La Malinche, fundadora del mestizaje mexicano

Según la doctora Margo Glantz, aunque fue casi una diosa para los indígenas, ayudó mucho a Cortés de quien fue concubina

Por Norma L. Vázquez Alanís

(1ª. de 2 partes)

La Malinche “fue una mujer que a lo largo de la Conquista se convirtió en un personaje primordial”, dijo la doctora en Letras Hispánicas por la Universidad de la Sorbona de París, Francia, Margo Glantz, y agregó que, “si vemos las fuentes indígenas, los códices, ella aparece siempre con el glifo de la palabra, que sólo las grandes figuras podían tener”.

Al participar en el ciclo de conferencias ‘La reconciliación con nuestra historia’ organizado por el Centro de Estudios de Historia de México Carso (CEHM), la doctora Glantz sostuvo que en el lienzo de Tlaxcala, la Malinche aparece constantemente y en numerosas ocasiones como mucho más importante que Cortés, a tal grado que, para los indígenas, a la larga ella se transformó en una especie de diosa.

Al abordar el tema ‘La Malinche: entre dos culturas’, Glantz llevó a cabo un conversatorio con el doctor Manuel Ramos Medina, director del CEHM, sobre este personaje que es clave en la historia nacional por varias razones, entre ellas ser la fundadora del mestizaje mexicano.

Bernal Díaz del Castillo fue el cronista que se dedicó, quizá con mayor entusiasmo y constancia, a hablar de la Malinche; él cuenta como fue entregada en un botín de guerra a Cortés en Tabasco con un grupo de 19 mujeres más, varias gallinas, guajolotes, telas bordadas, un poco de oro, etcétera, y que inmediatamente el conquistador la regaló -después de que la bautizaron como Marina, porque de otra manera no podían tener relación con ella- a Alonso Hernández Portocarrero.

Después de que Hernández Portocarrero no aparecía porque fue encarcelado en Santo Domingo cuando llevaba a España unas cartas de Cortés, éste hizo de la Malinche su concubina, pero no sólo eso, la tomó fundamentalmente como su intérprete, el papel primordial que tuvo la Malinche en la Conquista: el de ‘lengua que interpretaba’, apuntó Glantz, quien es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua.

Francisco López de Gómara, cronista español que no estuvo en México, pero fue muy importante para la historia del país, relata que Cortés en seguida se dio cuenta que podía ser su faraute, que era por un lado el personaje que en el teatro recitaba la loa en las comedias y los auto-sacramentales e introducía a los otros actores; era una especie como de mensajero, como de traductor y de embajador.

A pesar de eso, Cortés habló muy poco de la Malinche, sólo hasta su quinta Carta de Relación señaló que doña Marina fue la mujer que estuvo siempre a su lado; y aunque ella fue muy importante en la Conquista, Cortés a propósito no la mencionó porque no le convenía para lo que él quería.

Al reivindicar su posición como conquistador frente al rey Carlos V, no le era pertinente en absoluto aludir a ciertos datos, como que la Malinche fue preponderante para él; no lo podía hacer porque política y estratégicamente no le beneficiaba, él requería destacar de una manera específica su propio papel como conquistador, lo que es muy evidente en las Cartas de Relación.

Al comentario de Ramos Medina respecto a la existencia de alguna descripción de cómo era físicamente la Malinche, Glantz, quien tiene la especialidad en Historia del Teatro por la UNAM, precisó que en la crónica de la Conquista se habla bastante de las mujeres, pero como un colectivo humano, es decir, las mujeres que son entregadas como botín y se convierten en concubinas de los españoles que no llevaban compañeras, pues Cortés quería poblar con las mujeres de estas tierras y empezar el mestizaje; poblar significa mezclarse con quienes van a conquistar, porque es una forma trascendental de colonización.

De suerte que cuando llega la Malinche, Cortés se da cuenta de que podía entender muy bien los idiomas y no sólo eso, sino que era avispada, bulliciosa y entrometida, e ipso facto la tomó como la intérprete por excelencia; por eso es la única que destaca y se menciona por su nombre en las crónicas de la Conquista.

Díaz del Castillo la menciona mucho en su obra, pero nunca describió cómo era físicamente, aunque la calificó como “hermosa para ser india”. Siempre que se hablaba de un indígena bien parecido, los invasores añadían la frase “para ser indio”.

(Entendió las razones y estratagemas de Cortés)

Ramos Medina preguntó qué tenía de especial la Malinche para que Cortés se fijara en ella, a lo que la doctora Glantz respondió que Bernal constantemente la alaba en sus crónicas, pues le pareció admirable, por ejemplo, que ella nunca mostrara ningún temor ante las amenazas de muerte de los enemigos y estuvo constantemente en posibilidad de que la asesinaran como a los españoles.

La Malinche era una mujer capaz tanto de aprender rapidísimo los idiomas, como de mostrar su habilidad para entender perfectamente los mecanismos mentales de las culturas que ella estaba interpretando, y en poco tiempo se convirtió en una persona que entendía las razones y las estratagemas de Cortés; siempre le ayudó al conquistador, hubo ocasiones en que corría peligro de muerte porque había conspiración en su contra y ella se daba cuenta, le advertía, y Cortés tomaba previsiones para arreglarlo. Cortés era también un hombre muy inteligente, se nota perfectamente en sus Cartas de Relación, agregó la historiadora.

Cortés le dio abundantes prebendas porque fue una pieza fundamental para que pudiera consumar la Conquista, lo cual es completamente reconocido no sólo en las crónicas sino notarialmente, en documentos mucho más fehacientes, pero no se casó con ella porque no le convenía; él era ya un personaje importantísimo que se iba a desposar con una mujer de la alta nobleza y con eso iba a convertirse en marqués del Valle de Oaxaca. Pero seguía con la Malinche como concubina, luego se la llevó, muchos años después cuando ya se había consumado la Conquista, a las Hibueras y Nicaragua en calidad de intérprete, y ahí la casó con el hijo de uno de sus soldados, Juan Jaramillo, de quien tuvo una hija llamada María.

Cortés tuvo muchas mujeres, una princesa de Moctezuma, una mujer con la que se casó en Cuba y luego una española de sangre real, y dejó hijos por todos lados, pero uno de los vástagos que más quiso fue Martín Cortés, el hijo de la Malinche; todavía dos meses antes de morir peleó por él a través de un texto notarial para que le dejaran una encomienda; fue un hijo bastardo de origen, pero lo legitimó y fue aceptado como lo muestran diversos documentos.

(Continúa)