TLCAN y la necesaria diversificación comercial

Por: Ricardo Monreal Avila

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Durante muchos años hemos escuchado repetidamente en discursos oficiales que México es uno de los países con mayor apertura comercial en el mundo, ya que ha suscrito 14 Tratados de Libre Comercio. Sin embargo, la relación comercial que inició nuestro país con Estados Unidos de América desde 1994 es, en muchos sentidos, una relación de dependencia.

Actualmente, la administración federal saliente se ha apresurado para lograr un acuerdo comercial impulsado por el presidente estadounidense, quien argumentó desigualdades que habían provocado un déficit comercial en su país, así como la pérdida de empleos, por lo que conminó al Estado mexicano y al canadiense a iniciar la renegociación del Tratado de Libre Comercio.

Durante meses existió una gran tensión diplomática, que en su momento derivó en una guerra arancelaria. Frente a esto, y gracias al empuje del equipo de transición de nuestro presidente electo, se llegó a un acuerdo de carácter bilateral al que podría sumarse Canadá, cuyos representantes se ausentaron de las mesas de negociación durante aproximadamente cinco semanas, en razón de las pugnas que surgieron debido a la protección de sectores productivos, como el de los lácteos, por parte de Canadá, o el automotriz, por EUA.

Sin duda, la participación de integrantes del grupo de negociación designado por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador fue muy importante; la intervención de Jesús Seade –quien está al frente de ese grupo— fue determinante para poder destrabar la complicación que se vivió en torno a algunas demandas hechas por el equipo del presidente Trump.

Ejemplo de esto es la Cláusula del Ocaso o Cláusula Sunset, para que el acuerdo se revisara cada quinquenio y que, a conveniencia, fuera posible darle muerte súbita a la relación comercial. Al respecto, el equipo negociador mexicano logró que el acuerdo sea revisado cada seis años, con la opción de que luego de la revisión pueda extenderse dieciséis años más, sin el peligro de que el socio del norte dé por terminada la relación de manera imprevista.

En el ámbito financiero, el Peso ganó un poco de terreno cuando se dio el anuncio de lo logrado en la renegociación del TLCAN, y se cotizó en 18.75 pesos por cada billete verde; sin embargo, la incertidumbre ha vuelto a golpear, debido a que no se sabe cuál será la respuesta de Canadá en torno a lo acordado entre México y EUA. Vale la pena recordar que el Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, ha declarado que sólo aceptarán un nuevo acuerdo si éste es benéfico para su país.

Así, se encuentra en juego la relación comercial trilateral, que durante tantos años se encumbró en la diplomacia de los gobiernos mexicanos recientes, pero que fue sepultada inmediatamente ante la premura que ha generado la firma del acuerdo por parte de la administración en turno.

La presión del Primer Mandatario estadounidense fue esencial para que la negociación se condujera bajo los parámetros impuestos por la política proteccionista que prometió impulsar desde su arribo a la Casa Blanca. Y su estrategia surtió el efecto esperado, ya que México se sentó a negociar un TLC bilateral que podría significarle la posibilidad de tener algo y no quedarse sin nada.

Recuérdese que en el aún vigente TLC se contempla la llamada Cláusula Mulroney, que se refiere al mecanismo a considerar para el caso de que se presenten disputas entre los tres países involucrados en el Tratado, misma que, para el actual Acuerdo, los representantes mexicanos aceptaron omitir. Asimismo, en lo concerniente a la industria automotriz se admitió incrementar el porcentaje de cumplimiento en las reglas de origen que deben incluir los vehículos fabricados en nuestro país, es decir, EUA logró suscribir el aumento de la regla de origen del 62.5 % al 75 %.

La firma de un pacto comercial de tal envergadura, en el contexto de la transición política que se está viviendo en nuestro país, dará certidumbre a los mercados y permitirá la inversión, tanto nacional como extranjera, en diferentes rubros; no obstante, ya sea acuerdo bilateral o renovación del TLCAN, esto únicamente representa estabilidad económica temporal para nuestro país, es decir, no podemos volver a cometer el error de anclar el futuro económico y financiero nacional a un solo acuerdo de integración económica.

Así, es determinante reconocer que para atender las dinámicas globalizadoras del mercado que persisten en nuestra época, es insoslayable la necesidad de diversificación de las relaciones comerciales, pero a la vez, realizar un análisis introspectivo para reactivar y fortalecer nuestro mercado interno, de tal manera que esto nos permita identificar y generar nuevas áreas de oportunidad productivas y de mercado que propicien el desarrollo de la economía mexicana.

Debemos retomar nuestra vocación latinoamericana, como estrategia fundamental de política exterior, pues en los últimos veinticinco años nos desligamos de las tendencias de crecimiento de los países sudamericanos, cuando éstos podrían ser un factor para el fortalecimiento de nuestra economía, así como para atender temas tan sensibles como la migración, o incluso de estrategia, como la seguridad regional.

Al recordar la importancia de nuestra posición geopolítica tendremos en cuenta que, en temas de cooperación para la seguridad, somos piezas clave para EUA, variable que no se ha reflejado en mayores beneficios para México, y que se debería considerar para futuras negociaciones.

Replantear la diversificación económica de México implica entender la nueva tipología mundial y no perder de vista su correlación de fuerzas. Bajo tal contexto, debemos aprovechar y optimizar los distintos Tratados de Libre Comercio que ya existen, para que de manera paralela se generen oportunidades que detonen la diversificación y el desarrollo económico nacional.