Contrapeso o lucha de clases

Por: José García Sánchez

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Postigo

El hecho de que los empresarios se autodenominen el contrapeso de la aplanadora de Morena en el Poder Legislativo, habla del intento por incorporarse como un partido sin siglas a través de la Coparmex en las decisiones del país.

Pero esto no es ni nuevo ni grave, lo que se percibe es un acercamiento a la definición de lucha de clases que desde la perspectiva de los propios empresarios mexicanos quedó en el pasado. No existe, según ellos. Para la Coparmex no hay clases sociales, sólo buenos y malos, como en las caricaturas infantiles.

Gustavo de Hoyos, presidente nacional de la Confederación Patronal de la República Mexicana, pidió a sus agremiados no abandonar su papel de contrapeso con el nuevo gobierno, tan necesaria, ante la abrumadora victoria de Morena en las pasadas elecciones.

Es decir, el líder que dice a los representados lo que deben hacer, no es un líder sino un tirano. Un sordo, por decir lo menos. No atiende las necesidades de quienes representa sino que se representa a sí mismo para ordenar o, por lo menos sugerir.

El complemento de todo gobierno democrático que es el empresariado se erige en contrapeso de quien debe apoyar y de quien, por consiguiente, tiene que recibir apoyo. El presidente electo tuvo una muy precisa definición con los empresarios, rompió lanzas, buscó no sólo la reconciliación sino la armonía. Quedó claro que no hay enemistad. Hay un proyecto mutuo llamado México.

Pero el miedo a perder privilegio pondera el resurgimiento de la sociedad divida en clases sociales. Lo peor es que esto no lo ventilaron los líderes sindicales sino los empresarios, porque si seguimos hurgando en sus declaraciones encontramos que Gustavo de Hoyos añadió que desde la Coparmex seguirán defendiendo los temas propios de su sector como los correspondientes a la agenda social, como son educación, desarrollo inclusivo, medio ambiente, entre otros, y ellos estarán "más que puestos" para empujar los temas y ser un contrapeso de la nueva administración.

Si pensamos que cada sector tiene temas propios, no es difícil pensar que hay intereses propios también en ese sector. No hay necesidades comunes, por lo tanto y actuarán en consecuencia.

El presidente de la Coparmex, se erige no sólo en contrapeso sino en oposición al plantear que (Morena) con el apoyo que tiene, puede hacer una gran transformación, pero que las fuerzas políticas minoritarias, la sociedad civil y el sector empresarial tiene que ejercer con responsabilidad su papel.

Esto quiere decir que la Coparmex, se autodenomina contrapeso y se designa oposición, a subrayar que seguirá defendiendo los asuntos empresariales, que son parte de su ADN, pero también señala se cuidará la agenda social y seguirá siendo crítico, sobre todo en los temas en los que no hay coincidencia con el nuevo gobierno.

Y ya investido como oposición entra de lleno a la arena política, como si se tratara de una fracción parlamentaria al señalar que el capital político que consiguió AMLO le servirá para impulsar la segunda etapa de reformas estructurales que no se hicieron en este sexenio tales como la reforma salarial, de salud, de pensiones y la asistencia social, que son propuestas de un sector de la población conservador.

Esto quiere decir que el contrapeso que quiere encabezar el líder de la Coparmex, sin que sus agremiados se lo hayan solicitado, también podrá sugerir, y tener la capacidad de enviar iniciativas de ley al Congreso.

Hay un sector de la población que quiere disfrazarlos intereses de una clase social a través de un contrapeso que los mexicanos no quisieron que hubiera. El líder de Coparmex quiere representar a una parte de la población que voto por otros partidos, chicos o grandes, pero que no ganaron en las urnas, que es, hasta el momento, el único instrumento para medir la voluntad popular.

Si fue aplastante la votación a favor de Morena fue decisión de los que votaron, fue una voluntad popular que quienes están fuera de representación social no pueden quebrantar ni alterar en nombre de un contrapeso por el que nadie votó.