Delincuentes sin delito

Por: José García Sánchez

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Postigo

Acostumbrados como están algunos analistas que ven la realidad del país como si se tratara de un cuento infantil, conformada entre buenos y malos, les resulta difícil ver que detrás de la bondad y la maldad hay toda una historia de intereses y necesidades que por no aparecer en los medios parecían no existir.

Está fresca todavía en la memoria de los mexicanos las condenas verbales que se hicieron contra Néstora Salgado, quien era acusada de secuestrar y torturar a policías en Guerrero. Muchas de esas personas que la satanizaban ni siquiera conocen los lugares donde se desarrollaron las acciones de las que se culpa a la ahora senadora, pero toda mujer tiene la desventaja de serlo a la hora de competir con un hombre y la política no es la excepción; al contrario, es el gremio donde la discriminación se vuelve hábito y no sólo ha dejado de advertirse sino que suele quedar impune.

Si un político defiende acaloradamente una idea, lo denominan valiente; pero si una mujer defiende apasionadamente su idea, la llaman verdulera. Con toda la carga de discriminación que tiene éste vocablo.

Las mujeres en la política no sólo son discriminadas sino agredidas por el simple hecho de llegar más arriba que algunos hombres que pelearon ese mismo puesto. En la actual pugna por la dirigencia del PAN, por ejemplo, no se habla de una sola mujer que pueda dirigir ese partido. Sólo ha dirigido el PAN una mujer y por dos meses.

Es decir, la vida política mexicana debe acostumbrarse a la presencia de las mujeres, a quienes se les juzga con mayor severidad y ligereza que a los hombres, porque no perdonan su presencia en ciertas responsabilidades, cuando en muchos casos saben mejor hacer su trabajo.

Nunca nadie pugnó por la revisión de expedientes de quienes presos en las diferentes cárceles del país, pueden ser considerados presos políticos. Nestora Salgado, quien fue víctima de este atropello y salió con un simple “Usted disculpe”, aborda, como senadora la posibilidad de definir entre los miles de reos que hay en el país, quiénes pueden ser considerados presos políticos.

Aquí viene de nuevo la simplista visión de quienes quieren ver toda realidad entre buenos y malos. Que suelen decir, que “si fuera tan bueno, no estaría en la cárcel”. Sin conocer las circunstancias que lo mantiene en ese lugar, pero sobre todo porque a cualquier poder, del signo que sea, le conviene que su población piense que si no quieren estar en la cárcel no deben meterse n problemas, Y los problemas son defender el empleo, el salario, la libertad de prensa, la tierra, la naturaleza, la dignidad, etc.

La senadora Néstora Salgado García afirmó hay un modelo sistemático de represión y criminalización contra defensores de garantías, a quienes se les acusa de pertenecer a la delincuencia organizada y participar en secuestros, asesinatos, terrorismo y otros delitos.

Salgado visitará todas las cárceles del país y buscará agilizar los expedientes de presos indígenas, quienes por no hablar español no pudieron defenderse. Tenemos mujeres con más de 15 años encerradas, con sentencias hasta de 50 años como el caso de Dominga González Martínez, de Tlanixco, quien se encuentra en el penal de Santiaguito, en el Estado de México, defensora del río de su comunidad.

La complicidad entre el gobierno y los inversionistas que se dedicaron a talar árboles, contaminar aguas, depredar la naturaleza, asesinar animales, alterar las cadenas ecológicas creó delincuentes sin delito, sin más culpa que la de defender lo que es suyo y en muchos casos, todos los mexicanos.