Las mil cabezas del PRD

Por: José García Sánchez

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Postigo

Las tribus perredistas consolidaron su nombre en el XV Congreso Nacional Extraordinario y arremetieron contra ellos mismos.

Como siempre sucede en esos casos la autocrítica está ausente. La expulsaron del partido desde hace tiempo ante la certeza de que eran perfectos.

Ahora, frente la necesidad de renacer, y ante una derrota electoral sin precedente, la guerra interna se volvió pleito callejero.

Lo que sucede es que las tribus defienden su entidad, su raíz, su grupo, pero no defienden su espacio como base social sino más bien como grupo de choque, como entidad de competencia interna hacia los puestos de elección popular. Como si las tribus fueran sectores del PRD, tal y como lo fueron, en su momento la CTM, la CNOP o la CNC dentro del PRI.

Aquí las tribus son, en realidad, tribus. El problema surgió porque en la creación de los nuevos estatutos  se propone eliminar las corrientes internas, es decir las tribus, así como mantener el nombre, logo, principios y su línea política de izquierda; así como crear una dirección nacional extraordinaria conformada por cinco personas, quienes serán la máxima autoridad.

Todo surgió cuando el líder nacional, Ángel Ávila Romero, advirtió que serán liquidadas las corrientes internas del partido, convocó a la unidad y pidió respetar las decisiones emanadas de la reunión.

Unidad es lo que nunca ha tenido. Ese partido se creó con parches y pegotes, donde cada quien defendía a su tribu como eso como tribu dentro de una misma reservación, y unirse sólo en las votaciones internas y cuando deban acabar con el enemigo externo, así como lo hicieron con los morenistas en lugares como Coyoacán donde hace meses arremetieron contra sus contrincantes con sillazos, pedradas, insultos, golpes, etc.

La violencia es lo que le da identidad a las tribus y de su agresividad y saña dependen sus características y raíces. Ni en la derrota son conscientes de su miseria política, que los llevó al total abandono de sus ex candidatos. Incluso, se dio a conocer la renuncia de Héctor Serrano, representante en el PRD del ex jefe de gobierno, que nunca sirvió de mucho, pero mediáticamente hacen ver al PRD como un partido cada día más delgado, incluso famélico.

Serrano sale, como saldrán muchos de ese partido en las próximas horas, ante al desaparición de su tribu llamada, Vanguardia Progresista que le servía de mucho en lo personal y no le ofrecía servicio alguno al partido. Esta tribu era la que encabezaba Miguel Ángel Mancera, quien busca desesperadamente reflectores desde su curul para llamar la atención, pero ahora su fragilidad es mayor sin este bastión perredistas que se queda acéfalo ante la necesidad de integrarse como partido político a una sola dirección y objetivos.

Es decir, Mancera se queda sin grupo de presión en el PRD y solo encabeza a 4 senadores en su cámara. Y quería ser candidato a la Presidencia de la República, lo más seguro es que le iba a ir peor que a Meade.

Así, el PRD en su caída imparable debilita y se debilita. Es en el mismo proceso de reconstrucción donde puede perder lo poco que le queda.

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