PAN acéfalo

Por: José García Sánchez

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Postigo

Mientras Ricardo Anaya espera que López Obrador lo invite a desayunar, la herencia que dejó como partido se deshace sola. Se desmorona.

La proliferación de grupos es tan grande que pareciera una lucha de individualidades, y cuando hay tantas fracciones a ese agrupamiento no se le puede llamar partido político, que es, por lógica, la suma de miembros de una sociedad organizada, más bien es una comunidad, casi un club, donde privan las trampas entre ellos, la grilla, las zancadillas entre quienes fueron amigos, etc.

Lo cierto es que el PAN no está en sus mejores momentos. Todo lo contrario. Y la negación de sus miembros de una división comprueba su decadencia.

Las deserciones, como la de Francisco Búrquez Valenzuela, quien luego de 20 años de militancia, muestran una ruptura que tiene su origen en el descuido de los panistas clásico al haber dejado en manos de novatos el partido.

La historia de México arroja una lucha permanente entre liberales y conservadores, son otros tiempos, pero debe guardarse no sólo el conocimiento de la historia sino la preservación de la memoria. Su desconocimiento y desinterés podría reducir la política mexicana en una lucha entre izquierda y derecha. Nuestra historia da para mucho más.

Pero el PAN insiste en ser solo la derecha del país y colocar al PRI en la ultraderecha. Se dice que a los hombres y a los partidos deben juzgarse por sus obras y el PRI en la ultraderecha se regodeó hasta el exceso de viajar al tercer lugar en las elecciones.

La inexperiencia de Ricardo Anaya -que no por el hecho de ser joven debe carecer de experiencia- llevó al desastre a un partido que debió tener mejor destino electoral.

Anaya Cortés, fue quien más gastó en este proceso electoral con 366 millones 889 mil pesos. No rebasó el tope de gastos de campaña establecido por la autoridad electoral de 429 millones, pero tampoco traspasó los límites de los municipios panistas en su campaña.

La contradicción mayor surge cuando el candidato ganador fue el que menos gastó en campaña.

Los cuadros del PAN para renovar dirigencia se mueven entre la novatez y el pasado oscuro, como es el caso del ex priísta Rafael Moreno Valle. Los panistas quieren en su presidencia nacional a un militante de su partido químicamente puro.

Ahora inventan una combinación entre lo nuevo y lo viejo al proponer lo que pudiera parecer el fiel de la balanza, Manuel Gómez Morín Martínez del Río, nieto del fundador del PAN, Manuel Gómez Morín, un blanquiazul gris, coloca sus apellidos en la mesa de elecciones para conciliar con el nombre, pero no en la acción.

Manuel Gómez Morín sigue en el PAN por obra y gracia de Ricardo Anaya, al apoyar el nieto del fundador de ese partido a Edgar Olvera, candidato del PRI a la presidencia municipal de Naucalpan, se le colocó a punto de la expulsión, al ver esto el entonces líder nacional del blanquiazul vetó todo castigo. Los apellidos pesaron más que la militancia. Le debe un favor grande a Anaya.

Ahora, el PAN tiene muchos espontáneos en el ruedo del liderazgo nacional, ninguno da el peso mínimo.