A comer cebollas

Por: Rosa María  Campos

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La buena vida

Si le dicen con cara de fuchi que su aliento huele a cebolla, mándelos a volar;  esta es señal  de que usted es una persona saludable. Le cuento por qué.

La cebolla es diurética, previene la osteoporosis, el reumatismo; estimula el apetito, regulariza las funciones estomacales; ayuda a eliminar alergias y favorece la actividad intelectual, gracias a la presencia de fósforo en su composición. Y  como su pariente cercano el ajo,  posee propiedades que ayudan a la circulación, disminuyendo el riesgo de la formación de coágulos sanguíneos, acumulación de colesterol, e hipertensión.

Anécdota de la cebolla

Tiempo atrás, cuando la gripe exterminó millones de  personas, un médico pueblerino por curiosidad entró a una  humilde cabaña de granjeros. Seguro estaba de que encontraría a sus moradores moribundos, pero no fue así, toda la familia se encontraba  saludable.

Desconcertado preguntó: ¿a qué se debe el milagro? La abuela respondió: “Solo coloqué  cebollas sin pelar en  los cuartos de mis hijos y nietos.”

El médico no le creyó a la anciana y amablemente le pidió le trajera una cebolla para analizarla bajo su microscopio.

La abuela no solo trajo una,  sino dos. El  médico las envolvió con cuidado para marcharse directo al laboratorio, donde descubrió  el virus de la gripe  en las cebollas, lo que evitó a los granjeros contagiarse.

En nuestro país  y  otros de Latinoamérica, todavía los campesinos colocan platos con cebollas para ahuyentar a las enfermedades. En especial, las colocan en  la cabecera del enfermo, el cuál  empezará a sanar a medida que  las cebollas ennegrecen.