De candidata a lideresa

Por: José García Sánchez

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Postigo

A ninguno de los candidatos a la Presidencia de la República les conviene que Margarita Zavala tenga reflectores, menos ahora que tiene más seguidores que cuando era candidata, de esta manera los partidos, desde su perspectiva de defender un sistema de partidos que ha mostrado su inoperancia, se dedican a exterminar lo que queda de la tentación de las candidaturas independientes.

Es tiempo de los liderazgos sociales de nuevo.

Prácticamente las candidaturas independientes terminaron. Podría haber algunas para puestos de elección de menor importancia. Aquí lo relevante es sobreexponer a Margarita Zavala para que el hartazgo de su figura la convierta en una figura estéril políticamente y poco riesgosa electoralmente.

Ahora sí Margarita evalúa cada palabra que pronuncia, no vuelve a correr el riesgo de declarar sin anteponer la reflexión, sabe que no puede caer en el juego de ningún partido, su postura no debe asemejarse a ningún postulado en campaña y su figura debe ser tan sólida como original. Sobre todo solitaria para preservarse independiente e impoluta.

No puede voltear a ver de soslayo nada y a nadie. Todo guiño puede ser interpretado en su contra. Cada gesticulación una señal equivocada. Esa condición de presión permanente no la soporta nadie.

Así que deberá mantenerse aparata de todo y de todos para mantener su imagen independiente pero que al sobreexponerla en los medios obligan a su paulatino desvanecimiento.

Las redes sociales colapsaron, luego de que Televisa informara que Margarita Zavala Gómez del Campo renunciaría a la candidatura presidencial.

El pico de actividad en Twitter dio a Margarita, un alcance mayor que el de los candidatos Ricardo Anaya Cortés y el otro “independiente”, de acuerdo con datos de Metrics.

Con la salida de la contienda de Margarita Zavala de la contienda electoral hacia la Presidencia de la República se exterminan las candidaturas independientes hacia el cargo político más importante del país, dando a los partidos una fuerza que no tenían con la llegada de Margarita Zavala y el otro candidato que más que independiente es silvestre y cuyo no vale la pena ni mencionar.

Zavala no resiste la prueba de la fama sin tener una actividad que la sostenga. Margarita quiso tomar vuelo desde la precampaña, parte del panismo decimonónico la apoyaba desde ese partido. Dentro del simplismo de la derecha, los buenos con Margarita, los malos con Ricardo Anaya. Perdieron lo buenos, entonces los panistas que creyeron que serían parte del triunfo electoral, regresaron por la puerta trasera discretamente al PAN sin haber renunciado.

El principal lastre de Margarita fue su esposo que al parecer nunca renunció al Pan, tampoco lo hizo su prima y sólo su cuñada Luis María Calderón prefirió ir por una candidatura independiente a la gubernatura de Michoacán.

Margarita llegaba sola a los debates, su esposo parecía no tener tiempo o el tiempo se le volvió resaca, el caso es que había más desaciertos que logros. Con un equipo de campaña compuesto de familiares y amigos analfabetas en el arte de la mercadotecnia electoral y política y legos en la estrategia retórica, la mandaron a la guerra sin fusil.

Margarita sin el PAN no es nada, lo sabían muchos, probablemente se lo dijeron. Lo cierto es que había más lastres que solidez para impulsar el vuelo que nunca llegó alto. No era la altura de los objetivos su impedimento sino el sobrepeso de su pasado.

Margarita suelta, sin siglas, sin objetivo evidente, es un peligro para los candidatos no para la democracia. A pesar de sí misma.