La casa

Por: Octavio Raziel

La vida como es….

Después de escribir en el periódico “El Nacional” un sinnúmero de notas y reportajes a raíz del terremoto de 1985, me tomé un par de días de descanso para comprar algunos artículos necesarios en la casa.

Sobre el toldo de mi automóvil amarré una casa –el modelo más grande- para mi perro pastor alemán que ya era adulto.

Una patrulla de tránsito me paró y se inició el siguiente diálogo:

(Palabras más, palabras menos)

-Buenas jovenazo.

- ¿Dónde me vio el gorro de taquero este güey? pensé.

-Me permite sus documentos.

- ¿Por qué?

- ¿Tiene permiso de carga? Para traer esa casa sobre el toldo se requiere un permiso especial.

-Umm… oficial. Mire, soy un damnificado. La Asamblea de Barrios está entregando casas a quienes la perdieron con el terremoto. Fui y sólo alcancé la que ve sobre mi automóvil.

-Bueno…por mamón puede seguir su camino. Que tenga buena noche.

-Buena noche.

El pastor alemán estrenó ese mismo día una casa de fibra de vidrio que no era para damnificados.

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