Miedos

Por: Octavio Raziel

La vida como es….

Mi vida ha dado una vuelta más alrededor del Sol. Una vez más, por la mañana, di gracias a quien me ha permitido ver la luz del día. Invoco a Mnemósine, la diosa griega de la memoria, la madre de todas las musas. Ella me dice que yo fui gestado en julio de 1941. De acuerdo al zodiaco modificado, correspondió al signo de Géminis; en el calendario astral chino, a la Serpiente, (encantador, experto en la comunicación; altos valores morales y sabio) Nueve meses exactos después, el 08 de abril de 1942, a las 20.20 horas, vería el mundo.

Debo reconocer que mi vida ha sido un milagro. Abandoné el alcohol y el cigarrillo en 1975; sin embargo, mi glotonería y el frenesí sexual continuaron sin mengua. Me resisto a todo lo que contenga azúcar (nunca me ha gustado) pero me encanta el chocolate natural con un poco de dulce (Mayorazgo) y no tomo refrescos, pero sí seis tazas de café al día. A la carne vacuna no le hago el feo, aunque la como con moderación. Camino una hora dentro de la alberca ahora que ha terminado el invierno.

Mientras amigos y amigas vivían inmersos por décadas en cuidar su salud, a mí no me preocupó. A la vera del camino fueron quedando aquellas personas atrapadas en la locura de la salud. Hacían ejercicio, corrían unos diez kilómetros al día o se montaban en máquinas con las que hacían hasta tru-trú. Primero muertos que pecar contra la dieta vegana o la vegetariana, decían. ¡Concedido! Así, muchos compañeros de este viaje tan maravilloso que es la vida no continuaron.

¿Que al llegar a esta edad no tengo miedo? Cuatro aneurismas inoperables (burbujitas, les digo) son la Espada de Damocles que deberían atemorizarme. Pero no, el miedo ha sido parte de mi vida, mi alimento para continuar. Alpinismo, carreras de autos, espeleología y ríos subterráneos, paracaidismo, marino, corresponsal y algunas otras vidas vividas con pasión. Vivir mi vida, ha sido vivir la vida.

El mundo es uno de esos lugares a los que tuve que acostumbrarme. Desde mis primeros días, la familia y amigos de mis padres me dieron el baño de humanidad correspondiente.

En mi duermevela recreo algunas de mis experiencias, de mis miedos.

El miedo fue como el viento que impulsó mi velamen.

El miedo ha sido mi combustible, mi viento, el que me gritaba: ¡tú puedes! ¡No importa el tamaño del reto, cúmplelo! ¡Que nada te distraiga de tus objetivos! Me alertó y me alerta hasta este momento. Sin ese viento, sin ese miedo, no hubiera llegado a puertos seguros.

En mis lecturas veía alguna relación con una fecha inalcanzable, o casi.

Después de las lecturas juveniles, especialmente las de Julio Verde, vinieron otras, como la que presentaba un mundo apocalíptico: “Cuando el destino nos alcance”, de Harry Harrison y que hoy estamos a un tris de alcanzarlo. Seguí con la novela distópica Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, y luego con las obras de Isaak Y. Ozimov. La obra “1984” de George Orwell, me impresionó con su Big Brother, que estaba seguro que iba a existir; aunque me engañaba pensando en que faltaba mucho para ello.

Superé 1984, fecha que, en su momento, se me hacía inalcanzable. En 1968 leí la novela “2001, odisea del espacio”, que vi luego en el cine, así como “Encuentros cercanos del tercer tipo”. Me parecía difícil que el ser humano lograra despegarse del suelo, de la gravedad, de la maldición de Newton.

Mi capacidad de asombro llegó al máximum cuando la Tierra traspuso la vuelta número 2,000; llegó el Siglo 21 con su primera década y vamos que volamos a terminar la segunda. Una mañana amaneceré con la noticia de que el hombre ha puesto pie en suelo marciano, y un robot deambula feliz en alguno de los satélites con posibilidad de vida en nuestro sistema solar; bichitos, pero al fin y al cabo vida.

Celebraré este 8 de abril un año más de vida, esperando grabar en mi mente muchas cosas nuevas; como lo fue el sonido del bip bip del primer satélite ruso, el Sputnik, en 1957. Era yo entonces un aprendiz de formación en machote (así se decía) en el periódico “Ovaciones”. Ahí me enteré que las estrellas estaban más cerca de lo que yo había imaginado.