Basura y Hediondez

Por Rosa María Campos

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Asqueada de la hediondez de los servidores públicos  y  respectivos partidos políticos. Asqueada por   la  fetidez   del crimen organizado  y   los guardianes del orden. Asqueada de la pestilencia  de  los  basureros  esparcidos  por doquier y la basura emocional  tan  excedida en:

Oficinas gubernamentales, partidos políticos, sistemas  religiosos, asociaciones voluntarias o forzadas,  empresas particulares  y  más lugares,   donde  auspicia intrigas, calumnias,   peleas, plagios, robos, sabotajes y más  actitudes perversas dirigidas a satisfacer  los   bolsillos de los egocéntricos y codiciosos que jamás sirven a México, porque ¡no está en su agenda!

De seguir así, ¿a  dónde vamos?

Si además de permitir esas  montañas de  basureros coronados con rascacielos de plásticos que aparecen por todos lados, no drenamos  la basura emocional más contaminante que la otra, seremos testigos fieles del derrumbe de México, hoy  inundado   de malestares y miedos  causantes de fugas  de  capitales  y  la huida  de millonarios, para quienes no fue suficiente el acordonamiento de sus vecindarios:

“Mejor vámonos al  extranjero, antes de enfrenta a que los desheredados,  protegidos   por los narcos, salten los límites de su pobreza”.

El   matrimonio entre  pobres y malandros mantiene tensos, asustados, a millones de  ciudadanos, quienes a cuenta  gotas, han recibido precarios  beneficios de la “ Revolución;  la  nunca  llego a los que mueren de inanición o se drogan   para  evadir  su vida miserable.

Mientras los políticos viven  en  permanente  botín  y sus esposas, las menos exigentes,  compran bolsas  y zapatos de cuatro mil dólares,  los ricachones  se obsequian lujos orientales y viajes a Mónaco, el país más caro  y chiquito del mundo. Navegan  en sus yates para  convivir con la realeza   y salir retratados en  la  revista Hola.

Pero,  tanto  políticos como  “millonetas” siempre se quejan de estrés. Se enojan mucho y  no leen. Se quedan dormidos viendo los últimos  noticieros de la tele, a veces  con un vaso de wiski en la mano y la coca en el buró. Son hipocondriacos, paranoicos; esclavos, al fin, de su riqueza.

Esta “envidiable” posición de  los privilegiados agrava día con día  las diferencias entre los que tienen y los que no tienen, creándose un clima  frio e indiferente por un lado   y por el otro: volcánico, violento.

De seguir así, ¿adónde vamos?

Si no aprendemos a trabajar juntos y  compartir los bienes, podríamos llegar a una guerra fratricida. Tiempo al tiempo.

Algo tenemos que hacer:

 Conectar con la Divinidad. Disminuir nuestro consumo. Dar  de comer al hambriento,  atender a los ancianos,  estudiar a José Mujica, el Presidente más pobre del mundo  quién decía: No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad".

En fin,  hay que unirse para  ayudar a que México salga de  tan peligroso y doloroso  trance.    

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