Puntuales los heroicos “Topos” 32 años después

Por: René MARTINEZ DAVILA.

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VICTORIA, TAMPS.- Como si las manecillas del reloj se hubieran detenido solo un momento por aquel terrible terremoto el día 19 de septiembre de 1985 para seguir moviendo los engranes del tiempo y avanzar exactamente 32 años, para repetirnos la tragedia en la que nos n con escenarios muy similares pero las consecuencias, al parecer,  son más graves. Como se sabe, las estadísticas, ya no hablan solo de víctimas, sino que se habla de ciudades y poblaciones enteras gravemente damnificadas.

Y hoy, igual que ayer, vuelven a aparecer de entre los escombros, las figuras señeras y valientes, heroicas,  sería mejor decir, de “LOS TOPOS”, de esas gentes anónimas, de nuestro pueblo, que sim importarles arriesgar su vida, se metieron entre los escombros de los derrumbados edificios para salvar a quienes habían quedado atrapados en ellos y rescatar los cuerpos de los que desafortunadamente fallecieron.

Esto que te relato, amable lector, no pretende nada más que ser el recuento del tránsito por esta actividad de un reportero que le tocó vivir en aquel aciago maremágnum de acontecimientos de septiembre de 1985 y está dirigido a los jóvenes que advienen entusiasmados a participar en ésta labor que ha sido la pasión de mi vida y que amo y respeto profundamente y que el peso del tiempo no ha mermado. Son solo recuerdos que, tal vez les interesen.

“LOS TOPOS”, son personajes que surgieron en el caos, entre “los ayes” de dolor y el llanto de miles de madres,  hijos y hermanos que surgieron de los barrios y de las colonias más deprimidas de la Capital de la República. Eran jóvenes principalmente, ansiosos de prestar su ayuda ante el tremendo desastre y  a quienes, hay que decirlo,  se les sumaron de inmediato muchos más -mujeres y hombres- entre ellos también jóvenes pertenecientes a la clase adinerada del país.

Los diálogos entre ellos eran increíbles por la identidad y la proximidad que alcanzaron. Por un lado, la decisión de salvar  a los atrapados y por el otro, el reconocimiento a su valentía y la entrega de apoyos y alimentos que hacían, las jovencitas, sobre todo, de comida caliente entregada en platos con servilletas y las recomendaciones para que su heroica labor se coronara con la salvación de las víctimas que ninguno conocía: “Que Dios te acompañe y regreses bien, cuídate”.

Sin embargo en esas terribles circunstancias, en el Parque Delta del Seguro, en donde centenares de cadáveres estaban extendidos en todo el campo, ante un grupo de reporteros se acercó una anciana diciendo: “señores ayúdenme, tengo que juntar 500 pesos que me pide el agente del Ministerio Público para que me entregue el cuerpo de mi hijo porque si no se lo van a llevar a la fosa común”.

Los reporteros le reclamamos su corrupta acción y por la fuerza lo remitimos a la 8va. Delegación, en donde envalentonado dijo, “los que van para adentro son ustedes”.

Los policías a quienes les dio la orden, no se movieron y una respuesta a su medida fue una buena zarabanda reporteril. Al poco rato se presentó el Supervisor de área y procedió con la consignación y encausamiento del sujeto de marras que inicialmente fue cesado y consignado ante un Juez Penal que lo sentenció a varios años de prisión.

LAS FOSAS COMUNES.

Los panteones del Distrito Federal en donde fueron abiertas con maquinaria pesada, enormes zanjas de unos 8 metros de ancho por 200 largo y a una profundidad 5 a 6 metros, llegaban pesados camiones de volteo llenos de cuerpos humanos de mujeres hombres y niños que eran vaciados como si fueran desperdicios.

A cada capa de esos restos, otros camiones de volteo, los cubrían con cientos de toneladas de cal. El vaciado de cadáveres seguía y después de otra capa de cal viva, seguía otra de tierra, hasta llenar la “fosa común”, como llamaron  las autoridades a esa salvaje inhumación en la que quedaron decenas de miles de cuerpos humanos.

Las estadísticas de la época se detuvo al llegar, cuando menos en ese panteón a los 30 mil seres humanos, en tanto, cuando menos en el referido parque de beisbol donde se observaba, la entrada y salida de los camiones de volteo, repletos de cuerpos humanos que jamás fueron identificados. Eso fue lo causó la angustia de aquella madre que imploraba la entrega de su hijo.

Eso pasó y más en México, Distrito Federal, hace 32 años. Seguramente las estadísticas de ahora, crecerán exponencialmente, pero ojalá estemos equivocados. Sin embargo, un puñado de periodistas de Tamaulipas, nos podrán dar luz de lo que está sucediendo en la ahora CDMX y tal vez otros de otros Estados del país, podrán hacer lo propio a sus lectores.

En aquellos trágicos  tiempos, reporteando para un medio informativo capitalino frente a los derruidos edificios del Centro Urbano Benito Juárez de la Colonia Roma, en un pequeño acotamiento de uno de los jardines, me topé con la madre de mis hijos, que preparaba alimentos para dos  de ellos y al preguntarle del por qué estaba allí, me respondió: “es la comida para ellos, andan allá adentro, también SON TOPOS”,

El fotógrafo que me acompañaba, quiso tomar algunas placas pero le pedí que no lo hiciera, porque eso era decisión de ellos.

Han pasado 32 años, uno de ellos ya no está con nosotros; el otro, rebasa los 53 años de edad y al preguntar sobre la salud de la demás familia, me informaron “Oscar, “ES TOPO, OTRA VEZ”.

La angustia se apoderó de mí en medio de una espera que se me hacía interminable, fueron horas muy largas, tal vez, las más largas de mi vida.

Finalmente, este día 19 de Septiembre me habló. Era muy temprano, se oía optimista, alegre,  tranquilo, pues.

Pausadamente le fui diciendo muchas cosas y finalmente le expresé mi preocupación por el peligro que representaba su valiente decisión, después de 32 años que por vez primera, vivió en carne propia, que cualquier instante, podría ser el último para él y que ahora, nuevamente estaba corriendo el riesgo de perder la vida.

Obtuve su promesa de dejar “LOS TOPOS” a las pocas horas de haber iniciado esa segunda etapa. Con ella llega, para quienes lo amamos, la tranquilidad y nuevos ánimos para llegar, también a un final generoso y respetable.

(P.D.)  “Los Topos” son orgullo de México a nivel internacional.