta  noche del  31 de octubre, en nuestro México difícilmente veremos niños disfrazados de diablillos, brujas o fantasmitas  pero es posible, que los veamos sin disfraz  por las calles pidiendo  ayuda, para los  miles de damnificados, de quienes no podemos  olvidarnos. Ellos, nuestros damnificados  nos necesitan.