El futuro de la CDMX: ¿Nepal o Fukushima?

Por: Ricardo Monreal Ávila

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Twitter: @ricardomonreala

Para la reconstrucción de la ciudad después de un sismo, la CDMX tiene dos ejemplos recientes: Nepal o Fukushima

La primera sufrió un terremoto devastador en abril de 2015. Sólo se ha reconstruido una tercera parte, mientras que su principal ingreso económico, el turismo ha caído, y campamentos de damnificados y albergues siguen en la vía pública.

Hubo un despoblamiento importante, mientras que el hacinamiento en los mismos lugares de riesgo se reproduce en las zonas rescatadas, reeditando (no corrigiendo) la vulnerabilidad frente a un próximo evento telúrico.

En Fukushima, un triple desastre en 2011 amenazó la existencia de esta ciudad al noreste de Japón: terremoto, tsunami  y accidente nuclear. Se evacuaron 160 mil personas. El plan de reconstrucción se proyectó a 10 años, con presupuestos multianuales, con nuevas normas de construcción sismo resistentes, que le ha permitido al 75% de los damnificados tener un nuevo lugar de residencia y al 95% de la población que perdió su empleo, recuperarlo rápidamente tanto en el campo, la industria y el turismo. Hoy Fukushima está de pie y es más resistente que hace seis años.

Allí están dos espejos para vernos en el futuro inmediato.

El sismo de Nepal fue previsto una semana antes por científicos y sismólogos, tal como en México se está advirtiendo desde ahora que se espera un sismo de 8 o más grados en cualquier momento, cuyo epicentro se ubicaría en la costa de Guerrero, en un punto entre Zihuatanejo y Acapulco, donde hace más de 60 años que no tiembla, por lo que se estaría acumulando gran energía.

Veamos cómo fue que los científicos advirtieron lo de Nepal.

El devastador terremoto en Nepal fue un desastre que los expertos sabían que ocurriría. Hace apenas una semana, unos 50 sismólogos e investigadores sociales de todo el mundo llegaron a Katmandú, la capital de Nepal, a fin de dilucidar cómo preparar a esta ciudad pobre, congestionada, excesivamente urbanizada y con construcciones de mala calidad para que hiciera frente a un gran sismo como el que la arrasó en 1934.

Los expertos sabían que estaban en una carrera contra el tiempo, pero desconocían que sus temores se materializarían tan pronto.

“Era una especie de pesadilla que iba a ocurrir”, dijo el sismólogo James Jackson, jefe del Departamento de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. “Lo ocurrido física y geológicamente fue exactamente lo que habíamos pensado que sucedería”.

Sin embargo, Jackson no creyó que el temblor de gran escala del sábado sucedería tan pronto. El terremoto de magnitud 7,8 dejó cuando menos 1.400 muertos y amplia destrucción en muchas partes.

“Cuando recorrí a pie la misma zona a la que había afectado aquel sismo pensé de inmediato que habría problemas”, dijo Jackson, científico en jefe de Terremotos Sin Fronteras, un grupo que intenta reforzar la capacidad de Asia para recuperarse de este tipo de desastres y que efectuó la reunión.

Desde hace mucho tiempo se temía que ocurriera un sismo en Katmandú, no sólo porque la ciudad se encuentra en una falla sísmica natural, sino porque sus secuelas serían más graves debido a factores humanos locales.

Un movimiento telúrico de la misma magnitud puede tener consecuencias más serias en diversas partes del mundo por el tipo de edificios y la cantidad de habitantes, aspectos que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés) ha calculado con anticipación.

Así pues, una sacudida de igual potencia puede causar entre 10 y 30 muertos por millón de personas en California, pero 1.000 o quizá más en Nepal, y hasta 10.000 en algunas zonas de Pakistán, India, Irán y China, dijo el sismólogo David Wald, del USGS.

Aunque el gatillo de un desastre sea natural —un terremoto— “las consecuencias son en gran medida creadas por el hombre”, informó Jackson. Salvo por los aludes en laderas y cuestas, que en este caso representan un problema grave, “son los edificios los que causan los muertos, no los sismos”, afirmó (www.cubadebate.cu, 26 de abril 2015).

El desafío que enfrenta ahora la CDMX después del sismo es evitar una caída económica y despoblamiento de sus zonas afectadas, especialmente el centro histórico.

El sismo de 1985 cortó un impulso de crecimiento demográfico y económico que mantuvo a la ciudad de México como capital política del país, pero ya no como el eje central de la economía y del desarrollo.

En 1960, la ciudad tenía 4.9 millones de habitantes; en 1970, 6.9 millones; en 1980, 8.8 millones; mientras que en 1990, cinco años después del sismo, el censo arrojó 8.2 millones, es decir, un decremento de 600 mil habitantes. Será hasta el año 2010, tres décadas después, que la ciudad vuelve a reportar 8.8 millones de habitantes.

En el inter censal de 2015, dos años antes de los sismos del pasado septiembre, la ciudad ya rondaba los 9 millones de habitantes. Sin el sismo de hace tres décadas, esta población se hubiese alcanzado en 1985.

La caída de la población trajo consigo una recaída económica. La ciudad de México dejó de ser el sostén dominante del PIB nacional. Nuevas regiones empujaron la economía del país y generaron los empleos mejor pagados. Básicamente el corredor industrial del Bajío (centrado en la industria automotriz y actualmente en el sector aeroespacial) y la frontera norte que encontró en la industria maquiladora y en el TLC un resorte importante.

En términos políticos el sismo también pasó su factura. En 1988 el PRI perdió su hegemonía política y vio amenazada la Presidencia en las figuras opositoras del Frente Democrática Nacional y de Cuauhtémoc Cárdenas.

El PRI tuvo una breve recuperación en 1991, durante el gobierno de Manuel Camacho en la ciudad, pero sufre un retroceso significativo en la primera elección ciudadana del Jefe de Gobierno en 1997. Desde entonces la ciudad tiene el perfil político que hoy la caracteriza: anti priista y pro izquierda.

¿De qué depende que la ciudadanía siga refrendando su voto a favor de gobiernos de izquierda? De la forma como se procese la reconstrucción económica, social y urbana de la ciudad.

Una reconstrucción tardía, burocrática, sin un reordenamiento urbano resiliente y sin participación ciudadana, le puede costar caro a la izquierda el próximo año.