Monreal trata la división real de Poderes

División real entre el Legislativo y

el Ejecutivo en la 4ª. Transformación

 

Por: Ricardo Monreal Avila

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El artículo 49 de nuestra Carta Magna establece de manera muy clara la división de poderes en el seno del Estado mexicano.

La doctrina de la separación de poderes es un aspecto fundamental del liberalismo, que permitió la construcción del Estado nacional en los términos jurídicos que aún están vigentes el día de hoy.

El proceso de edificación del Estado constitucional liberal estuvo muy alejado de las anteriores formas de organización política que precedieron su existencia, pues su definición partió, en principio, de una base teórica influenciada por la Ilustración, tomando como premisa fundamental el ejercicio razonable de la autoridad, al amparo del imperium de lo público; en este sentido, las teorías contractualistas que están en el fondo de la concreción de los modernos estados nacionales apelaron a un deber de obediencia ciudadana para dotar a los primeros de legitimidad.

El principio de soberanía fue muy importante, porque el hombre, como ser individual, cedió voluntariamente su capacidad de uso de la fuerza a la organización social, que es el ente encargado de regular u ordenar las relaciones entre los individuos, haciendo uso de los elementos a su disposición para crear cohesión entre los integrantes de la comunidad política.

El Estado, como cuerpo político, encuentra sus principales principios de justificación en el ejercicio racional del poder público y en la protección o seguridad de los integrantes de la comunidad, a través del monopolio de la violencia. Resultado de ese ejercicio racional del poder es el esquema de la división del Estado en tres grandes ramas; de manera que el Legislativo es la voluntad popular encarnada; el Ejecutivo, el encargado de ejecutarla, y el Judicial, el encargado de protegerla.

El papel del Congreso mexicano fue convulso durante el siglo XIX, y dados los procesos históricos de concentración del poder sufridos durante el porfiriato y la Revolución, el Congreso quedó subsumido fácticamente al titular del Ejecutivo federal.

Incluso antes del porfiriato, el Poder Legislativo sesionó durante un periodo de tiempo considerable en salones asignados dentro de Palacio Nacional, sede oficial y simbólica de quien ocupa el cargo de Jefe del Estado mexicano.

Por cuestiones de índole política, y debido al empoderamiento unipersonal del presidente de la República, entre otras razones, se consignó en la Constitución de 1857 la desaparición del Senado, reduciendo el Poder Legislativo a la práctica unicameral hasta 1874, año en que se dio el restablecimiento de la Cámara Alta.

La reorganización jurídico-política del Estado mexicano, al término de la Revolución de 1910 y al amparo de la