¿Más viejos? ...

Por: Rosa María Campos

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Irremediablemente envejecemos cuando comenzamos a opinar como si fuéramos gurús en todos los temas. Cuando nos resulta difícil contemporizar con los más jóvenes porque son ignorantes, vulgares o arrogantes.

Envejecemos, claro que si envejecemos, cuando solo nos importa que nos escuchen,  festejen nuestros aciertos y por nada del mundo se nos critiquen nuestros desaciertos.

Envejecemos cuando queremos que todos se aflijan por nuestras penalidades, mientras comentamos una, otra vez, con lujo de detalles, todas nuestras enfermedades.

Envejecemos cuando nos olvidamos de la humildad, si es que alguna vez fuimos humildes y cuando entramos en conflicto con quienes nos rodean, quizás porque dejamos de ser pensantes y nos hemos convertido en odiosos taciturnos que solo ven mal en todas partes.

Y lo que es peor, envejecemos ridículamente cuando al vernos en el espejo pegamos de gritos: ¡No, no, esa vieja, esa vieja, no soy yo! ... Odiamos nuestras arrugas, nuestras canas, nuestro cuerpo gordo, flacido o enjuto y salimos a toda prisa en busca del gerontólogo, estilista para que nos tiña las canas, o cirujano plástico que nos rellene las arrugas con Botox  y más aún, visitamos centros comerciales en busca de modelos que  nos rejuvenezcan para vernos como nuestros  hijos o nietos.

Douglas McArthur, dijo a propósito de la vejez lo siguiente:

"Usted es tan joven como su fe, tan viejo como su duda; tan joven como su confianza en sí mismo, tan viejo como sus temores; tan joven como su esperanza, tan viejo como su desesperación”.