Quiero heredar ventanas sin rejas y puertas sin chapas

Por: Rosa María Campos

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(Vencedores del tiempo) 

Conmocionada por  los hechos violentos que vivimos en nuestro México, quise escribir para desahogarme, pero pasmada por el enojo no lograba coordinar nada; entonces encontré  un texto de autor anónimo que expresaba exactamente lo que pensaba en ese momento.

¿Que nos pasó?.... ¿En qué momento cambiamos tanto?

Antes no había sobresaltos. A excepción del silbido agudo del carrito de los plátanos azucarados y el camote con miel de piloncillo estacionado al anochecer en la esquina de la calle junto al policía de la colonia, atento, vigilante, para cuidarnos.

En esos tiempos  los juegos terminaban cuando mamá se asomaba a la ventana sin barrotes, para avisarnos que era hora de dormir.

A los padres se les amaba, respetaba, obedecía, igual que  a los  abuelos.

Íbamos solos a la escuela  y regresábamos solos.

Se podía ir al cine con amigos o sin amigos. Nada pasaba.

El único miedo que teníamos era a lo obscurito, a reprobar, a las tarántulas, a las mariposas negras.

Recuerdo haber visto de joven la película: “Cuando el “Destino nos Alcance”. Nunca, nunca me imaginé que algún día nos alcanzaría.

¿En dónde nos desviamos?..... ¿En qué momento nos perdimos? …. ¿Desde cuándo  empezaron las  protestas a todo lo largo y ancho de México, con  miles de rostros, tristes, dolidos que piden a gritos honestidad,  respeto, seguridad… vivir en paz?

No entiendo cómo nos ganó esta ausencia de valores, de honradez, de unión familiar y la indolencia ante el sufrimiento de  nuestros semejantes.

Quizás fue culpa de la tecnología que nos sacó  de una vida  sana,  simple, bonachona para convertirnos en sofisticados  zombis que necesitamos para ser “felices” autos, casas, viajes,  joyas o estímulos de enervantes y químicos, que otros promueven para enriquecerse.

¡Por Dios…..quiero ser humano!

Ya quiero sentir vergüenza por mis gobernantes, partidos políticos, religión  y sobre todo por mi indiferencia al no ayudar a un necesitado.

Quiero que la honestidad vuelva a ser motivo de orgullo.

Ya no quiero trabajar 40, 50 años como enloquecida y después pasarme  mis  últimos años, gastando lo ahorrado en recuperar la salud perdida, por los años de excesos y abandono.

Quiero quitar las rejas de mi ventana  y las chapas de mi portón.

Quiero sentarme en mi casa con las ventanas abiertas y disfrutar  de un tranquilo anochecer.