Austeridad y abundancia

Por: Rosa Chávez Cárdenas

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Las fiestas de fin de año favorecen la ansiedad y la depresión, el trastorno se alimenta por la maquinaria de consumo, las compras compulsivas.

El consumismo distrae de la pobreza interior y los conflictos personales.

La sociedad moderna se atrapa en objetos que alejan de la verdad, pero, que contradicción, los deprimidos, viven en el pasado y los ansiosos viven acelerados queriéndole ganar tiempo al tiempo, pocos viven en el presente.

Si examinamos nuestra vida veremos cuantas tareas sin importancia, llamadas responsabilidades se acumulan para llenar los vacíos y no estar en el aquí y el ahora.

Los padres de familia quieren dedicar tiempo a las cosas importantes de la vida, pero nunca tienen tiempo, al fin de cuentas parece que no tenemos elección ni dominio sobre nuestro tiempo.

Me comentó un amigo, mi padre se dedicó a trabajar, quería darnos una mejor vida de la que él tuvo, y lo logró, viajaba todo el tiempo, fue tanto él estrés acumulado que, a los 50 años le dio un infarto y falleció.

Lo que nos faltó fue su presencia. En la soledad de la noche toman consciencia y se preguntan: “¿qué estoy haciendo con mi vida?” Pero, la preocupación solo permanece hasta la mañana, cuando el reloj marca la hora de correr para seguir con las responsabilidades.

En la actualidad vivimos obsesionados por falsas esperanzas, sueños y ambiciones que prometen felicidad, al no lograrlas, producen frustración. Pero qué paradoja de las religiones judeo-cristianas, en la Biblia está escrito: “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos.

La sentencia quedó escrita cuando se vivía el desapego, no imperaba el consumismo, sin embargo, se transmite en el inconsciente colectivo. De manera inconsciente, al trabajar y lograr abundancia, aplican el castigo personal y el temor de irse al infierno.

No les faltan los problemas familiares y laborales y se apodera el temor de perder sus bienes. La abundancia económica tan perseguida por muchos, no necesariamente trae consigo paz interior, ni la seguridad y confianza en sí mismo.

Recordé al ex Gobernador de Veracruz, Duarte, enfermo de poder, se convirtió en un barril sin fondo, un Ali Babá que guardaba en una cueva el producto de lo robado, como Rico Mac Pato que nadaba en monedas de oro. Karime Macías, la esposa, escribía en su diario, cientos de veces “¡Si merezco abundancia!”.

Otra paradoja nos presenta casi todos los días el presidente López Obrador, habla de austeridad y vemos despilfarro. El NAIM que no se construye, que siempre si, no le importa cuanto se pierda con tal de cumplir su promesa de campaña. El Tren Maya que dice que aprobó el pueblo y unas refinerías que en nada traerán beneficios ni a corto, ni a mediano plazo. Son tantas las contradicciones, que en vez de generar confianza producen incertidumbre y temor a invertir, tal cual, ya lo vivimos las generaciones pasadas con el viejo PRI.

Para no sufrir más ansiedad vamos generando abundancia, esa que aporta paz interior; generosidad, compasión, solidaridad. Esos valores que dan valor al ser humano, permiten acceder a la dimensión de bienestar, felicidad, alegría de vivir y fortaleza a pesar de enfrentarse a circunstancias adversas.

Regalemos abundancia de valores, presencia, nuestra esencia, es sencillo. Simplifiquemos nuestra vida.

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