Héroes anónimos aún apoyan a damnificados

Por Martín Mendoza Diosdado

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En “operación hormiga” y sin más ruido que lo que hacen sus carros al entregar en forma directa el apoyo a los damnificados de Septiembre, cientos de particulares, siguen mostrando que los mexicanos nos damos la mano cuando más se necesita.

Así lo pudo constatar Candelero, durante un recorrido por las zonas afectadas del sur de la Ciudad de México, donde había algunas veladoras y flores en las ofrendas a las víctimas del terremoto pasado.

Mientras se saca raja política y se da a conocer el robo de cientos de miles de herramientas que fueron donadas en las zonas cero, los inmuebles, principalmente del perímetro de Taxqueña, están abandonados, sin embargo sus moradores hacen guardias día y noche a fin de evitar que los amigos de lo ajeno hagan de las suyas y se apoderen de lo poco que les quedó.

En albergues improvisados, las mujeres preparan alimentos, lavan ropa y se organizan para salir, cada cual a hacer gestiones para que las autoridades les hagan caso y se decida el futuro de los inmuebles, quienes a decir de los afectados, tendrán que ser demolidos, porque en verdad están bastante averiados.

Algunos hombres salen a trabajar y otros hacen guardia, para administrar lo que constantemente los “héroes anónimos” ó “angeles” les llevan en cajas y bolsas, porque lo que se puede ver, es que a pesar de todo lo que se hable de nuestro país, hay mexicanos que están al 100 en los apoyos.

Así es, no importa quien esté al frente de las encuestas políticas, si la delincuencia hace su agosto en Noviembre o que por el sismo las ventas se vengan a pique, siempre hay almas caritativas que por una u otra razón, se mueven por doquier a fin de llevar un apoyo a quien más lo necesita.

Candelero estuvo entre este grupo de personas y pudo constatar como en cuestión de horas, es posible que decenas de mujeres y hombres que se dedican a la comercialización de frutas y verduras, se desprenden de gran cantidad de mercancía a fin de que esta sea entregada en mano de los que más la necesitan.

El ejercicio, no terminó en la entrega-recepción de lo recaudado, sino que además servimos de correo, para llevar pan a otros puntos, porque una empresa les había mandado mucho y era mejor repartirlo en otro sitio.

Con todo esto, se puede constatar que mientras unos vuelven a la normalidad en sus vidas, otros pasan penurias para alimentarse y dormir en un catre improvisado, sin que a nadie les importe, siempre, en nuestro México querido, hay quien si ve y siente eso, y no solo se queda en la comodidad de su hogar, salen a la calle a rajarse el físico, para que al final, lleven alimento, ropa y demás enseres a esos lugares que fueron afectados por el pasado sismo del 19 de septiembre.