El Paciente o la Persona

Por: Rosa Chávez Cárdenas

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 El excesivo énfasis puesto en el método científico, el pensamiento analítico y racional ha provocado una serie de actitudes antiecológicas.

La naturaleza de la mente racional es un obstáculo para la comprensión de los ecosistemas. La conciencia ecológica surge cuando se conjugan los conocimientos racionales con la intuición de la naturaleza.

La sabiduría intuitiva es una característica de las culturas tradicionales, en donde la vida se organiza en torno a la conciencia del medio ambiente.

La cultura moderna, al contrario, ha descuidado el cultivo de la sabiduría intuitiva, el sentido común, el origen entre los aspectos biológicos y los culturales de la naturaleza humana.

La evolución biológica de la especie humana se detuvo hace unos 50 mil años, a partir de entonces la evolución no fue genética sino cultural y social; el cuerpo y el cerebro humano siguieron con la misma estructura.

Con los avances de la civilización vemos una disparidad entre el desarrollo intelectual y la sabiduría intuitiva, la espiritualidad y la ética. De manera que, el progreso de la civilización ha sido el desarrollo de lo racional y lo intelectual.

La ciencia y la tecnología, la medicina y la farmacología tomaron un lugar preponderante en la salud y dejaron de lado la sabiduría de los ancestros. Todo trae consecuencias, el abuso de fármacos es un peligro para la salud.

En cuanto al poder, predomina el político y económico en manos de una clase dominante, y el narcotráfico se ha vuelto la peor amenaza para la seguridad nacional.

En el mundo de los negocios predomina el comportamiento competitivo-agresivo, queda fuera la cooperación y el bien común.

En cuanto a la salud urge cambiar el enfoque reduccionista, mecanicista y desarrollar una visión holista y ecológica, en donde se atienda al ser humano como parte de un todo: bio, psico, social y hasta espiritual. La comunidad científica tiene que adoptar una estructura más holística y perder el miedo de considerarse poco científicos.

El paradigma en la salud que ha dominado nuestra cultura por lo menos durante los últimos cuatrocientos años necesita un enfoque más humano.

Llamar paciente a la persona ha dejado consecuencias; la distancia médico-paciente, tanta especialización y tecnología ha dejado de ver al ser humano con sus sentimientos y emociones.

El enfoque de “paciente” no ayuda en su recuperación, lo vuelve pasivo, obediente, dependiente; deja al médico la responsabilidad y a la medicina la magia de su curación. Es necesario que la persona se vuelva proactiva y tome conciencia del autocuidado.

El Psicólogo Carl Rogers, considerado el psicoterapeuta más influyente en la historia moderna, en su obra sobre la terapia centrada en el cliente, dejó las bases de la teoría de la personalidad, enseñanzas de mucha utilidad para los que nos dedicamos a las ciencias de la salud. Refiere que es mejor cambiar el concepto del paciente como cliente. El cliente buscará atención de calidad, se mostrará activo, identifica al buen médico o terapeuta. Como cliente tomará conciencia del origen de su enfermedad, se motiva a tener actitudes mentales de optimismo a la vida, en su trabajo y en la relación con el entorno que lo rodea y estará consciente que la práctica de una vida sana conduce al bienestar.

La costumbre se vuelve ley, para la comunidad médica no existe la persona, todos son pacientes, incluso si no los están tratando, ya solo falta que a sus hijos les llamen: “mis pacientes” en lugar de mi familia.

Recordando algunas frases de Rogers al respecto: “cuando miro al mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista”. Finalmente “no es que este enfoque dé poder a la persona, es que nunca se lo quita”.