¿Democracia o dictadura?

Por: Dra. Rosa Chávez Cárdenas

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Frente al desmoronamiento de la sociedad, se enarbolan seres vacíos que ofrecen otro estilo de gobernar.

Nada nuevo bajo el sol, los caudillos se reproducen en un terreno que los nutre; el resentimiento social.

En lugar de avanzar en democracia, retrocedemos. En la mayoría de los países impera el populismo, un amplio movimiento que se apoya en injusticias graves y evidentes, se nutre de la clase media y los pobres agraviados e indignados por la desigualdad.

Ante la necesidad de un cambio de régimen, los ciudadanos se dejan llevar por sus promesas de honestidad, castigo a los corruptos y el combate a la corrupción.

En cuanto toman el poder, se vuelven dioses, todo poderosos: la altivez, la prepotencia, la indiferencia, el narcisismo son su carta de presentación. Se acompañan de sus cómplices en los negocios, sus consejeros, las obras majestuosas que construirán se facilitan con el amparo del poder. La democracia que prometieron en campaña se degenera en dictadura, es característico de los populistas, el doble mensaje que confunde, alterado en las formas de la democracia.

Los populistas se encarnan en partidos de derecha o de izquierda dependiendo del país: Trump, Maduro, Macri, en Argentina, Daniel Ortega en Nicaragua, Bolsonaro, en Brasil y López Obrador, entre otros.

No estamos sorprendidos del electo presidente. Era lo que se esperaba. En el doble mensaje, de pronto parece que sigue en campaña, luego nos sorprende tomando decisiones como si ya estuviera en el poder. Para cumplir su promesa de cancelar la obra del aeropuerto convocó a una consulta sin sustento jurídico ni valor estadístico y era obvio que saldría favorable al objetivo: “el pueblo manda”, sonríe sin reserva. Deja de lado que ni siquiera el uno por ciento de la población acudió a votar. El truco era burdo, dejaron que tomara el poder, antes de entregarle la banda presidencial.

López Obrador convocó a un ejercicio político, pero, no fue un ejercicio democrático, no fue un plebiscito, no fue un referéndum, nada constitucional, resultó un juego, la regla jurídica dice que no se puede ser juez y parte, pero lo dieron por hecho.

El electo presidente arranca su sexenio de manera anticipada, nos muestra el autoritarismo, su estilo cantinflesco: “me canso ganso, les guste o no les guste, váyanse acostumbrando, no estoy de florero y la prensa fifí”.

Los que pensaron que la construcción del nuevo aeropuerto no podría depender de una consulta porque legalmente esta no podría ocurrir y nos sorprendió. No se cansa de repetir que el pueblo manda, no le importa que lo vean acompañado de su equipo de constructores, los mismos que construyeron el segundo piso de la CDMX. Pero que importa indemnizar a los afectados del aeropuerto; que importa que las calificadoras pierdan la confianza en el país; que importa que la obra resulte un elefante blanco, al fin el dinero no es suyo, lo pagaremos los ciudadanos. Que importan unos millones más que se agregan a la deuda externa, al fin que no son de su bolsillo. Unos 100 mil millones perdidos, además también se perderán unos 46 mil empleos directos e indirectos. Nada nos sorprende, conocemos su estilo, tantos años en campaña nos dejó ver que no le gustan las instituciones, sus caprichos los vuelve ley. Nos recuerda a Hugo Chávez: “mándenme al pueblo que yo sabré obedecer”. Sería bueno recordarle al electo presidente que va a gobernar para todos.

Una buena sugerencia es que convoque a otra consulta con todas las reglas de ley. Que pregunte si estamos de acuerdo en que se despilfarre tanto dinero o mejor continúen. Ya aprovechará a sus constructores en sus otros proyectos.

Parafraseando al griego Herodoto, el padre de la historiografía occidental. “El tirano hace las cosas a sabiendas de lo que hace; la masa ni siquiera se da cuenta”.