Mujer Moderna

Por: Rosa María Campos

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(La buena vida)

Confesiones de una mujer moderna...menor de 40 años…

_Son las 6:00 de la mañana. El  despertador no para de sonar. No tengo fuerzas  para apagarlo, ni tirarlo contra la pared.

Estoy acabada. No quiero ir a trabajar. Quiero quedarme en casa a cocinar, escuchar música, cantar. Si tuviera un perro, lo  llevaría a pasear  por los alrededores.

Sí…sí…quiero hacer algo, pero no  salir de la cama,  menos  arrancar el carro, y poner mi cerebro a funcionar.

Dios mío: ¿quién fue la bruja  que tuvo la idea de reivindicar los derechos de la mujer? ¿Por qué hizo eso con nosotras, las que nacimos después de ella? Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: bordaban, intercambian recetas con sus amigas,  enseñándose mutuamente secretos de condimentos para lograr guisos deliciosos. Preparaban remedios caseros, leían buenos libros de las bibliotecas de sus maridos, decoraban  la casa con cortinas confeccionadas por ellas. Podaban árboles, plantaban flores. Recogían legumbres de sus  huertas y tenían todo el tiempo para educar y mimar  a sus hijos. La vida era un gran curso de artesanos, medicina alternativa y cocina.

Después la situación mejoró: servidumbre, teléfono, telenovelas, el club. Cuántas horas de solaz y esparcimiento trajeron las ayudantes domésticas, las lavadoras, licuadoras, extractores, etc.

Hasta que llegó una feminista que se quitó el corpiño, organizó manifestaciones de protesta y contaminó a otras rebeldes con ideas de liberación: ¡vamos a conquistar nuestra  igualdad, nuestro espacio. ¡Qué igualdad, ni  que espacio, ni qué diablos!

Si ya teníamos la casa entera. Todo el barrio era nuestro, el mundo a nuestros pies. Y además teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse y quedar  bien delante de sus amigos. Si puros amigos, porque las mujeres no trabajábamos y no había en sus oficinas ninguna vieja buenísima, con un cuerpazo de tentación, viuda o separada tratando de vivir y ganarse el pan de cada día.

Y ahora que... ¿dónde están los hombres?.... ¡Claro! andan tras esas buenotas de su oficina. La competencia está muy canalla.

Nuestra igualdad, nuestro espacio, solo logró confusiones. Ahora ellos no saben  ni que  papel desempeñan en la sociedad, ¡huyen de nosotras como el diablo de la cruz!

Ese espacio, liberación, igualdad de géneros, etc., nos inundó de puros deberes. Y lo peor de todo: acabó lanzándonos dentro del calabozo de la soltería crónica aguda.

Antiguamente los casamientos duraban para siempre.

¿Por qué, díganme por qué, un género que tenía todo lo mejor, que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos?

¿A quién diablos se le ocurrió?

Miren el tamaño de los bíceps de ellos y miren el tamaño de los nuestros. Estaba muy claro, eso no iba a terminar bien.

No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba, pero eso sí con busto y trasero  prominentes y tan duros como rocas. Lo que exige  medio morir en el gimnasio. Además no aguanto las dietas horripilantes. Ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas, y todavía para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana, desde la frente al escote. Tener el pelo brillante  y planchado. No atrasarme con los tintes y los rayitos. Las canas son peor que la lepra. Elegir con buen gusto y cuidado esmerado  el perfume, la  ropa,  zapatos y  accesorios, para estar presentable en las reuniones  de trabajo.

Y a todo esto hay que sumar los calmantes para controlar  la ansiedad, cuando nos  quedarnos  embotelladas en el tránsito con un teléfono en el oído,  para resolver problemas, uno detrás de otro, que además ni siquiera son nuestros.

Esto y más, sin considerar el pilón: ser asaltadas, morir embestidas por un microbús,  trabajar como esclavas modernas  frente a la computadora,  para terminar con los ojos rojos (por el monitor, claro, porque para llorar de amor no hay tiempo y ¿cual amor si el marido, el novio, el amante nos mandó a la fregada?)

¡Y pensar  que teníamos todo resuelto!!!

Estamos pagando el precio por estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades.

Nos volvimos “súper mujeres”......pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes.

¿No era mejor, mucho mejor,  seguir tejiendo en la silla mecedora? ¡¡¡basta!!!

Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, cartitas con poesías, que me dé serenatas en la ventana.

Si nosotras ya sabíamos que teníamos un cerebro y que lo podíamos usar. ¿Para quééééé había que demostrárselo a ellos?

Ay, Dios mío, son las 6:30 de la mañana y tengo que levantarme... ¡que fría, solitaria y grandísima cama! Ahhh ... quiero otra vez que mi compañerito llegue del trabajo, que se siente en el sofá y me diga:  mi amor, ¿no me traerías un tequila por favor?  o... ¿qué hay de cenar?  

Porque descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera que atragantarme con un sándwich y una coca-cola sola mientras termino el trabajo que me traje a casa para poder pagar las cuentas a tiempo.

Ahhh y si tienes hijos es peor si hablamos de obligaciones, porque entonces a parte de ser flaca y moderna, también tienes que ser madre, amiga, psicóloga, doctora, maestra, llevarlos a la escuela, llevarlos al ballet, al karate, hacer la tarea, los regalitos de los compañeritos….ahh y las tarugadas de trabajos manuales que se les ocurre a las maestras que no tienen nadaaa que hacer, y se les ocurre darte mas trabajo como si tuvieras todo el tiempo del mundo.

Y no hablemos ya de las fiestas infantiles porque esa es otra historia.

¿Y tú a qué hora?.... andas apartando citas en el salón de belleza, que cierra mas tarde, eso si a las 9 de la noche te estas pintando el cabello, depilándote, haciéndote faciales, masajes etc…

Y te vas a hacer despensa a las 9, claro ahí en el súper te encuentras a la mitad de tus amigas que andan en las mismas que tú, llegas a tu casa a las 11 de la noche, todavía a acomodar cosas, dar de cenar, lavar trastes, revisar tareas, arreglar los uniformes,  etc!!!

¿Piensas que estoy ironizando? No, mis queridas colegas, inteligentes, realizadas, liberadas... y abandonadas.

Estoy hablando muy seriamente….. ¡estoy abdicando de mi puesto de mujer moderna!

¿Alguien más se suma? 

(Mensaje remitido. Texto  anónimo).