El voto por la muerte

Por: José García Sánchez

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Postigo

Los candidatos deben tener mucho cuidado a la hora de pronunciar sus discursos, por exaltados o frustrados que se encuentren.

No es posible seguir con una inercia que intentan motivar la acción partidista con un lenguaje violento.

Meade canceló una gira prevista al estado de Hidalgo, por asistir a algo que nombraron eufemísticamente “relanzamiento de campaña”, es decir borrón y cuenta nueva a 56 días de las elecciones.

No hay pasado en la carrera de Meade a la Presidencia de la República, habrá, incluso en el PRI, quienes digan que tampoco hay futuro. El acto trató de ser multitudinario sin lograrlo.

Ahí, en esa segunda oportunidad que le pide a los electores José Antonio Meade exaltado dijo: “El PRI estará del lado correcto de la historia y dispuesto a jugársela a muerte para defender la estabilidad, la transformación y la seguridad del país”.

A Meade sólo le faltó repetir las palabras de Fidel Castro pronunciadas en 1960, hace 58 años, cuando dijo: ¡Patria o muerte!

Como si estas elecciones no estuvieran llenas de sangre el candidato adoptivo de un PRI que perdió la brújula, desconoce que hay quienes han muerto violentamente por el simple hecho de pertenecer a un partido político, no como él que no pertenece a ninguno.

En el momento en el que Meade  intentaba conducir a su rebaño al paroxismo, Liliana García, candidata uno en plantilla de regidores del PRD en el municipio de Ignacio Zaragoza, Chihuahua, era asesinada.

Ese mismo día en Tenango del Aire, Estado de México, se estaba enterrando a Addiel Zermann Miguel, candidato de Morena a esa Presidencia Municipal, asesinado dos días antes.

Estos son los homicidios más recientes de una larga lista de candidatos, situación que desconoce Meade, quien todavía no sabemos en qué país vive, porque hasta el propio Instituto Nacional Electoral, a través de su consejero presidente Lorenzo Córdova, condenó la violencia que se vive en el actual proceso electoral y que ha afectado al menos a 13 candidatos a alguno de los cargos de elección popular.

"La violencia es la antítesis de la contienda democrática y por lo tanto es condenable (...) así que el llamado es a todos, a la sociedad misma, para que repudiemos la violencia que es refractaria de la democracia", dijo Córdova Vianello.

Sin embargo, Meade es monotemático, una vez que dejó de hablar de López Obrador, ahora se dedica a decir que lo pasado, pasado, y que ahora sigue como tema principal de su discurso de campaña con el nuevo líder del PRI, que asegura haber nombrado él, sin ser priísta, y promete que todo va a cambiar y repuntará en las preferencias electorales de los mexicanos.

En el PRI no le creen. Afuera, menos.

Lo cierto es que es hora de que deje de utilizar ese lenguaje que sólo nutre la violencia que impera en estas elecciones y que seguramente desconoce el candidato del PRI. Si va a luchar a muerte por la victoria electoral, que lo haga él solo y que este método no lo transmita porque enrarece el clima adecuado para unos comicios en paz, como debe ser en toda democracia.

Meade, como ningún otro candidato a cualquier puesto de elección popular, no puede azuzar a la violencia a sus seguidores, a la lucha a muerte. Los tiempos de la barbarie ya pasaron, aunque haya quienes quieran revivirlos por convenir así a sus intereses.