Tiene la Iglesia en el olvido al primer obispo mexicano, Juan de Zumárraga

Clarifica circunstancias  el teólogo e historiador Herrera Alcalá

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Por Norma L. Vázquez Alanís

A fray Juan de Zumárraga le tocó dar los primeros pasos para la “secularización de las doctrinas”, consistente más que nada en darle autoridad al obispo para imponer sacerdotes en su diócesis, porque a los diocesanos quien los manda es el obispo, no el superior de su orden, y sin sacerdotes aquél sólo podría dedicarse a rezar el rosario y decir misa pontifical. Nada más.

Así lo planteó el teólogo José Gerardo Herrera Alcalá al dictar la conferencia ‘Fray Juan de Zumárraga: el padre de la evangelización en México. Presencia y olvidos de una figura’ dentro del ciclo ‘La reconciliación con nuestra historia’, convocado por el Centro de Estudios de Historia de México Carso (CEHM) de la Fundación Carlos Slim.

Al hacer un recorrido por la vida y obra del primer obispo de México, Herrera Alcalá explicó que, como afirma el dicho, “entre los frailes anda el diablo”, pues todas las órdenes buscaban privilegios y argumentaban tener las bulas y las patentes del pontífice, lo que dio lugar a una guerra de baja intensidad entre ellas. Era tal el enojo, que escritos iban y venían a Roma, donde el papa Paulo III daba la orden de ‘provéase lo necesario’, es decir, tener contentos a todos.

Aciertos y errores de Zumárraga

El obispo Zumárraga consideró indispensable traer burros y papel a Nueva España para ayudar a los naturales; “con los animales para que no carguen y con el papel para que tengan doctrina”. De ahí que fuera uno de los grandes impulsores de la imprenta novohispana; tenía la idea de que la manera de llevar el mensaje cristiano no era con azotes, sino a través del medio impreso y de las acciones concretas.

El CEHM tiene una colección monumental de impresos novohispanos, sobre todo de la primera época, indicó Herrera Alcalá, dueño de una de las bibliotecas y archivo más importantes de la época virreina y quien invitó a los presentes a  que se acerquen a esos impresos, pues tener en las manos un documento del siglo XVI representa, independientemente del concepto religioso que conlleva, la transmisión del humanismo de esa centuria y del Renacimiento que se implementa en  las culturas indígenas y que surge con una identidad propia.

Uno de los logros del fraile franciscano Zumárraga, fue su apego a la educación, que lo llevó a ser uno de los fervientes defensores del Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco y del Colegio de San Juan de Letrán, que dieron los pasos iniciales para la fundación de primera Universidad. De igual manera concibió el establecimiento de centros culturales -que hoy llamaríamos también colegios- como los que había en Texcoco, Huejotzingo, Cholula, Otumba, Coyoacán y otros lugares, detalló el teólogo y asesor de historia en la diócesis de san Cristóbal las Casas, Chiapas.

El siglo XVI fue muy convulso en las ideas y en las formas, así como en las rupturas religiosas porque los pueblos indígenas tenían su cultura al respecto; no hay que olvidar que no se partía de cero, era un pueblo muy apegado a sus creencias, por lo que, desde sus ideas católicas y siendo protector de los naturales, pero también vigilante de la doctrina, le correspondía cuidar ‘la recta doctrina cristiana’ en estos pueblos. Así se podrá entender que Zumárraga, ante la realidad de ser el custodio de la fe, como inquisidor se enfrentaría a uno de los oscuros actos que podrían llamarse lamentables: el de haber mandado quemar a Don Carlos, Señor de Texcoco, indio principal que fue educado por los frailes franciscanos y tenía lazos de protección con Hernán Cortés.

Este Señor de Texcoco sabía leer y escribir, además de que hablaba su lengua, el castellano y el latín, la lengua del Renacimiento, relató el también sacerdote católico Herrera Alcalá. Pero lo acusaron de quemar inciensos a ciertos ídolos y practicar algunas ceremonias paganas, que él realizaba como parte de su bagaje cultural e histórico, por lo cual se le siguió un largo proceso que tuvo a su cargo Zumárraga, quien lo mandó quemar.

Esta situación le trajo un gran sinsabor al obispo, continuó el conferenciante, porque las órdenes religiosas que eran enemigas suyas lo acusaron, no nada más con el rey, sino hasta con el papa, de rapaz e inclemente, que azotaba y quemaba a los indígenas; estos hechos le pesaron toda su vida, pero hay que entenderlos en su justo valor, “le tocaron esas circunstancias y tal vez la respuesta no fue la adecuada, pero en el fondo tenía una buena intención y con eso hay que quedarnos”, agregó.

El acontecimiento guadalupano

Al obispo Zumárraga le tocó atender las peticiones de autentificación de la aparición de la Virgen de Guadalupe, por eso en sus retratos siempre está acompañado de esa imagen. Este suceso provocó luego una polémica entre los investigadores, porque quienes estaban en contra argumentaban que debió haber dejado su testimonio por escrito, y los que estaban a favor opinaban que un hecho de esta envergadura no necesitaba escribirlo el obispo, porque además si Zumárraga quemaba a los herejes y practicantes de cultos paganos, cómo iba a avalar algo que estuviera en contra de los principios religiosos.

Este debate deja en claro que, a pesar de las controversias, el acontecimiento guadalupano trasciende el tiempo porque pasan las generaciones y siguen las discusiones. “Si siendo Zumárraga el obispo, teniendo el poder y la autoridad, no lo prohibió, quiere decir que lo avaló. No necesariamente dejó un documento, pero lo heredó como parte del proceso de evangelización”, sostuvo el teólogo.

Y es que la Virgen de Guadalupe, independientemente si se es católico o no, “representa mucho para nuestra identidad como nación y como mexicanos”, agregó.

Promotor de la educación, especialmente de la mujer

El gran impulsor de la educación de la mujer novohispana desde la mirada europea fue precisamente Zumárraga, quien pretendía que hubiese una formación en la fe cristiana y también a través de manualidades, por lo cual el teólogo Herrera Alcalá recomendó investigar sobre la riqueza del siglo XVI en defensa del sector femenino.

Y Zumárraga también impulsó la conformación de un monasterio de mujeres, de monjas concepcionistas en la Nueva España, porque pensaba que en los conventos se transmitía educación, ya que eran centros para la enseñanza de cocina, bordados, y hasta albañilería. Precisamente el CEHM ha editado libros que hablan de la forma de guisar durante la Colonia, pues esa amalgama cultural gastronómica se inició en los conventos, donde nacieron los dulces -el obispo era muy goloso-, los moles, los estofados, los chiles en nogada, los buñuelos y ponches, aseguró el investigador de historiografía conventual novohispana.

Así, los conventos que se encargaron de promover la educación femenina, pues siendo Zumárraga un hombre del Renacimiento, no tenía la idea de la mujer teniendo hijos y haciendo labores de limpieza; no, para él la mujer era parte de una identidad y este tema ha sido poco explotado por los investigadores. Este fraile franciscano instauró la vida monacal en todo lo que sería América; las congregaciones fueron el origen de un principio: educar y evangelizar.

Zumárraga en el olvido

Por varios siglos, la figura de fray Juan de Zumárraga, obispo y arzobispo de México, pasó de entre los recuerdos en los libros y las prácticas memoriales de antaño, hasta y hoy en día cuando está casi el olvido, sin que la Iglesia ni las instituciones culturales hagan algo por rescatar su figura y ejercicio.

Evidentemente que la obra cumbre de la investigación sobre Zumárraga es la biografía en tres volúmenes de Joaquín García Icazbalceta, pero no hay más; sólo investigadores estadunidenses como Nicolás Shellman, John Perry y otros más, escribieron acerca de Zumárraga, pero en su contra, como consecuencia de su formación luterana o protestante, pues tocan los puntos de la destrucción de las culturas y la eliminación de los indígenas.

Lamentó el conferenciante que “en México en este arzobispado y los anteriores, haya habido una gran carencia del rescate de Zumárraga”, lo que es una pena porque en los seminarios se ha borrado su figura y los nuevos sacerdotes no saben lo más mínimo sobre él.

“Se empieza a morir cuando se empieza a olvidar -continuó el sacerdote Herrera Alcalá- y creo que entrar en contacto con la historia nos da la oportunidad de poder comprender con mirada más indulgente a este personaje que hizo lo mejor como hombre de Dios y de la Iglesia; en su calidad de humanista actuó de acuerdo con el dictado de su conciencia”.

Zumárraga murió en Nueva España, fue sepultado en la catedral, y su cripta está abierta al público, concluyó el historiador, e invitó a los asistentes a visitarla.