El repliegue del PAN

Por: José García Sánchez

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Postigo

Toda derrota electoral obliga a un repliegue, que no siempre quiere decir un regreso al pasado sino una revisión de su historia desde su origen, incluso un análisis del contexto que le dio vida.

La preservación de la impunidad y la ambición de poder, si bien fueron los ejes de una política autodestructiva dentro de su organización, deberán seguir para conservar los equilibrios en su interior.

Lo que implicó en su momento el asalto de los jóvenes a la cúpula del partido ahora deberá ser reducida al anecdotario del partido y no puede adjudicarse a un hecho histórico que marcó la mayor derrota electoral de su historia, a pesar de haber cometido en las urnas en coalición con dos partidos más.

No se entiende la llegada de personajes como Ricardo Anaya sin la anuencia de quienes en su momento son la quintaesencia del partido, es decir, la médula ultraconservadora que tiene su origen del movimiento cristero, en el sinarquismo, en el MURO y recientemente en El Yunque.

Es por ello que la encargada de las elecciones es precisamente un miembro distinguido de esta última organización, centro de la ideología del PAN que es la única sección sólida de la organización. Será contrapeso a las ansias de poder de los jovencitos que experimentaron y llegaron a tener un candidato a la presidencia de la república, poniendo en riesgo la sobrevivencia de un partido que siempre les quedó grande.

Los niños panistas jugaron a hacer política y les resultó un juego sucio e ingenuo. Les quedó grande la cancha.

La organización del PAN, su estructura y su futuro deben blindarse a través de la esencia más rancia, de su ideología más añeja aunque pareciera en algún momento anacrónica; sin embargo, es la única posibilidad de darle congruencia a su pensamiento y cohesión a su militancia.

En estos tiempos lo importante no es si es de derecha o izquierda, lo primordial es darle solidez ideológica y competitividad electoral. Condiciones que exterminaron los últimos imberbes en su cúpula y llenaron de vergüenza la historia de su partido.

Quienes conocen la verdadera dimensión de la derrota electoral ni siquiera tocaron el tema en la reciente Asamblea Nacional, ellos son quienes deben poner orden en el PAN y, sobre todo reconstruirlo. Erradicar el triunfalismo injustificado y desechar el aparente y engañoso control de los jóvenes que sucumbieron electoralmente por sus ideas viejas y sus postura anacrónicas.

Los jóvenes que encabezaron Ricardo Anaya y Damián Zepeda dentro de ese partido mostraron el retraso de la derecha mexicana, de ahí que deban recurrir a sus extremos, a su radicalismo para partir de esa esencia que siempre es fortalece y refresca para salir adelante. Ahí está entonces la gente de El Yunque, y podría ser posible que intenten reactivar al Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, el tristemente famoso MURO, cuyos preceptos todavía tienen en sus genes muchos panistas.

Es decir, deberán regresar a las ideas que conformaron el partido, estudiar la vida política de sus fundadores, conocer el desarrollo de los grandes dirigentes de su organización para reinventarse. Puede que hasta cambien de nombre antes que el PRI.

Cecilia Romero, designada presidenta de la comisión del proceso de elección del PAN, consideró que hay que ‘limpiar la casa’, luego de los resultados que registró el PAN tras las elecciones. Desde la rudeza de la posición que representa Romero Castillo, puede interpretarse que de la manera en que se limpie esa casa dependerá la sobrevivencia del PAN.