Ahora a discriminar

Por: José García Sánchez

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Postigo

Ante la carencia de factores concretos de crítica contra los integrantes del gabinete del próximo gobierno, los desahuciados políticamente empiezan a crear una serie de bromas sobre la edad de algunos de los integrantes.

Seguir viendo la edad madura, adulta o incluso la vejez como un defecto resulta un problema no sólo de tiempo sino de discriminación. Ya lo habían hecho, gente no precisamente joven, en un spot contra el presidente electo, donde lo colocaban manejando un automóvil de modelo reciente, durante la campaña.

Ahora, la edad es un defecto irreversible para quienes hubieran querido estar en el lugar de quienes atacan con tal ferocidad, actitud que acusa falta de argumentos y destaca el desconocimiento de su destino, incluso de la historia de la Humanidad.

Son muchos los rumores que se corren sobre la supuesta deshonestidad de los integrantes del gabinete del nuevo gobierno. Pocos o muy pocos son comprobados, y algunos se están quedando con las ganas de desacreditar a esos que consideran que ocuparán el lugar que a ellos les corresponde. De otra manera no se explica tanta saña.

La desesperación por no tener argumentos sólidos que puedan desdibujar a los integrantes del próximo gabinete, tiene muchas expresiones, muy pocos de ellas razonadas e inteligentes, lo cual pondera y fortalece el capital político de quienes integrarán un equipo de trabajo en la administración pública federal. De tener argumentos ya estarían encabezando más de un diario y en los medios electrónicos incluso llegarían a interrumpir los programas para dar a conocer esas deshonestidades descubiertas.

Un joven puede tener experiencia y un anciano puede ser un ingenuo y un neófito. Los memes son una válvula de escape que impide la acción, que detiene la participación social y todo intento de acción se reduce a la risa fácil y comentario superficial.

Discriminar, cualquiera que sea la causa, es un problema muy arraigado en las declaraciones políticos. En los debates y durante las campañas la discriminación fue un factor no sólo que debió castigarse sino analizarse. Es producto de una costumbre que permea en toda la sociedad y que terminan por afectar a todos..

Ahora el PRI que nunca desaprovechó oportunidad para autodenominarse moderno, es parte del pasado. Un pasado que muchos mexicanos no queremos que regrese.

La tendencia impuesta desde el exterior de marginar de la fuerza laboral a personas mayores de 35 años, incluso menos, contribuyó de manera determinante para hacer creer que una persona de cincuenta sólo está esperando la muerte y una de 60 vive horas extra, los de 70 son zombis, a pesar de que por otro lado se ufanan de elevar la tasa de mortalidad en México como logro de gobierno, pero son incapaces de darles empleo a esos hombres y mujeres que dicen haber rescatado de la muerte.

Esta condición laboral inhumana nadie la quiso revertir de frente a pesar de que tarde temprano les afectaría a todos. La eterna juventud no existe todavía. Nadie salió a las calles a protestar por esta discriminación, al contrario, la disfrutaron mientras duraba, a pesar de que se sabía marginados del mercado laboral dentro de unos años.

Los profesionales, egresados de universidades públicas y privadas, buscaron una salvación a sus ingresos de manera individual, nunca pensaron en el conjunto, en la comunión de conflictos y la coincidencia de soluciones, desdeñaron la calle como espacio de protesta. Ahora, que los quienes protestaban en las calles están en el poder, a pesar de su edad, son motivo de una actitud discriminatoria que contiene más rencor que razón y raya en el delito. Delito que debe ser castigado.

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