Ni Venezuela ni Rusia…

Por: Ricardo Monreal Ávila

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Twitter: @RicardoMonrealA

Ninguno de estos movimientos plantea la ruptura con el sistema en el cual se mueven. Buscan la “transformación”, “renovación” o “regeneración” del mismo, desde posturas de centro-izquierda o centro-liberales.

En los tiempos que corren, cuando pareciera estar de moda la “travesura” mediática de denunciar presuntas vinculaciones y nexos de MORENA y Andrés Manuel López Obrador con complots injerencistas internacionales (específicamente, la tríada diabólica Putin-Maduro-Castro o Rusia-Venezuela-Cuba), nadie ha señalado las similitudes y coincidencias con otros movimientos que sí les son cercanos en objetivos, causas y dinámicas políticas.

Así, por ejemplo, Podemos, de España; En Marcha, de Francia, y MORENA, de México, tienen más semejanzas entre sí —a pesar de que no existen vínculos orgánicos entre ellos— que con cualquier gobierno o partido en el poder proclive a la intromisión extranjera.

Las tres fuerzas coinciden en autodefinirse como “movimientos” antes que como partidos políticos. Buscan el poder público, pero no bajo la figura tradicional del partido decimonónico (de masas, con burocracias verticales y estructuras corporativas). Por ejemplo, tienen prohibida la afiliación masiva y piden el refrendo personal e individual de sus afiliadas y afiliados.

Por otra parte, sin ser globalifóbicos, los tres movimientos se originaron del malestar que la globalización indiscriminada o “mundialización salvaje” ha provocado en España, Francia y México, especialmente la desigualdad social, la oligarquización de la economía y la corrupción política. En la Madre Patria, el término acuñado por Podemos para referirse a este proceso de elitización de la economía y la política es “la casta”; en cambio, en la Francia de Emmanuel Macron son “los conservadores”, mientras que en el México de Andrés Manuel López Obrador se reconoce a “la mafia del poder” (ad hoc con la situación de inseguridad y violencia que atraviesa nuestro país desde hace ya una década).

Por haber nacido fuera de los moldes y roles tradicionales del sistema político de sus respectivos países (por ejemplo, estas tres fuerzas políticas rechazan privilegios y canonjías económicas del establishment), se les denomina movimientos antisistema o partidos antisistema. Sin embargo, ninguno de ellos se plantea la ruptura con el sistema en el que se mueven, en cambio, buscan la “transformación”, “renovación” o “regeneración” del mismo, todos desde posturas de centro-izquierda o centro-liberales.

De igual manera, los tres movimientos han logrado, en poco tiempo, capitalizar el descontento antisistema que prevalece. Podemos nació en 2014, y tres años después estaba disputando cabeza a cabeza la presidencia de España, con una robusta bancada legislativa que logró convertirse en el fiel de la balanza parlamentaria.

A su vez, el movimiento francés En Marcha (cuyas iniciales corresponden con las  su líder Emmanuel Macron) nació el 6 de abril de 2016, y trece meses más tarde su líder ganaba la elección presidencial, con un discurso deliberadamente crítico y proponiendo la “renovación de la vida política”, mediante la cual presumía su carrera y formación, al margen de la política y la vida parlamentaria “confortables”.

En México, MORENA nació como asociación civil en el año 2012, y obtuvo su registro como partido político el 9 de julio de 2014. Después de levantar 16 millones 400 mil votos en las elecciones locales de 2015, 2016 y 2017, en la actualidad se encuentra a 5 millones de votos de romper la barrera de los presidenciables inalcanzables, el umbral de los 21 millones de votos (el 36 % de las y los votantes esperados el próximo 1 de julio).

Respecto a la presencia mediática de estos movimientos, Podemos proyectó a una serie de personalidades como imagen pública de su proyecto. Por su parte, el lanzamiento del movimiento En marcha tuvo una importante cobertura mediática, en tanto que en MORENA Andrés Manuel López Obrador es hoy por hoy el precandidato a la presidencia que recibe mayor cobertura en medios, aunque en muchos de ellos ésta no es positiva.

Asimismo, ideológicamente, En Marcha no se asume ni de derecha ni de izquierda.  Lo mismo que Podemos, tampoco se autodefine ni de izquierdas ni de derechas. En MORENA, al respecto, defienden que no hay postura única, sino principios democráticos en torno a un objetivo común.

Por su parte, Podemos se define como un método: la democracia y, por lo tanto, promueve la participación democrática directa de todas las personas y en todos los ámbitos de decisión política, así como en la ejecución de las políticas públicas.

En Marcha, a su vez, concibe su movimiento como “un camino que, día tras día, mueve las líneas, rompe la dicotomía partidista ahora obsoleta y llama a los hombres y mujeres de buena voluntad que juntos construyen la sociedad del mañana. En Marcha es el resultado de una reflexión colectiva que coloca a la ciudadanía en el corazón de la vida política.”

MORENA considera que sólo la ciudadanía organizada y participando decididamente en la política nacional puede construir una sociedad democrática,  determinar lo público y hacer contrapeso a los abusos del poder.

Igualmente, los tres movimientos son hijos de la ciberpolítica. Nacen, crecen y se reproducen en las redes sociales. Sus plataformas de lanzamiento son Facebook, Twitter e Instagram y, sólo de manera complementaria, la televisión, la radio y la prensa escrita. Incluso los tres se dan el lujo de desafiar a éstos o de prescindir de sus audiencias. Sus movimientos y líderes rompen marcas de consultas en Google y Wikipedia, desde donde impactan a ese nuevo electorado integrado por las millones de personas jóvenes, millennials, que en nuestros días están modificando las formas tradicionales del mercado y del Estado a nivel mundial.

Es así como, para entender lo que viene en la próxima elección presidencial, tenemos que mirar hacia España y Francia, no a Venezuela, no a Rusia.