Estado fallido y violencia

Por: Ricardo Monreal Avila

El día de ayer se anunció que el titular de la Secretaría de Gobernación presentaba su renuncia al cargo para ahora desempeñar “una nueva responsabilidad política”.

A principios de enero de 2013, al haber entrado en vigor las modificaciones a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal propuestas por el titular del Ejecutivo federal y mediante las cuales desaparecía la Secretaría de Seguridad Pública federal, se otorgaron las atribuciones en esa materia a la Secretaría de Gobernación, entre ellas:

XII. Formular y ejecutar las poli?ticas, programas y acciones tendientes a garantizar la seguridad pu?blica de la Nacio?n y de sus habitantes; proponer al Ejecutivo Federal la poli?tica criminal y las medidas que garanticen la congruencia de e?sta entre las dependencias de la Administracio?n Pu?blica Federal; coadyuvar a la prevencio?n del delito; ejercer el mando sobre la fuerza pu?blica para proteger a la poblacio?n ante todo tipo de amenazas y riesgos, con plena sujecio?n a los derechos humanos y libertades fundamentales; salvaguardar la integridad y los derechos de las personas; asi? como preservar las libertades, el orden y la paz pu?blicos;

  1. Organizar, dirigir y supervisar bajo su adscripción a la Policía Federal, garantizar el desempeño honesto de su personal y aplicar su régimen disciplinario, con el objeto de salvaguardar la integridad y el patrimonio de las personas y prevenir la comisión de delitos del orden federal;

XVIII. Auxiliar a las autoridades federales, estatales, municipales y del Distrito Federal competentes, que soliciten apoyo en el marco del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en la protección de la integridad física de las personas y la preservación de sus bienes; reforzar, cuando así lo soliciten, la tarea policial y de seguridad de los municipios y localidades rurales y urbanas que lo requieran, intervenir ante situaciones de peligro cuando se vean amenazados por aquellas que impliquen violencia o riesgo inminente; promover la celebración de convenios entre las autoridades federales, y de éstas, con las estatales, municipales y del Distrito Federal competentes, en aras de lograr la efectiva coordinación y funcionamiento del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el combate a la delincuencia; así como establecer acuerdos de colaboración con instituciones similares, en los términos de los tratados internacionales, conforme a la legislación;

  1. Proponer al Consejo Nacional de Seguridad Pública el desarrollo de políticas orientadas a prevenir el delito y reconstituir el tejido social de las comunidades afectadas por fenómenos de delincuencia recurrente o generalizada, y aplicarlas en coordinación con las autoridades competentes federales, estatales y municipales; fomentar la participación ciudadana en la formulación de planes y programas de prevención en materia de delitos federales y, por conducto del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los delitos del fuero común; promover y facilitar la participación social para el desarrollo de actividades de vigilancia sobre el ejercicio de sus atribuciones en materia de seguridad pública; y atender de manera expedita las denuncias y quejas ciudadanas con relación al ejercicio de estas atribuciones;

XXI. Participar en la atencio?n integral a vi?ctimas y coadyuvar en la celebracio?n de acuerdos de colaboracio?n con otras instituciones del sector pu?blico y privado para el mejor cumplimiento de esta atribucio?n;

A la luz de estas atribuciones, no queda la menor duda de que el modelo de seguridad federal implementado por la actual administración ha fracasado. Y así lo demuestra la grave crisis que en éste y muchos otros aspectos atraviesa el país en la actualidad, con niveles de violencia no vistos durante los últimos 20 años, y con una tendencia que no disminuye: ya durante el primer fin de semana del presente año han muerto por causa de esta violencia más de 80 personas.

El temor que siente la población ante esta escalada de violencia e inseguridad es generalizado, pues nadie tiene garantías de que su integridad física o patrimonial, incluso su propia vida, están a buen resguardo.

Estamos matándonos en las calles: cada tres horas ocurre un feminicidio, y cada 10 horas, un homicidio doloso. Tenemos el deshonroso primer lugar de asesinatos a periodistas en Latinoamérica, y el tercero a nivel mundial. Y sí, la violencia la ejerce la delincuencia en contra de la población, pero también la población, cansada de ser víctima, cuando le es posible actúa en contra de los criminales: hemos visto el creciente número de linchamientos o intentos de linchamiento que se han dado en contra de presuntos delincuentes, así como la acción de “justicieros” protegidos por el anonimato que le preservan las personas a las cuales defendieron.

Pero también el gobierno está actuando de manera violenta en contra de la sociedad, y los ejemplos de represión, ejecuciones extrajudiciales y violaciones a los derechos humanos, sobran. Además, se ha legalizado la militarización del país y el uso de la fuerza pública en contra de la población civil, mediante la Ley de Seguridad Interior, de reciente aprobación por el Congreso, pero por iniciativa del Ejecutivo federal que, por si fuera poco, acaba de anunciar la compra a Estados Unidos de América de armamento militar por un valor de casi 100 millones de dólares.

Hemos llegado al punto en el que prevalece la ley del más fuerte, porque el Estado le ha fallado a las personas y esto está obstaculizando la buena convivencia, la prosperidad y la paz. Vivimos ya en el estado de naturaleza previsto por Thomas Hobbes, fundador de la filosofía política moderna: un estado de todos contra todos en el cual nos hemos vuelto autodestructivos, y la crueldad es conducta cotidiana. Y esto es consecuencia de un Estado que ha fracasado.

El destacado físico Stephen Hawking ha vaticinado que, de continuar por la senda actual, la humanidad está marchando hacia su extinción, la cual podría ocurrir en los próximos 100 años. Parece que en México “sólo el sobrepaso es paso; lo demás es mondinga”[1]: llevamos mucha prisa para actuar en contra de nosotros mismos.

 

[1] Refrán ranchero que en forma exclamativa indica cuál es el verdadero paso de un caballo. Mondinga, es la caballería que avanza a pasitos cortos y rápidos moviendo mucho los cuartos traseros al andar. (Fuente: Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano, Academia Mexicana de la Lengua academia.org.mx)