Anaya, Toledo y futbol

Por: José García Sánchez

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Postigo

Para quienes disfrutan del futbol el hacinamiento debe ser importante. Indispensable. Ver un partido de futbol en solitario parecería que no tiene trascendencia. Es por ello que para disfrutar de un juego del mundial de futbol deben seleccionarse las amistades tanto como si se  asistiera a una boda.

Ricardo Anaya candidato del PAN a la Presidencia de la República se aprecia en una fotografía donde celebra el triunfo de México sobre Alemania, nada menos que con Mauricio Toledo. Siniestro personaje culpado o sospechoso hasta de asesinato por preservar sus intereses en la delegación Coyoacán es amigo, compadre o conocido de Ricardo Anaya.

Porque Anaya desconoce con quien vive momentos felices.

Vieron juntos un partido de futbol y conociendo el oportunismo que caracteriza a Toledo podemos creer, sin temor a equivocarnos, que platicaron por lo menos en los 15 minutos de regaderas, entre el primer y segundo tiempos del partido.

La situación de Ricardo Anaya es actualmente delicada y si no es amigo, conocido o compadre de Mauricio Toledo debió consultar su trayectoria, por lo menos en internet, donde lo primero que aparece es la sospecha de estar involucrado, como autor intelectual, de dos homicidios, de practicar la violencia de género, de ser jefe de golpeadores en Coyoacán, de establecer vínculos de complicidad en el Mercado de la Bola para construir locales nuevos en áreas comunes en contubernio con líderes de ambulantes, etc.

Su carrera como funcionario publicó inició en 2006, cuando fue diputado local por primera vez, luego fue diputado federal en 2009, jefe delegacional de Coyoacán entre 2012 y 2015, y desde ese año es nuevamente legislador local por el distrito 32. Ahora quiere ser candidato para gobernar de nuevo la demarcación, a través de Manuel Negrete, como lo hace ahora a través de Valentín Maldonado, quien es su títere, porque no hay permiso de construcción que se firme en dicha demarcación sin la aprobación de Mauricio Toledo, quien asegura ser el dueño de Coyoacán, delegación de la que salió con graves acusaciones por corrupción, donde pagó unas lumbreras a un sobreprecio que nunca debió pagarse con un poco de sentido común.

Ese es el amigo de Ricardo Anaya. Además Toledo es paladín de la privatización del agua en la Ciudad de México, al votar por la Ley de Sustentabilidad Hídrica, en noviembre de 2017. También el perredista votó a favor de la iniciativa de la asambleísta Wendy González, del PAN, la cual implica que todos los manantiales, chinampas, canales, cauces, cuerpos de agua y vasos lacustres, que están en manos de pueblos originarios, se pondrían bajo la administración del Sistema de Aguas de la ciudad de México (Sacmex), empresa abierta a la participación de empresas privadas. Incluye, desde luego, el corte del suministro y penalización por falta de pago situación que actualmente no existe.

Su vida en la administración pública está saturada de señalamientos por corrupción, desde la compra de votos hasta la exigencia de cantidades millonarias para permitir la construcción de edificios como sucedió en el inmueble de la calle de Céfiro 120, en la colonia Cuicuilco, donde exigió 1.6 millones de pesos según queja pública de los afectados.

Si Anaya no lo conoce es muestra de su inexperiencia, si lo conoce es muestra de su complicidad. Otro gol contra Anaya.