Populismo Energético nos desgració

Por: Ricardo Monreal Ávila

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Twitter: @ricardomonreala

 

Quienes creen que el populismo es una práctica de algunos gobiernos de izquierda, tienen que observar lo que hemos vivido en México con la reforma energética.

Cuando la izquierda mexicana en su conjunto nos opusimos a la apertura y privatización de PEMEX y CFE, advertimos que lejos de bajar, los precios de la luz y la gasolina subirían.

La razón es muy sencilla. Ninguna empresa privada arriesga una inversión sin una posibilidad de ganancia.

 

En lugar de privatizar a las empresas públicas, un sector amplio de izquierda proponía el fortalecimiento y modernización de las mismas, sin que el Estado perdiera su rectoría en el sector. De inmediato se dijo que eso era populismo trasnochado, que en muy pocos países el sector energético era predominantemente público y que la salvación de PEMEX y CFE era abrir el sector al capital privado, nacional y extranjero.

Sin embargo, los promotores de la reforma energética acudieron a la más populista y demagógica promesa que jamás se había escuchado en la historia energética del país: que la privatización y apertura del sector era con el fin de que la luz y las gasolinas bajara de precio.

Tal como lo advirtió en su momento la mayor parte de los ciudadanos que se opuso a la reforma energética, el precio de la luz y las gasolinas lejos de disminuir iban a subir al consumidor final.

Todavía circulan en YouTube lo promocionales de la reforma energética que ofrecían casi el paraíso: luz y gasolinas baratas.

En las cámaras legislativas, se argumentaba también que la reforma fortalecería a PEMEX y a CFE, se aumentaría la producción de gasolinas para satisfacer la demanda interna y se fortalecerían la seguridad y la soberanía energéticas.   

Para demostrar que la reforma energética sí funcionaba, al iniciar el presente este año se anunció una reducción de 41 centavos en el precio de la gasolina magna, de 40 centavos en la Premium y de 43 centavos en el diesel, por litro, algo que nunca se había visto en la historia del país.

La verdad es que venía un proceso electoral estratégico, como la renovación de 12 gubernaturas, y había que acreditar que las reformas empezaban a rendir frutos.

Sin embargo, lunes  1 de Agosto la realidad terminó imponiéndose a la demagogia y entraron en vigor nuevos aumentos a los energéticos que no se veían desde hace 18 años: La gasolina Magna, la más consumida en el país, subió 58 centavos por litro, mientras que la Premium aumentó 44 centavos y el Diesel 21 centavos.

De esta forma, lo que se redujo en Enero a los consumidores se les cobró ahora en Agosto y hasta “copeteado”.

En efecto, los incrementos acumulados de los combustibles este año duplican ya la reducción de precio aplicada en Enero: la Magna es 80 centavos más cara que al término del año pasado, mientras que la Premium es 83 centavos más alta.    

Así actúa precisamente el populismo económico que tanto se denuncia y cuestiona hoy en día. Lo que en Enero se redujo artificialmente, en Agosto el populismo lo vuelve a subir y hasta con un porcentaje mayor al de inicio de año. Esta es la esencia del gasolinazo.      

Otra de los argumentos de la reforma energética que se viene abajo es el del supuesto fortalecimiento de Pemex y la CFE.

Se supone que con la apertura y entrada de nuevos actores privados, tendríamos incrementos en la producción de hidrocarburos para satisfacer la demanda nacional.

Pues bien, a dos años de la reforma energética, Pemex romperá record de importación en gasolinas durante el mes de Aosto. Este mes, de los 815 mil barriles diarios de gasolina que se consumen diariamente en el país, 66 de cada 100 provendrán del exterior, aumentando nuestra dependencia energética y presionando la balanza comercial del país.

Antes de la reforma, México importaba 40 de cada 100 litros de gasolinas. Hoy, con la reforma energética, importamos dos terceras partes del consumo nacional.

¿Qué significa esto? que la reforma energética no está garantizando ninguno de los objetivos centrales que justificaron su aprobación por el PRI y el PAN: ni gasolinas baratas, ni autosuficiencia de hidrocarburos ni mayor soberanía energética.

Hoy exportamos petróleo barato e importamos gasolinas caras.

A este paso, también dejaremos de ser potencia exportadora de petróleo para convertirnos en país importador de gasolinas.  

Si tuviéramos tres o cuatro nuevas refinerías estaríamos satisfaciendo buena parte de la demanda nacional y seríamos menos dependientes y vulnerables frente al exterior.

Pero esto no parece importar a los responsables de la política energética, que han encontrado en la privatización de Pemex y la CFE un buen negocio particular, para unos cuantos, y no un proyecto alternativo para desarrollar de manera soberana e independiente al país.