Cigarras y luciérnagas

Por: Octavio Raziel

La vida como es…

 Al comenzar a pardear la tarde en mi pueblo morelense -todavía con sol- el canto de las cigarras aturde; con sus ripios me flagelan los tímpanos. 115 decibeles se esparcen por doquier (al oído humano a partir de los 120 es doloroso el sonido) El anuncio de la lluvia inminente se dio en un estallido de sonidos.

Cada año, apenas se huele el aroma a lluvia, ellas son las primeras en aparecer. La mayoría son temporaleras (anuales) y su único huevo que producen permanece un año a 30 centímetros aproximadamente bajo tierra. También las hay que tardan en salir entre ¡13 y hasta 17 años!

Cuánto se ha dicho, cuánto se ha cantado a las cigarras. “La cigarra no es un bicho” fue una película que vi a principios de la década de los 60 y que causó estupor a la Vela Perpetua; varios huéspedes del motel con ese nombre quedaron en cuarentena después de que se detectó que un marinero había llegado con la peste bubónica, tema luego refriteado por cineastas de toda ralea. Recuerdo la letra de la canción dirigida al marino que dice: “Ya no me cantes cigarra, que cese tu sonsonete, que tu canto aquí en el alma, como un puñal se me mete, sabiendo que cuando cantas pregonando vas tu muerte”

Las cigarras, chicharras, coyuyos, tococos, cocoras o cicadas viven unas cuantas semanas; si es que antes los depredados no se las manducan.

Al terminar la lluvia de la tarde noche, vino la segunda parte del milagro tropical –que es donde vivo- con la aparición de cientos de luciérnagas, lampíridos, bichos de luz, cucuyos o gusanos de luz, como quieran llamarles.

Como la cigarra, tengo alma de juglar, y así como habemos seres humanos con capacidad de bioluminiscencia (emitir luz positiva ¡qué modesto!) También hay personajes con esa luminosidad (negativa) que desde lejos se distinguen y la gente comenta: “ese que viene hasta allá es un pendejo”.

Mientras observo esta negrura tropical pienso en la suerte de tener una luciérnaga que me ayuda a atravesar la noche. Es como la luz de un cirio nocturno que nos precede y va derramando lágrimas por un amor imposible.

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