Monreal: la consulta popular desató quejas del poder económico

Por la participación

ciudadana, se rasgan

las vestiduras

 

Por: Ricardo Monreal Avila

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Una vez más, el poder económico en nuestro país ha alzado la mano para descalificar, mal informar e infundir miedo entre la población, en uno de sus últimos intentos por salvaguardar sus intereses implícitos en el negocio millonario que se escondía tras la eventual realización del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

La consulta llevada a cabo por el equipo del presidente electo en los últimos días del mes de octubre, en la que se preguntó cuál era la opción que la ciudadanía consideraba como más viable, a la luz de los costos ambientales, económicos y sociales, para la continuidad o cancelación del proyecto, arrojó como resultado la cancelación de la construcción de la megaobra llevada a cabo en el antiguo lago de Texcoco, ubicado al oriente de la Ciudad de México.

Como era de esperarse, los principales beneficiarios del proyecto del NAIM se han pronunciado para anunciar el advenimiento del apocalipsis económico en nuestro país, ante las bajas expectativas de inversión que México generaría por la cancelación del meganegocio. En diversos medios se ha hablado del incremento de la inflación, del aumento en las tasas de interés, de la depreciación de nuestra moneda frente al billete verde y de una serie de cambios negativos en los indicadores macroeconómicos, que no dependen únicamente de un solo factor, en este caso, de la conclusión del proyecto aeroportuario de Texcoco.

Asimismo, algunos actores económicos han declarado que la decisión anunciada por el presidente electo de cancelar la construcción del NAIM, con base en los resultados de la consulta ciudadana, pondrá en tela de juicio la prevalencia del Estado de derecho en México. Tales declaraciones están completamente fuera de lugar; no se puede alegar la prevalencia de algo que ni siquiera existe en la actualidad.

El sexenio que está por concluir ha sido emblema de la descomposición del tejido social, de la impunidad, de la ilegalidad, de la corrupción, en suma, de la total ausencia del Estado de derecho; sin embargo, los grandes actores económicos, los que ahora se rasgan las vestiduras por los resultados de la consulta ciudadana, se mantuvieron al margen de lo que acontecía.

El pronunciamiento de Andrés Manuel López Obrador en relación con el acatamiento de los resultados de la consulta, obviamente afecta intereses económicos, y la respuesta de quienes tienen adjudicados los contratos para la realización del NAIM no se ha hecho esperar. El mensaje del presidente electo con tal decisión es claro: se acabaron los privilegios, no se va a gobernar para una minoría, y la última palabra respecto a los proyectos de relevancia nacional la tendrá la voluntad popular; para eso la ciudadanía se volcó en las urnas el pasado primero de julio: hizo patente su deseo de cambiar la manera en que se ejerce el poder público.

La separación del poder político y del poder económico, para el sexenio que comienza el próximo 1 de diciembre, es una realidad, y la consulta ciudadana en torno a la construcción de un nuevo aeropuerto se ubica en el umbral de un nuevo estilo de hacer política. El fallido proyecto del NAIM es tan solo la punta del iceberg de múltiples inconsistencias, corrupción, opacidad e irregularidades. La propia Auditoría Superior de la Federación ha denunciado, desde un principio, la presencia de anomalías por varios cientos de millones de pesos durante la incipiente construcción del mismo.

No hay por qué alarmarse, las inversiones de capital nacional y extranjero seguirán llegando al país, porque México, en adelante, será un lugar aún mejor para invertir. Los ánimos se deben serenar, y dejar de tratar de infundir temor a través de la desinformación.

En México, hasta antes del primero de julio, históricamente se había entendido el ejercicio democrático como un montaje, como un ejercicio de simulación, reduciendo los comicios a una mera acción de legitimación que se socava con el fraude electoral; lo que ha significado la anulación práctica de la participación ciudadana, y una manera muy cómoda para que una minoría mantuviera el poder fáctico, aun fuera de la legalidad.

La consulta ciudadana con respecto al NAIM se vuelve un referente para incentivar la igualdad entre todos los sectores de la sociedad, con el fin de escuchar las voces que a la menor disidencia eran acalladas mediante el uso de la fuerza pública, como durante la represión de que fueron objeto los opositores al proyecto del nuevo aeropuerto en San Salvador Atenco en 2006, evento del cual se denunciaron graves violaciones a derechos humanos.

Muchos se han rasgado las vestiduras, pero son una minoría, frente al grueso de la ciudadanía que optó por echar abajo un proyecto que tenía implicaciones medioambientales catastróficas, que se financiaba en condiciones poco claras, y estaba plagado de irregularidades.

La Cuarta Transformación pasa por la adopción de una actitud incluyente, plural y tolerante, pero no entregará el poder público a unas cuantas manos privadas, tan solo por la capacidad de éste para ejercer presión. La mayoría de las ciudadanas y los ciudadanos de México votó por un cambio verdadero de las relaciones de poder, lo cual ya se está vislumbrando, mediante las acciones emprendidas por el presidente electo y por quienes, desde el Congreso General, trabajamos por un proyecto de nación distinto al neoliberal.

Quizá no tengamos el respaldo de millones de dólares, pero si tenemos el respaldo de millones de mexicanas y mexicanos.